Número 25. Mayo-Agosto 2015

Subculturas en la red: identidad y juventud

Subcultures on the network: identity and youth

Gabriel Alconchel

UNED.
Departamento de Sociología.
gaboalconchel[at]hotmail.com

Las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) tienen una influencia creciente en el modo de relacionarnos y en la configuración de la identidad personal. El fenómeno de las redes sociales en Internet emerge con fuerza contribuyendo al desarrollo de nuevos espacios de comunicación que, en ocasiones, rompen con el discurso oficial. Este trabajo analiza el impacto de las TIC en relación a la identidad de los nativos digitales. Se dedica especial atención a cómo la sociedad red condiciona la respuesta de las personas jóvenes ante situaciones de tensión social. Para ello, se ofrece una perspectiva sobre el concepto de interacción a partir del análisis del discurso sobre la anorexia y la bulimia en la red.


Fecha de recepción: 24/3/2015

Fecha de aceptación: 14/5/2015


Palabras clave: Internet; Redes sociales; Cultura; Identidad; Juventud


Para citar este artículo: Alconchel, Gabriel (2015). Subculturas en la red: identidad y juventud. Revista de Humanidades [en línea], n. 25, artículo 6, ISSN 2340-8995. Disponible en http://www.revistadehumanidades.com/articulos/89-subculturas-en-la-red-identidad-y-juventud [Consulta: Martes, 23 de Julio de 2019].


DOI: http://dx.doi.org/10.5944/rdh.25.2015.14258


Abstract: The Information Technology and Communication (ICT) have an increasing influence on the way we relate and in shaping personal identity. The phenomenon of online social networking emerges strongly contribute to the development of new spaces of communication that sometimes break with the official discourse. This paper analyzes the impact of ICT in relation to the identity of the digital natives. Particular attention to how the network society determines the response of young people in situations of social tension is dedicated. To do this, a perspective on the concept of interaction from the analysis of the discourse on anorexia and bulimia in the network provides.


Keywords: Internet; Social networks; Culture; Identity; Youth

Sumario

1. La Sociedad Red. 2. Jóvenes en las cunetas de las autopistas de la información. 3. La identidad líquida de los nativos digitales. 4. Trastornos de la Conducta Alimentaria. 5. El discreto encanto de la tribu Pro Ana y Pro Mía. 6. La comunidad es el discurso. 7. Conclusiones. 8. Referencias bibliográficas.

Artículo

1. La Sociedad Red

Esta investigación no abraza la dimensión exclusivamente técnica del paradigma tecnocientífico, ya que considerar las Tecnologías de la Información como meros mecanismos transmisores o procesadores de informaciones diversas no deja de ser una concepción ingenua y hasta cierto punto peligrosa. Las Ciencias Sociales tienen la obligación de hacer un análisis crítico de cómo impactan estas transformaciones en la construcción de la realidad social. De esta premisa parte este trabajo, que utiliza técnicas cualitativas que hacen posible el estudio directo de perfiles sociales virtuales y grupos, utilizando la observación participante para conocer su comportamiento social y el discurso que se construye en la red sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Millones de personas conversan a la vez en todo el mundo. Lo hacen de manera individual, pero también agrupadas por intereses. Y no siempre de acuerdo a las pautas oficiales de conducta. Las comunidades en las redes sociales no son un elemento abstracto independiente de la realidad social. Pero no cabe duda que la comunicación en las redes sociales fabrica identidades sociales, y nuevos espacios públicos. Thompson (1998) afirma que es posible resolver cuestiones de forma creativa y colaborativa en red. Sin embargo, también hay riesgos. Por eso las cunetas de las autopistas de la información empiezan a estar llenas de damnificados.

En el análisis del acto comunicativo que tiene lugar en las redes sociales, la interactividad ha generado un verdadero campo de batalla sobre las posibilidades del diálogo y el alcance en los nuevos soportes técnicos. En este debate es posible encontrar desde el paradigma infomacional de Castells (1998a), hasta la apología del hombre como sujeto que va perdiendo capacidad de análisis racional, crítica y sobre todo, capacidad de abstracción para aprehender, interpretar y dotar de sentido el mundo que le rodea y a sí mismo (Sartori, 1998).

Lo cierto es que las funciones y procesos dominantes en la era de la información cada vez se organizan más en torno a redes. Y esta nueva morfología social, y la difusión de su lógica, modifica la operación y los resultados de los procesos de producción, la experiencia, el poder y la cultura (Castells, 1998a).

Los avances tecnológicos siempre deslumbran. Pero en esta ocasión no es sólo una revolución tecnológica con implicaciones sociales. Es una revolución tecnosocial, un cambio brusco en las formas en la que las personas se relacionan desde todos los puntos de vista. Los medios sociales no son una moda (Pérez Latre, 2011). Es mucho más. Es un hábito y una transformación que conduce a nuevas reglas de comportamiento. Las tecnologías se han instaurado como referentes fundamentales en el tiempo libre y el ocio, y correlativamente en el espacio del consumo juvenil. Y nos ilustran como ningún avance tecnológico hasta el presente ha cambiado tan profundamente los hábitos y comportamientos humanos. Ninguno ha absorbido tantas horas de vida en un agujero negro cuyos virtuales efectos aún se desconocen. Además, este cambio se acelera en la medida que la cultura digital está transformando los procesos de socialización, y los vectores que empujan en la conformación de la identidad de los individuos.

2. Jóvenes en las cunetas de las autopistas de la información

La enseñanza secundaria es un periodo clave en el que los jóvenes construyen su identidad, tratando de convertirse en “alguien” (Wexler, 1992) y es el momento donde los adolescentes experimentan filiaciones y se abren en Internet. También es el momento de máxima exposición de los jóvenes ante los Trastornos en la Conducta Alimentaria, que, como se ha señalado están relacionados con la construcción de la identidad y la presión de la cultura de masas sobre su cuerpo y su sexualidad. La adolescencia es una etapa de la vida en la que se producen cambios de todo tipo: fisiológicos, emocionales y sociales. Estos cambios pueden influir favorable o desfavorablemente en la conducta alimentaria del adolescente.

Además, debido a la carga de trabajo de los padres y los nuevos estilos de vida, muchos adolescentes están solos en casa y preparan sus propias comidas. Aquí  también se detecta un incremento de la influencia de los compañeros que sustituye a la de los padres. Los hábitos de los adolescentes se caracterizan por: una tendencia a saltarse los horarios de comidas, especialmente el desayuno y, con menos frecuencia, la comida de mediodía; realizar comidas fuera de casa; consumir aperitivos o snacks, y bollería industrial; comer en restaurantes de comida rápida; y seguir gran variedad de dietas sin control. Muchos adolescentes, interesados por una imagen corporal acorde con sus tipos ideales, realizan dietas restrictivas y desequilibradas sin ninguna base nutricional, planificadas por ellos mismos. Estas, aumentan el riesgo de aparición de alteraciones del comportamiento alimenticio, de frustración y de problemas nutricionales dada su escasa ingesta de nutrientes.

Como se ha señalado, para los nativos digitales (Prensky, 2011), la red es el medio privilegiado donde se expresan estas relaciones. La red tiene una dimensión narrativa, donde se fomentan nuevos imaginarios sociales, llegando a cumplir una función mítica, de proyección en nuevos relatos, nuevas adhesiones y nuevas leyendas. Como dice Bauman (2006), ya no hay fronteras entre el yo y el otro.

David de Ugarte (2007: 85) define el ciberactivismo como “toda estrategia que persigue el cambio de la agenda pública, la inclusión de un nuevo tema en el orden del día de la gran discusión social, mediante la difusión de un determinado mensaje y su propagación a través del boca a boca multiplicado por los medios de comunicación y publicación electrónica personal”. Es entonces cuando se abre camino un paradigma alternativo al de la comunicación unidireccional.

La heterogeneidad de las redes sociales disponibles facilita claramente que cada vez más personas tengan acceso a ellas y que puedan encontrar su entorno favorito para la interacción. Además, las relaciones horizontales entre los usuarios conllevan una suerte de desarrollo democrático, en la que cada uno puede crear su propio micromedio de comunicación: podcasts, wikis, blogs, etcétera. Se trata de un fenómeno cuyos valores casan a la perfección con las inquietudes propias de la juventud. Escapar del modelo paternalista para crear el propio o rechazar las directivas que emanan de un sistema jerarquizado son algunas de las características que definen una de las etapas más importantes para la formación de la propia identidad (Repiso, 2007). El blog ofrece a la gente joven un formato accesible y la oportunidad de escribir, de contar algo y darlo a conocer, así como compartirlo con los demás. Entre la juventud hay un cierto aire de “exhibicionismo sano” que los blogs pueden airear. La expresión de las ideas, los gustos, las experiencias, las opiniones, etc. cobran razón de ser cuando se hacen públicas y el blog es una plataforma accesible al alcance de todos. Repiso (2007: 164) señala que “además del mero proceso creativo, tanto desde el punto de vista de los contenidos como de la forma, el blog puede ser una herramienta que sirva al joven para afirmarse, ganar confianza en sí mismo o fomentar la autoestima”.

Como muestra la teoría de la construcción social de la tecnología (Pinch y Bijker, 1987), la tecnología es cambiante, maleable por el uso de los diferentes grupos sociales, no autodeterminada ni autodirigida, y da lugar a diferentes usos en función de los grupos sociales que se apropian de ella. No se trata aquí de negar la función social del medio, sin embargo, también abre vías para la contestación que generan zozobra. Se equivoca quien piensa que el receptor es un recipiente pasivo de mensajes abierto a la manipulación constante. Hay una interacción entre medios y audiencias. Es lo que Alvin Tofler (1990) denominó prosumidor. Es decir, el consumidor es a la vez productor de información. Y eso se revela con toda su fuerza al hablar de nativos digitales. Y se acrecienta cuando se trata de usuarios con una patología relacionada con la salud mental.

Para los adolescentes que sufren TCA se hace realidad la afirmación de Gibson en Neuromante donde los modelos y códigos determinan el pensamiento y el comportamiento; donde los medios de entretenimiento y comunicación proporcionan experiencias más interesantes y sugerentes que las escenas de la vida cotidiana, tan banal. Son conscientes de sus fuerzas y están decididos a dar la batalla contra todo y contra todos.  El espacio alternativo que se crea en la red surge seguramente de una carencia social –de comunicación horizontal, de fallo de las mediaciones–, de un fuerte sentimiento de soledad, entre existencial y social, y de una demanda de otra forma de comunicación, inmediata, en el reconocimiento, en el deseo de comunidad, de crear vínculo, pero un vínculo al margen de la estructura social y de las constricciones de los códigos dominantes.

3. La identidad líquida de los nativos digitales

La categoría de identidad ha sido conceptualizada desde multiplicidad de perspectivas teóricas. La identidad encuentra sus pilares fundamentales en los modos de vida, entre los que podemos encontrar factores como la profesión o la familia. En la sociedad tradicional, la identidad se fijaba en función de la clase social, la profesión y el estatus, teniendo su anclaje en el itinerario vital vinculado a diferentes etapas como el nacimiento, el matrimonio y la ocupación.

Más allá de la interpretación dramatúrgica de Goffman (1987), una expresión de la condición posmoderna es que las identidades son flexibles y fragmentadas. Así, hemos pasado de una identidad unitaria y estable, fruto de una comunidad de relación estable y cercana, hacia una colonización del yo por múltiples voces propias e impropias, como resultado, de la sobreexposición a estímulos sociales variados (Gergen, 1992). Con ello se establece una interrelación compleja entre lo real y lo virtual dando lugar a una suerte de juego de transformismo identitario (Turkle, 1997).

El anonimato en la red es clave para entender la desinhibición del comportamiento (Reid, 1991), y las experiencias de apropiación de este nuevo contexto de interacción social. Vivimos en una cultura de la simulación (Baudrillard, 1978), en la red y fuera de ella. Las personas construyen y reconstruyen su identidad. Internet contribuye a pensar la identidad en términos de multiplicidad. Se experimenta la identidad como juego de roles que se mezclan y combinan. No obstante, estos procesos generan conflictos con consecuencias que se trasladan a la vida real. Estos conflictos muestran su lado más oscuro cuando hablamos con jóvenes que sufren Trastornos en la Conducta Alimentaria (TCA).

Internet es un universo líquido donde meterse en la intimidad del otro, sacar el dentro hacia fuera, prestarse a todas las exhibiciones; y, sobre todo, ser otro, o no ser ninguno (Imbert, 2011). La liquidez consiste precisamente en poder deslizarse de una categoría a otra (Bauman, 2006). Los y las jóvenes viven conectados a Internet, sobre todo con el objetivo principal de permanecer comunicados con sus amistades en todo momento y establecer nuevas relaciones. Los nativos digitales solo cuando entran en el ciberespacio sienten estar realmente vivos. No estar conectados es no existir. La información es la mercancía más deseada, donde el ciberespacio proporciona acceso a nuevos ámbitos de experiencia. La tecnología estructura nuestra experiencia y eso tiene fuertes repercusiones. Este escenario desborda los códigos tradicionales de la identidad, anima a la experimentación, al cambio y a la ficción de la producción de una genuina identidad individual y única, aunque no sean más que imitaciones de otras exhibiciones de estilo.

La cultura de masas privilegia la creación de la imagen, del estilo, el aspecto y la moda en la producción de identidad. Refuerza las normas de la sociedad de masas que ofrece posibilidades de un nuevo ser, mediante el consumo. La construcción social de la identidad se realiza a través de la publicidad, de la moda, de la sexualidad. Internet potencia hasta el infinito la eficacia de estos mensajes. Y lo hace con la ayuda de un agente clave en el proceso de socialización y la construcción de la identidad en los adolescentes: el grupo de iguales. Son los propios jóvenes conectados, e inyectados de pasión consumista por la cultura de masas, los que ofrecen a sus iguales modelos de identificación irreales, pero muy útiles y eficaces.

4. Trastornos de la Conducta Alimentaria

Según la Encuesta Europea de Salud en España, los indicadores comparados muestran un buen estado de salud de la juventud. No obstante, se detecta un leve incremento en los TCA. Esta enfermedad afecta en torno a un 4-5% de la población femenina adolescente. El número de casos en varones parece ir en aumento, ya que en torno a dos de cada diez diagnósticos corresponden a varones. Los estudios acerca del riesgo de desarrollar un TCA por parte de la población universitaria española, muestran cifras de un 14,9% para varones y un 20,8% para mujeres, con una tendencia de aumento de casos en edades cada vez más tempranas. Las tasas de recuperación son variables, dependiendo fundamentalmente de que se aplique un tratamiento adecuado y se adopte de forma precoz.

De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV), los TCA se clasifican en tres tipos: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno de la conducta alimentaria no especificado. La anorexia nerviosa se caracteriza por la pérdida deliberada de peso inducida o mantenida por el propio enfermo, fundamentalmente a través del ayuno. Por su parte, la bulimia presenta episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos, junto con una preocupación exagerada por el control del peso corporal, con adopción de medidas compensatorias como vómitos, abuso de laxantes y ayuno intermitente. Por último, el trastorno de la conducta alimentaria no especificado presenta síntomas similares a los de anorexia y la bulimia, pero sin cumplir todos los criterios diagnósticos.

La principal debilidad para combatir la aparición de los TCA es que su etiología no está firmemente establecida. Se acepta actualmente que son múltiples los factores que intervienen y de origen variado: inherentes a la propia persona (predisposición genética y determinadas características psicológicas); relacionados con el funcionamiento familiar; influencia de los medios de comunicación y el culto al cuerpo; factores desencadenantes externos, como padecer algún suceso vital traumático; y mecanismos biológicos facilitadores.

Los cambios sociales de las últimas dos décadas incrementan los factores de riesgo y abren nuevos escenarios para la prevención y el análisis social del impacto de estas enfermedades.

5. El discreto encanto de la tribu Pro Ana y Pro Mía

Aunque es un fenómeno que puede pasar desapercibido para el público adulto, la red está repleta de sitios que hacen apología de la anorexia y la bulimia. Se refieren a ellas no como una enfermedad, sino como un estilo de vida que hay que mantener. Se trata de las páginas Pro Ana, a favor de la anorexia, y Pro Mía, a favor de la bulimia. Internet ha puesto en contacto a miles de personas jóvenes que padecen Trastornos de la Conducta Alimentaria y que lejos de la mirada de sus padres, madres, profesores y médicos, dan rienda suelta a sus problemas. Su fin no es el de solucionarlos, sino tejer una red de apoyo frente a una sociedad que no les entiende. De este modo, se niega la enfermedad, que a partir de entonces se convierte en una moda, un estilo, una tribu, con sus códigos, su lenguaje y todo un universo simbólico propio.

Castells (2001) señala como en la sociedad red el poder se ejerce desde la producción y difusión de códigos culturales y contenidos de información. Y de cómo la propia red acoge en su seno fenómenos contraculturales. Que quizá son minoritarios, pero que encuentran en la red un espacio para su difusión y desarrollo. Pues la red ofrece instrumentos para generar su propio marco de sentido y abre espacio a marcos alternativos de interpretación de la realidad, incluso en lo destructivo. Es por esta rendija por la que se cuela una subcultura (Campos Rodríguez, 2007) que contradice la evidencia científica.

El movimiento Pro Ana y Pro Mía entiende la anorexia y la bulimia como un estilo de vida (Csipke y Horne, 2007; Harshbarger y cols., 2009), rechazando los modelos médicos y sociales de los TCA. Pro Ana y Pro Mía se erigen como una afrenta al sistema de ideas, creencias y opiniones socialmente consensuado sobre los trastornos del comportamiento alimentario. Un planteamiento antirecuperación que teje un sistema de ayuda mutua que niega la enfermedad.

La trascendencia social de Pro Ana y Pro Mía es que multitud de personas estén gestionando su experiencia de la enfermedad mental al margen de los cauces sanitarios habituales. A través de Internet, los individuos que participan de estos códigos reivindican la presencia de su propia sensibilidad en el tratamiento del problema.

6. La comunidad es el discurso

El fenómeno Pro Ana y Pro Mía en Internet está convirtiendo la anorexia y la bulimia en un estilo de vida. El mero hecho de cambiarles el nombre, exteriorizarlas y recubrirlas de una imaginería propia y singular, implica la transformación de algo que hasta ahora era considerado una enfermedad en una tribu más dentro del marasmo hedonista que atraviesa la cultura de masas en el universo virtual. El fenómeno Pro Ana y Pro Mía se produce y expande a partir de una intervención en la producción de sentido que provoca, a partir de lazos generacionales y vínculos identitarios, un cuestionamiento de lo racional desde lo virtual.

Su inspiración para estar delgadas la consiguen en la conexión continua en los foros, leyendo diariamente páginas pro anorexia y bulimia, observando continuamente fotos de modelos muy delgadas, que cuelgan en sitios muy visibles, y leyendo y releyendo frases en pro de la delgadez, que se convierten en su liturgia diaria.

Estos grupos de chicos y chicas, se apropian de los espacios ofrecidos por las redes sociales y utilizan su cuota en la sociedad red para ofrecer una producción de sentido alternativa, donde se explotan y definen en positivo los estilos de vida de las personas jóvenes que padecen TCA.

Como respuesta al estigma y la vergüenza que acompaña tanto al diagnóstico como a la incomprensión por parte de la sociedad de la anorexia y la bulimia, estos jóvenes emergen en la red como tribu. La idea de interlocutor, alter ego de otro tras la pantalla, es fundamental y fundadora para la comunidad Por Ana y Pro Mía. Una comunidad sui generis, pues más que una comunidad de pensamiento, de afinidades, de identificaciones más que de identidad.

La tribu Pro Ana y Pro Mía se construye a partir de la capacidad que ofrece la red para producir sentido y un marco de interpretación de la realidad a partir de las experiencias de su enfermedad y las reacciones con el entorno social. Esta comunidad de discurso está formada por blogs, foros y grupos privados en redes sociales. Son espacios en que las jóvenes narran sus experiencias cotidianas y se conforman como grupo. Esta es la base a partir de la cual las comunidades virtuales construyen mensajes polisémicas, que van conformando el collage de los tips Pro Ana y Pro Mía, hasta llegar a conseguir una estética específica y un discurso contrahegemónico contra los usos médicos y las evidencias científicas en relación con la anorexia y la bulimia.

“Nadie dijo que llegar a ser princesa era fácil”. Al hablar de princesas se refieren a las chicas que tienen anorexia, bulimia u otro trastorno de la alimentación. “Ana y mía, mis mejores amigas”, son los títulos de algunos de los blogs. Se autodefinen princesas, usan una retórica romántica y asumen los clichés de la cultura se masas como un imperativo para su autorrealización personal. Justifican su enfermedad. A partir de imágenes, vídeos y canciones pop, construyen un universo propio, en medio de una sociedad que no les comprende. Aspectos infantilizadores vinculados con ser princesa, elementos purificadores asociados a los ángeles, de limpieza, de virginidad y relacionados con la perfección. Las alas, como símbolo para escapar, y las mariposas como metáfora de transformación hacia la belleza. Diarios escritos por personas con TCA, consejos para hacer dieta, apoyo emocional y galerías de fotos de modelos delgadas. Poesía y letras de canciones que reflejan sus experiencias. Las paginas Pro Ana y Mía se vinculan a una meta: la delgadez y la perfección, tomándose estos como un objeto de consumo, al que persiguen sin importar los sacrificios y los efectos que provocan asumir hasta las últimas consecuencias los estereotipos sociales dominantes.

Un discurso que teje la comunidad a través de reglas no establecidas. Un discurso que naturaliza la enfermedad y la dulcifica. “Es preferible” decir hoy he sido “mia” tres veces que me he atracado y vomitado tres veces. Pero no todo es tan idílico y dulce. “Vomitando, vomitando mi alma, vomitando gente, vomitando odio, vomitando cólera, vomitando ositos, vomitando lágrimas”. Convocan mediante sus foros carreras en las que varias Anas y Mias se retan a perder peso.

A pesar que las autoridades han perseguido este tipo de contenidos, no han logrado quebrar el fenómeno y su repercusión. Los sitios Por Ana y Pro Mía cuentan con millones de páginas y fieles seguidores que dominan el medio mejor que sus censores. Un entramado que se retroalimenta e intenta dotar de coherencia a un discurso muy efectivo, que se inserta en la lógica posmoderna de la sociedad de consumo.

En términos foucaultianos existe una auténtica sociedad del discurso, que se erige en un muro ante la determinación de las autoridades sanitarias, y también las policiales, de perseguir contenidos que son perjudiciales para la salud de las personas. De hecho, grandes corporaciones como Facebook y Tuenti han colaborado durante los últimos años con las autoridades, lo que ha hecho que desaparezcan muchas páginas con contenidos Por Ana y Pro Mía. Twitter es más laxo en este sentido. Esta persecución ha hecho que la tribu extreme sus medidas de seguridad a la hora de decidir con quién comparte contenidos. Y ha hecho que los contenidos se concentren en redes sociales privadas, en foros, en blogs y en grupos de WhatsApp y plataformas como Tumblr, evitando las grandes plataformas de comunicación que suelen colaborar con las autoridades.

Pero, tal y como recogió Guillermo Abril es su artículo de El País Semanal, el problema está en que la apología de la anorexia y la bulimia no es un delito. Aun así, la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía (BIT) elaboró en 2008, por encargo de la Fiscalía de Madrid, un informe interno sobre el fenómeno pro Ana y Mía en Internet. Hasta el momento esta persecución de contenidos, que hacen apología de la anorexia y la bulimia como formas de vida, han sido infructuosas, ya que los nativos digitales, que son el nervio de la comunidad, conocen los medios para esquivar los controles. Aparentemente existirían ciertos filtros para el ingreso a estos sitios a través de advertencias antes de ingresar a la web, referidos a que las personas sin TCA no ingresen, ni que tampoco lo hagan las personas menores de 18 años, sin consentimiento. Estos procesos de filtro, buscan restringir el paso a los que no forman parte de la tribu, ya sea por ser considerados como “simuladores” o “wannabies”[1] (haciendo alusión a aquellos que les gustaría llevar este estilo de vida, pero no son capaces de cumplir con todas las exigencias). Además, en estas mismas comunidades hacen distinciones frente a quienes tienen un TCA y quienes no (los extranjeros o foráneos) como los padres o médicos, los cuales son considerados como individuos que no entienden la naturaleza y el beneficio de las páginas Pro Ana (Tierney, 2006).

Sostiene Bourdieu (118) que "cada orden establecido tiende a producir, en diferentes grados y con muy diferentes métodos, la naturalización de su propia arbitrariedad". En la tribu Pro Ana y Pro Mía ese efecto de naturalización de la arbitrariedad es evidente. Los prosumers Pro Ana y Pro Mía hacen de líderes de conciencia y obtienen el reconocimiento que no tienen en el mundo real. El caldo de cultivo son los problemas de identidad y reconocimiento social. Como dice Foucault (1986), “la soledad es la condición básica de la sumisión total”. Y esta sumisión se muestra en los jóvenes que sufren Trastornos en la Conducta Alimentaria y se muestran incapaces de salir de esa situación.

Las comunidades que se van creando por agregación, van sintiendo casi sin darse cuenta la fuerza semiótica de su poder. Se produce la naturalización y elaboración de unos códigos propios, para construir su identidad a partir de los materiales que les ofrece la cultura, y que entienden que son los que les han llevado a verse en esa situación de desasosiego. Un estilo de vida disidente que "aprovecha los eslabones débiles en la cadena de socialización" (Scott, 2000).

7. Conclusiones

El fenómeno de las redes sociales en Internet contribuye al desarrollo de nuevos espacios de comunicación que, en ocasiones, rompen con el discurso oficial. La red está repleta de sitios que hacen apología de la anorexia y la bulimia. Se refieren a ellas no como una enfermedad, sino como un estilo de vida que hay que mantener. A partir de entonces se convierte en una moda, un estilo, una tribu, con sus códigos, su lenguaje y todo un universo simbólico propio. Las comunidades virtuales construyen mensajes polisémicos hasta llegar a conseguir una estética específica y un discurso contrahegemónico contra los usos médicos y las evidencias científicas en relación con la anorexia y la bulimia.

Los cambios sociales de las últimas dos décadas incrementan los factores de riesgo y abren nuevos escenarios para la prevención y el análisis social del impacto de estas enfermedades. Internet potencia hasta el infinito la eficacia de estos mensajes. Y lo hace con la ayuda de un agente clave en el proceso de socialización y la construcción de la identidad en los adolescentes: el grupo de iguales. Son los propios jóvenes conectados e inyectados de pasión consumista por la cultura de masas los que ofrecen a sus iguales modelos de identificación irreales, pero muy útiles y eficaces.

La trascendencia social de Pro Ana y Pro Mía es que multitud de personas estén gestionando su experiencia de la enfermedad mental al margen de los cauces sanitarios habituales.

Si bien las páginas pro anorexia y pro bulimia es improbable que desaparezcan, está demostrado su efecto negativo en el tratamiento de la enfermedad, por lo que deberían ponerse en marcha acciones que minimicen su daño.

La libertad de expresión de personas que defienden el mantenimiento de una enfermedad, no es libertad de expresión sino una forma de justificar lo que están haciendo. La negación de la enfermedad y las distorsiones cognitivas son una característica definitoria de los trastornos de alimentación. Pero este hecho se agrava cuando se defiende la enfermedad como un estilo de vida, con sus códigos, su universo simbólico y una tupida red desde la que se hace proselitismo.

Por todo ello, no estamos sólo ante una cuestión de salud, sino ante un problema social que hunde sus raíces en el proceso de socialización y de construcción de la identidad.

8. Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association (APA) (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV-TR. Masson: Barcelona.

Abril, G. (2009, 5 de abril). Reportaje “Ana y Mia, princesas de Internet” El País Semanal. [En línea]. Disponible en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/04/04/actualidad/1238796001_850215.html[Consulta: 25-07-2013]

Baudrillard, J. (1978). Cultura y Simulacro.  Barcelona: Kairos.

Bauman, Z. (2006). Vida líquida. Barcelona: Paidós.

Bermejo, B., Saul, .LA. y Jenaro, C. (2011). La anorexia y la bulimia en la red: Ana y Mia dos “malas compañías” para las jóvenes de hoy. Acción Psicológica 01/2011; 8:71-84.

Bescansa, C. y Jerez A. (2011). Dentro y fuera de la Red: Perspectivas Políticas y Generacionales. Investigación cualitativa. Madrid: INJUVE.

Bourdieu, P. (1997): Sobre la televisión. Barcelona: Anagrama.

Cáceres, M.D., Ruiz J. A., y Brändle, G. (2009). Comunicación interpersonal y vida cotidiana. La presentación de la identidad de los jóvenes en Internet. CIC: Cuadernos de Información y Comunicación, Nº14, p.213-231. [En línea]. Disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/935/93512977013.pdf [Consulta: 25-11-2012]

Campos Rodríguez, J. M. (2007). Anorexia, Bulimia e Internet. Aproximación al fenómeno Pro-Ana y Mía desde la Teoría Subcultural. Frenia: revista de historia de la psiquiatría, Vol. VII, 2007; Pp. 127-144, [en línea]. Disponible en: . [Consulta: 20-5-2013].

Castells, M. (1998a). La era de la información: economía, sociedad y cultura. 1, La sociedad red. Madrid: Alianza Editorial.

Castells, M. (1998b). La era de la información: economía, sociedad y cultura. 2, El poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial.

Castells, M. (2001).La galaxia Gutenberg. Barcelona: Areté.

Contreras, F. (2009). Re(d)unidos: cultura, innovación y comunicación. Barcelona: Antropos.

Cotarelo, R. (2013). Ciberpolítica: las nuevas formas de acción y comunicación políticas. Valencia: Tirant Lo Blanch.

Csipke, E. y Horne, O. (2007). Pro-eating disorder websites: user’s opinions. European Eating Disorders Review, 15, 196-206.

De Ugarte, D. (2007). El poder de las redes: Manual ilustrado para personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo. Barcelona: El Cobre Ediciones.

Dias, K. (2003). The Ana Sanctuary: Women’s Pro-Anorexia Narratives in Cyberspace. Journal of International Women’s Studies, 4 (2): 31-45, p. 31.

Foucault, M. (1986). Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI Editores.

Fundación Telefónica (2012). Informe La sociedad de la información en España 2012. [En línea]. Disponible en: http://www.fundacion.telefonica.com/es/prensa/noticias/sociedad_informacion/2013/enero/pdf/sie_2012.pdf [Consulta 2-02-13]

Gergen, K. J. (1992). Toward a postmodern psychology. In S. Kvale (Ed.), Psychology and postmodernism. London: Sage, p. 17-30.

Goffman, E. (2006).  Estigma: la identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrortu.

Harshbarger, J., Ahlers-Schmidt, C., Mayans, L., Mayans, D. y Hawkins, J. (2009). Pro-anorexia websites: What a clinician should know. International Journal of Eating Disorders, 42, 367-370.

Imbert, G. (2011). La tribu informática: identidades y máscaras en Internet. Revista estudios de juventud, n. 92 (Adolescentes Digitales). 123-131.

Joyanes, L. (1997). Cibersociedad: los retos sociales ante un nuevo mundo digital. Madrid: McGraw-Hill.

Ministerio de Sanidad y Política Social (2012).  Encuesta Europea de Salud en España 2009. [En línea]. Disponible en: http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/NotasTecnicas/NotasTecnicasEES.pdf [Consulta 10-02-2013]

Pérez Latre, F. J. (2010). Las nuevas redes sociales: ¿moda o revolución?. Nuestro Tiempo, enero/febrero, 52-61.

Pérez Tapias, J. A. (2003). Internautas y náufragos. La búsqueda del sentido en la cultura digital. Madrid: Trotta.

Pinch, T. J., Bijker, W. E. (1987). The social construction of facts and artifacts: Or how the sociology of science and the sociology of technology might benefit each other". En: Bijker W.E., Hughes T.P., Pinch T.(ed.). The social construction of technological systems. New directions in the sociology and history of technology. Cambridge: MIT. p. 17-50. 

Prensky, M. (2011). Enseñar a nativos digitales. Madrid: SM.

Reid, E. (1991). Electropolis: Communication and community on Internet  Relay Chat. [En línea] Disponible en: http://www.irchelp.org/irchelp/communicationresearch/academic/academic-reid-e-electropolis-1991.html [Consulta 15.01.2013]

Repiso, I. (2007). El motor joven de la blogosfera.  Revista de Estudios de JuventudISSN-e 0211-4364, Nº. 78, 2007 , p. 161-176

Sartori, G. (1998). Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus.

Scott, J. (2000). Los dominados y el arte de la resistencia. México: Era.

Thompson, J. B. (1998). Los media y la modernidad. Barcelona: Paidós.

Tierney, S. (2006). The dangers and draw of online communication: pro-anorexia websites and their implications for users, practitioners, and researchers. Eating Disorders, 14, 181-190.

Toffler, A. (1990): El cambio del poder. Barcelona, Plaza y Janés.

Turkle, S. (1997). La vida en la pantalla. La construcción de la identidad en la era de Internet. Barcelona: Paidós.

Wexler, P. (1992). Becoming Somebody. Nueva York: Falmer Press.

Wilson, J. L., Peebles, R., Hardy, K. K. y Litt, I. F. (2006). Surfing for thinness: A pilot study of proeating disorder web site usage in adolescents with eating disorders. Pediatrics, 118(6), 1635-1643.


[1] del inglés “want to be”= querer ser. Personas que desean ser anoréxicas, pero que no lo son.