Número 24. Enero-Abril 2015

Los sistemas defensivos de la villa de Antequera, siglos X-XIV

The defensive systems of the town of Antequera, X-XIV centuries

Nidal Abbas

Departamento de Historia Medieval y CC.TT. Historiográficas.
Universidad de Granada.
nidal173[at]hotmail.com

Bashar Mustafa

Departamento de Arqueología
Universidad de Damasco (Siria)
bbmusta[at]hotmail.es

Los reyes del estado nazarí construyeron y refortificaron sus ciudades ante la necesidad de defensa. El estudio de los enclaves estratégicos y fronterizos que componen el Reino de Granada es fundamental para analizar y valorar el sentido funcional de la arquitectura militar. Este estudio se centra en la ciudad de Antequera, ciudad sobre la que serán tratados los siguientes aspectos concretos: análisis historiográfico de la ciudad; aproximación histórica de la zona desde una perspectiva geográfica, física y evolutiva; y reconocimiento in situ de las estructuras defensivas de la mencionada villa.


Fecha de recepción: 1/8/2014

Fecha de aceptación: 6/10/2014


Palabras clave: Antequera (España); Fortificaciones; Periodo nazarí; Elementos constructivos militares; Puertas; Murallas


Para citar este artículo: Abbas, Nidal y Mustafa, Bashar (2015). Los sistemas defensivos de la villa de Antequera, siglos X-XIV. Revista de Humanidades [en línea], n. 24, artículo 5, ISSN 2340-8995. Disponible en http://www.revistadehumanidades.com/articulos/84-los-sistemas-defensivos-de-la-villa-de-antequera-siglos-x-xiv [Consulta: Domingo, 8 de Diciembre de 2019].


DOI: http://dx.doi.org/10.5944/rdh.24.2015.15343


Abstract: The Nasrid dynasty has built and refortified their cities, in order to be safe. The study of strategic and frontier of this enclaves, that make up the Kingdom of Granada, is essential to analyze and assess the functional sense of military architecture. This study focuses on the city of Antequera, the city which will be processed the following specific aspects: historiographical analysis, historical approach to the area from a geographical, physical and evolutionary perspective, and in situ recognition of defensive structures of villa, that has been indicated before.


Keywords: Antequera (Spain); Fortifications; Nasrid period; Constructive military elements; Gates; Walls

Sumario

1. Introducción. 2. El medio físico. 3. Aproximación histórica a la villa de Antequera. 4.Las fuentes escritas sobre Antequera. 5. Los sistemas defensivos de la villa. 6. Las puertas de la villa. 7. Fases y técnicas constructivas. 8. Fases y técnicas constructivas. 9. Bibliografía.

Artículo

1. Introducción

Los abundantes estudios arquitectónicos, arqueológicos y las diversas revisiones de las fuentes documentales de estos últimos años siguen aportando relevante y variada documentación sobre el período nazarí. Y en particular sobre los sistemas defensivos objeto de este estudio[1].

Las construcciones militares están íntimamente relacionadas con el dominiodel entorno que las circunda. El poder político y el factor económico tuvieron un papel fundamental en las transformaciones que se han sucedido en las ciudades a lo largo del tiempo, con especial relevancia desde el comienzo de la creación del estado nazarí. Aunque la arquitectura defensiva nazarí ha sido objeto de numerosos estudios, creemos que existen diversas villas fronterizas donde éste aspecto no ha sido estudiado con la suficiente atención. Aunque conformen pequeños núcleos, estos, presentan gran importancia dada su estratégica posición por su situación de frontera

A la hora de elaborar este trabajo fue fundamental posicionar a Antequera dentro de una perspectiva general que permitiese conocer su entidad con respecto a otras ciudades de su entorno. Así mismo, hacer un análisis sobre los restos arqueológicos in situ permitió determinar su fisonomía y estado de conservación.

Del análisis de las fuentes documentales extraemos que a pesar del papel predominante que han desempeñado otros núcleos durante el medievo, como sucede con Archidona, (al pertenecer a la kura de Rayya), la información que poseemos sobre Antequera es algo más numerosa, Aunque insuficiente. Antequera presenta un mayor número de estudios recientes y trabajos arqueológicos con respecto a Archidona. Por esto es necesario un estudio completo de la villa y una especial atención a la arquitectura militar en estas fechas.

2. El medio físico

Antequera y su vega ocupan una posición estratégica al norte de la ciudad de Málaga. En una encrucijada de caminos, vienen a conectar el valle del Guadalquivir con la costa mediterránea, atravesada por el río Guadalhorce. Y rodeada por las grandes unidades montañosas que estructuran el relieve andaluz: las cordilleras Subbéticas y el Surco Intrabético. (José Galán, 2010: 2-4).

Hacia el litoral, encontramos la Sierra del Torcal, de más de 1.300 m. de altitud. El acceso hacia el valle del Guadalquivir es bastante más llano. Únicamente existe algún relieve marginal lo que deja un paisaje mayoritariamente horizontal y de escasa envergadura, como la Sierra de Humilladero (cortada por el pasillo de Fuente de Piedra). Ese paisaje horizontal también queda interrumpido en las inmediaciones de la ciudad antequerana por algunos islotes calizos de acusada pendiente (un ejemplo: la Peña de los Enamorados).

La depresión de Antequera se presenta hacia el exterior con una cierta unidad, por el norte está separada de las campiñas sevillana y cordobesa por un conjunto de sierras del sistema Subbético como la sierra de los Caballos, sierra del Humilladero o la sierra de Mollina; al sur, la separa de las comarcas de los montes de Málaga y cuenca baja del Guadalhorce, las unidades Penibéticas entre las que destacan las sierras de las Cabras, el Torcal, Chimenea, Valle de Abdalajis y Llana sin solución de continuidad y acabada en el desfiladero del Chorro; por el este, coincidiendo con el límite provincial de Granada, tenemos la Sierra Gorda, San Jorge, Gibaltón, Camarolos; y por el oeste, le sirven de límite las sierras de Peñarrubia, Teba y Cañete, que pueden considerarse como línea divisoria con la Serranía de Ronda (Alijo Hidalgo, 1983: 7-8). El conjunto de estas montañas aíslan a la depresión de Antequera de las de Granada al este y Ronda al oeste, mientras que hacia el norte se comunica con el valle de Guadalquivir por la amplia depresión de Fuente Piedra. Los terrenos que constituyen esta superficie son muy desiguales en la parte norte desde Teba y Peñarrubia hasta la ciudad de Antequera. Plazas análogas, pero de menor extensión, se observan en los alrededores en la zona nordeste del límite de Antequera con Alameda. La más importante es la que se encuentra entre la vertiente norte de la Axarquía y las faldas meridionales de las sierras de Antequera, y desde la base de la Sierra de Torcal por su cara norte hasta el límite de la provincia de Granada. Por la estación de Salinas se extienden dos grandes superficies de tierras representadas por terrenos de areniscas, margas y calizas magnesianas. Su más o menos clara delimitación física da unidad a la comarca, a la que contribuye también la unidad de su red hidrográfica, con sus con sus dos cuencas, la del río Genil y la del río Guadalhorce. Aunque se puede afirmar que toda la depresión es drenada por un solo río, el Guadalhorce que la atraviesa de este a oeste hasta llegar a la altura de Bobadilla. (Morales y Romero, 2011: 11-22).

Situada al norte de las Sierras Penibéticas, Antequera tiene acceso al valle del Guadalquivir por la amplia depresión de Fuente Piedra, cortando transversalmente a la cordillera Subbética. Se pone en contacto con Málaga, por el Puerto de la Boca del Asno. Respecto a las comunicaciones situadas al este y oeste de Antequera, esta ciudad ocupa un lugar importante del Surco Intrabético. El camino más próximo de Ronda a Granada pasa por Antequera, Archidona y Loja antes de entrar en la Vega.

La posición de Antequera era esencial y no podía existir amenaza preocupante para la capital nazarí sin tomar la ciudad. Esta era una de las razones de D. Fernando para ocuparla. Antequera era el punto principal de su desesperada defensa para romper cualquier cerco. Fermín Requena ha señalado en varias ocasiones la importancia del término:

“Gibraltar, Ronda, Antequera y Baza levantaban fortificaciones cerrando el paso a cualquier intento cristiano sobre el corazón del reino granadino. Cualquiera de estas plazas al lograrse conquistar, abriría caminos prometedores de felices empresa”. (Requena Díaz, 1953: 88).

“En lo alto del cerro calizo de cumbre triangular, por cuya ladera septentrional y llanura inmediata se extiende la ciudad moderna, se levantaba al noroeste la Alcazaba. De ella arrancaban los lienzos de muralla que protegían el no muy extenso recinto de la Antequera musulmana. Dentro de sus muros, hubo, como de costumbre, una mezquita y casas en calles tortuosas. De los muros que rodeaban la fortaleza no quedan más escasos lienzos entre torres agrietadas”. (Alijo Hidalgo, 1983: 8).

Para Torres Balbás (1951: 446) Antequera era semejante a tantas otras ciudades andaluzas que, por los mismos años, crecían y trataban de establecer un trazado racional a sus calles, suprimiendo los abundantes ajimeces y saledizos que aumentaban su angostura, para que el sol y la luz penetrase en ellas. Próximos a la villa de Antequera se construyeron una serie de canales desde el río hasta su ruedo para el riego junto a construcciones industriales que accionaban los molinos harineros. Cercanos a Antequera documentamos una serie de castillos que comunican esta con centros más meridionales que servían de bastiones a Málaga y su tierra. Este es el caso de Aznalmara, en la zona suroeste, en contacto con Álora y Xébar (en el arroyo que lleva su nombre), y Almogía y Cauche en el sureste, en Campo de Cámara. Aparte de estos centros de población existía un hábitat disperso afincado en caseríos y alquerías de cierta importancia en torno a la vega. (Alijo Hidalgo, 1983: 9).(Figura 1)

Figura. 1. Localización geográfica de la ciudad de Antequera. Ortofotografía digital histórica de Andalucía (1956-2007). Junta de Andalucía.

3. Aproximación histórica a la villa de Antequera

Que Antequera haya tenido una vida continuada desde tiempos muy antiguos no es algo excepcional, aunque es destacable la abundancia de yacimientos de origen paleolítico en las cuevas de las sierras calizas de las inmediaciones (Martínez Enamorado, 1999: 376-378.). Las campanas de excavaciones han permitido conocer de cerca los pasos y las huellas prehistóricas en la comarca.

Los restos líticos que fueron hallados en Bobadilla presentan las características de unos utensilios tallados y pulimentados. También en el yacimiento del Torcal podemos encontrar las cuevas de "La Picardía", de "Marinaleda y Cuerda", de la "Sima Hoyo del Tambor", de "la Mujer", de "la Pulsera" y del "Toro". Todo ello se corresponde con una cronología que va del 4500 al 1600 a.C. En el s. VIII a.C., con los fenicios, la actividad constructiva fue muy importante en la zona, dando lugar a nuevos poblados que afectaron a la zona occidental de Antequera. Para que ello fuera posible los fenicios llegaron a tener acuerdos con los indígenas (Morales y Romero, 2011: 14-21).

A pesar de haber tenido un pasado ibérico y romano de gran importancia, la etapa de mayor esplendor de al-Ándalus (929-1009) no ha dejado noticias demasiado claras o concisas sobre Antequera. En un estudio sobre esta ciudad, Francisco Alijo (1983) comentaba que:

“durante la época del califato no debió desempeñar un papel relevante en base a que no es mencionada para nada en las crónicas contemporáneas”. Por otro lado, no se puede olvidar que Archidona, a una distancia no superior a las dos leguas, era en ese preciso instante la capital de la cora de Rayya y es muy posible que absorbiera la vida política y económica de la región” (Alijo Hidalgo, 1983: 10).

Posiblemente durante el califato se alzaría un ḥiṣn con una población rural a su alrededor y contaría con representación estatal en la fortaleza (Cobos Rodríguez, 2002: 188-189). Según Romero Pérez (2002: p. 146), fue entre los siglos X y XI cuando se constituyó el primer recinto defensivo propiamente islámico que tendría como base una estructura anterior.

El califato ḥammūdī de Málaga sometería la villa entre los años 1016 y 1058, pasando más tarde a manos de los granadinos ziríes, (Cobos Rodríguez, 2002: 191).Desde 1075 a 1090, Granada fue gobernada por el rey ‘Abd Allāh. La región de Antequera gozó durante algún tiempo de un régimen político semiautónomo. El gobernador de esta zona, al que ‘Abd Allāh denomina qaid y ṣāḥib, Kabbāb b. Tamīt, intentó administrar por sí solo la comarca. (Alijo Hidalgo, 1983: 11).

Las constantes y devastadoras incursiones que tenían lugar en la zona tras la fitna hicieron que su población se viese disminuida durante el s. XI. En la centuria siguiente Antequera constituyó una base principal para los almorávides que desde allí preparaban sus ataques contra Málaga. Incrementaría entonces el suelo urbanizado, al igual que sucedería en Málaga, y emergerían elementos consustanciales para una gran madīna. Entre esas reformas se produciría el levantamiento de la segunda parte de las murallas, que empieza en la torre T6 (Figura. 2) y avanza hacia la plaza del Carmen.

Figura 2. Planta simple del recinto amurallado de Antequera. Situación de las murallas, las torres y las puertas (Fuente: Romero. 2002).

Una vez que los cristianos se apoderaron de Sierra Morena y sus fronteras en el s. XIII, se adentrarían en la actual comarca de Antequera, que por su situación se convirtió en objetivo de conquista para asegurar el avance castellano, (Moreno López, 2002: 213-214).

La actividad en la villa resurgiría en la segunda mitad del s. XIII, probablemente con motivo de la llegada de los musulmanes desplazados por las conquistas de Fernando III (Acien Almansa, 1984: 474-475). A comienzos del s. XIV (Torres Balbás, 1951: 435) Abū-al-Walīd se apoderó de ella, quien se había sublevado contra Naṣr, poco antes de ser proclamado rey de Granada en el año 1314, (López de Ayala, 1953: 296-297).

Durante el reinado de Muḥammad V la tensión fronteriza en la zona fue máxima al convergir en ella, por un lado, el interés castellano en su progreso y, por otro lado, la resistencia nazarí que lucha por contener dicho avance (Alijo Hidalgo, 1997: 169 a 197 y Torres Balbás, 1951: 436). Durante este periodo y hasta la conquista cristiana de la villa en 1410, tiene lugar un importante proceso de refortificación (Ibnal-Jaṭīb, 1973-1978: 423), cuya envergadura se puede observar en numerosas zonas de los dos anillos defensivos (vide supra) y se caracteriza principalmente por el uso de la mampostería

4. Las fuentes escritas sobre Antequera

La cultura musulmana se desarrolló en la Península Ibérica a lo largo de ocho siglos, desde la conquista, en el año 711 d. C. hasta el siglo XVI. La arqueología y la reinterpretación de las fuentes son la base fundamental para el conocimiento de este período.

4.1. Antequera en las fuentes escritas

Los primeros datos que aparecen sobre Antequera corresponden a la primera mitad del s. XI, y se localizan en un poema de Šamu’elIbn al Nagrálla (Ibn Nagrala, 1988: 175-184). A partir de entonces las ciudades de Antequera y Archidona suelen aparecer con frecuencia citadas juntas (Lévi-provencal; García Gómez, 1988: 189-190).

En el s. XII, al-Idrīsī escribía que Antequera estaba despoblada como consecuencia de las guerras que habían tenido lugar en al-Andalus después de la muerte de Almanzor (Al-Idrīsī, 1866: 204), al descomponerse el Califato de Córdoba. En aquel momento las noticias apuntan que la villa estaba muy poco poblada, pero no yerma. El mismo autor señala otra serie de datos sobre Antequera y Archidona, como el hecho de que Archidona llegase a ser una ciudad más importante durante el s. IX que Antequera, o la distancia entre ambas ciudades.

Yāqūt al-Ḥamawī (1179-1229) menciona la ciudad de Antequera en su Diccionario de los Países, y la definió como una fortaleza localizada entre Málaga y Granada. La noticia, concuerda con la de al-Idrīsī, ya que se refiere a Antequera utilizando el sinónimo castillo:

“Antequera es una fortaleza, situada entre Málaga y Granada (ḥiṣn bayna Malaqā wa- Garnāṭa)".(Yāqūt, 1974: 207).

Ibn al-Jaṭīb (1313-1375) elogió en sus noticias la apariencia de la ciudad, lugar próspero gracias a la agricultura y a la existencia de fuentes de agua, además de bien poblado (Torres Balbás, 1951: 430-433).

“Era un lugar de hermosa apariencia con que se adornaba el resto del año, sitio de prosperidad, de sembrados y de rebaños, de abundantes alimentos y de numerosa población: que sus espaciosas campiñas, ricas en toda clase de plantíos y de pastos, así recientes como secos, se veían regados por muchos arroyos y largas acequias, que semejaban ensortijadas serpientes” (Ibn al-Jatīb, 1977: 26).

Las fuentes históricas más importantes son las crónicas, fundamentales para trazar los aspectos sociales y políticos de las ciudades andalusíes y para enfocar el estudio hacia aspectos concretos.

En las crónicas de la época del monarca Juan II de Castilla, se relatan los sucesos acontecidos en la toma de la ciudad de Antequera por el Infante D. Fernando en 1410. Es un texto minucioso y aporta abundante información, por lo que ha sido la principal fuente usada en multitud de publicaciones.

Alvar García de Santamaría dedica en su obra Crónica de Juan II de Castilla unos capítulos en que hace referencia a la conquista de Antequera. Estos son precisamente los más intensos y mejor documentados, donde hace la distinción de dos recintos murados (García de Santa María, 1982: 310).

4.2. Antequera en las fuentes modernas y contemporáneas

En cuanto a los estudios modernos y contemporáneos hemos de destacar a varios autores:

Alonso García de Yegros describió en 1915 la ciudad y su fortaleza. A través de esa descripción se intuye la importancia delas fortificaciones y su papel en la protección de la ciudad:

“La mampostería de esta ciudad es también sobre elaborada con lazos de cal para que fuese más vistosa y esta fue de los moros, aunque ya el tiempo ha gastado todas sus labores y quedan las piedras descubiertas” (García de Yegros, 1915: 86).

De mitad del s. XIX mencionamos la obra de Francisco Javier Simonet (2005), para cuya elaboración maneja obras de arabistas y grandes eruditos. Simonet afirma:

“Madīna Antecaira era un corcel demasiado impetuoso libre y alborozado, y que por su mucha extensión no podían asegurarla firmemente soldados armados de pies a cabeza” (Simonet, 2005: 83).

A mediados del s. XX, Torres Balbás realizó descripciones de las murallas, con planos de la ciudad musulmana en su trabajo Antequera Islámica, donde analiza las diversas técnicas constructivas. Los resultados fueron algodiferentes de los de sus predecesoresy presentó un plano de la Antequera islámica. Dio las medidas exactas de las secciones de las murallas y las torres, y trató de analizar las fortificaciones, además de aportar una cronología:

“Las características de torres y murallas permiten atribuir su construcción al siglo XIV, probablemente en su primera mitad. Recuérdese que cuando Pedro I llegó en 1361 ante sus muros, con su aliado Muḥammad V, no la pudo haber por ser villa muy fuerte” (Torres Balbás, 1951: 443).

Diego Vázquez Otero añadía algunas frases en Castillos y paisajes malagueños: historia de la provincia, en referencia al castillo:

“Todavía este castillo de Antequera conserva en buen estado algunas torres, como la del reloj de Papabellotas, que debió ser la del homenaje, de origen romano,algunas torres albarranas, tales como las de la Villa, y Escape de la Rivera.Aún se aprecia el ancho de sus recias murallas, los baluartes concéntricos, los fosos, y alguna poterna o puerta subterránea, como la que se conoce con el nombre de Puerta de la Estrella”. (Vázquez Otero, 1960: 30).

Del mismo modo, Francisco Alijo Hidalgo ha llevado a cabo un análisis histórico y geográfico de la ciudad en su obra denominada Antequera y su tierra.Sobre las murallas dice:

“hoy sus lienzos de muralla han desaparecido casi todos, se unía a la Alcazaba, para continuar al sur por lo alto del cerro y bajar luego por su ladera este hasta el río de la Villa. Volvía la cerca a ascender, torciendo hacia el norte, para unirse a la Alcazaba en el sitio que, por lo destruido, no es posible precisar” (Alijo Hidalgo, 1983: 9).

Jesús Romero hace acopio de todas las descripciones anteriores sobre las murallas, aunque su información llega a ser incompleta al tratar los principales accesos de la ciudad, también nos dejó una noticia sobre el segundo recinto murado. (Romero Benítez, 1981: 108).

A finales del año 2000, Carlos San Millán y Gallarín realizó un estudio histórico de la ciudad de Antequera y sus murallas, y añade una nueva hipótesis:

“Siguiendo con la composición del pintor flamenco, sólo percibimos la Puerta de Estepa o de la Villa, la cual se ve nítidamente entre la alcazaba y el resto de la madīna. Finalmente podemos percibir, a través de la composición, un tercer anillo de murallas al que todas las investigaciones hacen coincidir con el segundo recinto” (San Millan y Gallarín, 2001: 29).

El gran avance en los estudios sobre las murallas de Antequera se dio con Manuel Romero Pérez. Este autor se basa tanto en lo que se había escrito anteriormente como en las excavaciones realizadas entre 1999-2001. Entra en el estudio de la ciudad más profundamente que los autores anteriores. Empezó dividiendo la historia de la ciudad desde partir del s. VI hasta el s. XV, para realizar más tarde apuntes sobre las fortificaciones en cada periodo. Por medio de planos explica la estructura de las murallas y señala torres y puertas. A continuación, aborda el tema realizando un estudio analítico de las murallas y sus técnicas constructivas.

Es Antonio Malpica Cuello con su obra Los castillos en época nazarí. Una primera aproximación, Castillos y territorio en al-Ándalus quien abre el debate en cuanto a los aspectos constructivos al señalar que:

"...encontramos restos que permiten conocer la existencia de una muralla y torres en mampostería, lo que no quiere decir que en su totalidad estuviese construida con esa técnica" (Malpica Cuello, 1998: 275).

Después de repasar una gran parte de las fuentes escritas sobre Antequera nos introduciremos en los aspectos defensivos de la misma desde un punto de vista arqueológico.

5. Los sistemas defensivos de la villa

Antequera fue organizada dentro de las murallas, las cuales fueron traspasadas por puertas que facilitaban la conexión de la madīna con el exterior. La alcazaba se construyó en la zona más elevada, incluyendo la residencia del gobernador e importantes edificios administrativos. (Abbas, 2013: 120) (Figuras. 2-3).

Figura 3. Vista general de la alcazaba (Ortofotografía 1956-2007).

Ahora bien, no se deben identificar las murallas únicamente como recinto de defensa, sino también como insignia de poder frente a otras potencias (Gurriarán Daza, 2010: 63-66.).

Las fuentes que nos ayudan a entender las murallas son varias: por un lado, los textos escritos, y por otro, el registro arqueológico, el cual se ha ido ampliando a lo largo de los últimos años a partir de distintas campañas de excavaciones y restauraciones promovidas por el propio Ayuntamiento y la Junta de Andalucía (Gurriarán y Romero, 2011: 315).

M. R. Pérez (2002: 146) concluye que hasta el s. VI el antiguo asentamiento de la Antequera romana sigue estando ocupado. Posteriormente, es probable que el municipio formase parte del cinturón defensivo que los bizantinos levantaron en la Península. Entre los siglos IX-VIII, la ciudad de Antequera mantuvo su topónimo latino, a pesar de estar ocupada por los musulmanes. Los primeros contingentes árabes se instalarán en Archidona y Antequera, tras la conquista de Málaga, entrando en un proceso de recuperación de antiguas villa romanas[2].

La población de Antequera se fue conformando a partir del s. X, gracias a la inmigración masiva de los habitantes de las zonas serranas cercanas. A partir de este momento las poblaciones empiezan a tener contacto con el estado califal. (Romero Pérez, 2003: 185).

En este momento se construyen fortalezas con unos rasgos muy característicos, de entre los que destacan la planta cuadrada con torres cuadradas en los ángulos y el sistema constructivo, predominando el tapial. La zona interior al trazado de las murallas de la fortaleza de Antequera no ha sufrido muchas alteraciones a lo largo de su historia (Romero Pérez, 2003: 186).

En los siglos X y XI, como dijimos anteriormente, se constituyó el primer recinto defensivo, que cuenta con las torres Blanca T4 y del Homenaje T1, posiblemente correspondiendo esta última con una reedificación sobre otra anterior (Figura. 4). Ambas torres son las primeras construcciones de envergadura que podemos encontrar en el recinto defensivo, además del lienzo murario que circula por la corona del cerro del castillo. Desde este punto, la muralla continúa por la parte trasera de las casas de la calle de San Salvador, y se dirige hacia el norte hasta alcanzar la puerta de Estepa. El total de esta área es de 15.720 m2.

Figura 4. Torre Blanca (T4), en su cara exterior S-O. Técnica constructiva: sillarejo rectangular y ladrillo.

A través del plano de las murallas de Antequera podemos distinguir dos fases de construcción. Según Manuel Romero, en la primera sección las murallas fueron construidas entre los siglos X y XI, incluyendo la Torre del Homenaje T1 (Figura. 5) y un tramo de lienzo entre las torres T7 y T12. Pero después de la ampliación de la ciudad, debido al crecimiento de la población, las murallas se convierten en un obstáculo a la expansión urbana (Romero Pérez, 2002: 149).

Figura 5. Torre del Homenaje, (T1) en su cara exterior S-O.

Entre los siglos XI y XII[3] selevantó la segunda parte de las murallas, (Gurriarán y Romero, 2011: 318-319). Tal y como muestra la (Figura. 2) empieza en la torre T6 sigue hacia el sur hasta llegar a la puerta de Málaga, en el vértice sureste del conjunto, y luego otra vez avanza hacia el noroeste hasta llegar a la plaza del Carmen, donde está la puerta de Granada (la Puerta de las Bastidas). Desde aquí, los lienzos de muralla se extienden hasta llegar a la puerta de Estepa.

La importancia y envergadura de las obras acometidas en el periodo nazarí[4] se pueden observar en numerosas zonas de los dos anillos defensivos. Las excavaciones arqueológicas han permitido distinguir tres elementos: en primer lugar, las torres y lienzos, junto a una fortificación previa construida mediante forro de mampostería, que fue unida a una barbacana; en segundo lugar, la alcazaba y la torre Blanca; Finalmente y como elemento característico, la puerta de Málaga. (Ibídem: 319).

La construcción de numerosas torres y lienzos que se levantan tras una fortificación previa puede distinguirse gracias a su obra en mampostería, en el lado noreste del primer recinto murado, entre las torres T3 y T6. Además, una barbacana fue adosada entre la torre T3 y puerta de Granada.

Las murallas, en total, cubren una superficie de 6 hectáreas aproximadamente[5], sin embargo el área de acción de las murallas ronda las 11,50 hectáreas (Ibídem: 316). El grosor de los muros varía entre 1,20 y 1,80 m.

La muralla de Antequera cuenta con 26 torres y 25 lienzos en total, las torres son doce en el primer recinto, de las cuales once tienen su planta rectangular o cuadrada y una semicircular, que es una torre maciza. El segundo anillo que protegía la madīna está en mal estado de conservación y ha perdido el sentido militar. Tiene trece torres, tres de planta semicircular, que son torres macizas, y diez de planta rectangular.

Las técnicas constructivas varían[6]. Podemos encontrar mampostería de piedra irregular, tapial, estuche de ladrillo, hormigón de cal y sillería. A esto hay que sumar un dato muy significativo: algunas de las grandes obras nazaríes fueron las alcazabas. En términos de procedimiento de su construcción encontramos tapial o mampostería de piedra.

Los andalusíes transportaban las piedras de las canteras más próximas, entre ellas antiguos edificios romanos, para las construcciones de sus edificios religiosos, civiles y militares. Es decir, el reaprovechamiento del material de edilicia está constatado por doquier, con la intención de reducir el gasto. Pero a veces, el Estado podía imponer un “impuesto” específico para la edificación de cercas de las ciudades. (Abbas, 2013: 123). Posteriormente se utilizaron materiales nuevos para la construcción de las murallas, que emplearon varios métodos constructivos a partir de la expansión de la ciudad. Esto se aprecia claramente en el estudio de la cronología de las murallas (Romero Pérez, 2002: 149).

En la actualidad una parte de las murallas está desaparecida, mientras otra se conserva en buen estado. En el lado noreste se ha conservado la obra original, con sus técnicas y materiales sin modificar[7].

Su técnica principal es la sillería regular, la cual destaca sobre todo en las torres T1 y T4. Se compone mayoritariamente de piedras de mediano tamaño (de aproximadamente 40 cm. de largo por 25 cm. de ancho) aunque en la base podemos ver piedras de gran tamaño, aportando solidez a la estructura. En la parte superior pude distinguirse con mayor facilidad una mampostería enripiada (Gurriarán y Romero, 2011:322). La adaptación de las piedras es impecable y, además, los rellenos de calicanto han sido bien elaborados, como podemos ver claramente en las torres T10, T11y T12 (Figura. 6). En los lienzos murarios que existen entre los muros L9 y L12, podemos observar la fábrica original que se realizó en mampostería con piedra extraída a pie de obra, colocando los mampuestos por hiladas en los dos espejos y rellenando los espacios interiores con piedras de menor tamaño, unida con mortero de cal con arena. En este sector podemos observar la reforma realizada en el s. XIII (Romero Pérez, 2002: 152).

Figura 6. Torre (11). A) frente (S-O). B) cara (N-O). C. frente (S-O). Utilización de sillería y mampostería enripiada.

La anchura media de la muralla en este primer recinto es de 2,1 m, mientras la altura conservada depende del tramo, llegando a los 19 m. de altura máxima conservados para el caso de la torre blanca (T4) y una mínima de entre 1 y 2 m, como ocurre con la torre T6.

La variedad de técnicas constructivas hace que sea muy difícil identificar las fases anteriores al s. XII[8].

Los revestimientos de mampostería sobre distintos tramos de la muralla de tapial era un dato desconocido por la investigación hasta hace diez años[9]. No obstante, a lo largo de las campañas de excavación del año 2001[10] se limpió parte del frente meridional de la fortificación, dejando al descubierto una abundante información sobre este sector del amurallamiento urbano o segundo anillo (Gurriarán y Romero, 2011: 320).

La estratigrafía muraria realizada en el tramo que va desde la Puerta de la Estepa hasta la Torre 1 (T1) nos ha ayudado a definir los distintas fases de construcción y reparación del paño. Esto ha sido posible gracias a las recientes campañas de excavación, y a la utilización de criterios de diferenciación en los recrecimientos y añadidos. Podemos determinar, por ejemplo, que todos los torreones de este lienzo fueron realizados con sillares de piedra (Romero Pérez, 2003: 184-185).

6. Las puertas de la villa

Las puertas de Antequera simbolizan y muestran aspectos importantes de la historia política, social y urbana de la ciudad, y son necesarias para estudiar otros elementos arquitectónicos dentro de ella. Estas puertas se localizan en los cuatro puntos cardinales, buscando varias direcciones. Como puede verse en el plano (vide supra) que muestra la situación de las puertas. De norte a sur y siguiendo el sentido de las agujas del reloj son: puerta de Estepa o de la Villa, postigo de la Estrella(Figura. 7) puerta de las Bastidas o del Camino de Granada, postigo del Agua y puerta de Málaga (Figura. 8)

Figura 7. A) Puerta de la Estrella en la cara exterior oeste-norte. B) Puerta de la Estrella hacia 1930 (Fuente: San Millán. 2001. P: 46). C) Planta simple de la puerta de la Estrella. D) Puerta de la Estrella en su fachada oeste-norte La técnica constructiva es mampostería enripiada y sillarejo.

A través del desarrollo de las murallas podemos indicar que las puertas no se realizaron en un mismo proyecto edilicio, sino que, al contrario, presentan diferentes momentos de construcción. El acceso al primer recinto defensivo debió producirse por la puerta de Estepa o de la Villa, donde actualmente se levanta el denominado arco del Gigante.

Figura 8. Puerta de Málaga. A) Vista actual en el frente S-O. B) Estado de la puerta en 1915 (Fuente: San Millán. 2001: P. 14). C) Planta simple. D) Frente S-O. Técnica constructiva: sillarejo y mampostería

Sin duda, la situación de estas puertas es una respuesta arquitectónica y urbanística a las necesidades de la población. Se erigen en estrecha relación a la disposición que ocuparán determinadas construcciones civiles y oficiales de importancia (mezquita, residencia del gobernador, aljibes…) y vienen determinadas por la topografía y otras estrategias políticas y defensivas. A su vez, las puertas intervienen en la configuración comercial de la ciudad con respecto al mundo exterior.

Estas puertas no tienen las complejidades arquitectónicas de las existentes en otras ciudades, como por ejemplo la Alhambra de Granada. Al contrario, las puertas de Antequera adquieren una funcionalidad esencialmente defensiva, careciendo de estilos decorativos.

En lo que respecta a técnicas constructivas se recurre, en una primera etapa, al sillarejo, dispuesto en hiladas y calzado con ripios y fragmentos de piedra, como en el caso de las puertas de Estepa o de Málaga (Figura. 8). En la parte superior de los muros podemos observar la fábrica con mampostería variable y el uso de ladrillo como material secundario, como se puede ver en el postigo del Agua. También el uso de la madera y el ladrillo es recurrente en el proceso de elaboración de bóvedas, de lo que dan fe las puertas de Málaga y del Agua.

De las puertas antequeranas la puerta de Málaga es la más importante, y se diferencia de las demás porque está formada por todo un edificio, y es por tanto la que presenta una mayor complejidad constructiva. Se sitúa en el ángulo sur del recinto, formando la única entrada en esa zona de la fortaleza. A partir de la cual se arranca el camino hacia la ciudad de Málaga. Consta de un espacio curvado con doble ángulo y una entrada en recodo, y su fachadadeja ver un elevado arco de herradura con alfiz.

No disponemos de una fecha precisa para el alzamiento de esta puerta aunque muy posiblemente podría haber sido construida durante el s. XIV.

El postigo de la Estrella se sitúa en el lado norte de la fortaleza. Se trata del arco de una torre albarra­na de planta cuadrada, que a su vez se apoya sobre otra torre parcialmente enmas­carada por viviendas modernas. En lo que respecta al vano con su arco de medio punto, echando un vistazo a las fotos antiguas, podemos decir que ha sido fruto de las obras modernas y que ha sufrido varias remodelaciones. La más significativa de ellas consistió en habilitar la escalera de acceso para salvar la diferencia de cota del terreno, colocándola en el emplazamiento de una vivienda unifamiliar. La técnica principal es mampostería enripiada y dispuesta por hiladas alternadas con verdugadas, y unidas con mortero de cal y arena (calicanto). Cuenta con refuerzo de sillería en las esquinas y no se observan restos de enfoscado exterior.

La puerta de Estepa o de la Villa era una torre-puerta situada en el extremo norte del recinto, cuya posición estratégica parar controlar los caminos hacia el norte de la ciudad de Antequera. Constituyó el primer acceso a la fortificación y dio respuesta a una necesidad política y representativa, pues era empleada por el Sultán y los representantes de los príncipes. Se diferenciaba del resto de puertas por su técnica constructiva, en sillería irregular, dispuesta en hiladas y calzada con ripios y fragmentos de piedra. Actualmente no quedan restos visibles de la estructura original (Atencia Páez, 1981: 47-54) ya que fue reemplazada en 1585 por el Arco de los Gigantes (Torres Balbás, 1951: 443). En su origen contaría con una barbacana y un foso, según un documento de 1502 conservado en el archivo municipal. (Alijo Hidalgo, 1983: 9).

El postigo del Agua se sitúa en el lado sureste de la villa. Se trata de una puerta simple con un vano de acceso rematado por un arco de medio punto. Está construida en mampostería enripiada con refuerzo de sillarejo en las esquinas, aunque en su origen estaba construida en sillería. El mampuesto, obra moderna, se ha introducido de manera poco cautelosa, tal y como se observa de la dispar modulación de sus piezas y de la tendencia de crear hiladas bastante irregulares.

La puerta de las Bastidas o del Camino de Granada, desde esta misma empieza el camino hacia la ciudad de Granada, hoy desaparecida,se considera el primer ejemplo que encontramos en el conjunto del tipo torre albarrana. No es fácil encontrar referencias sobre ella y solamente Manuel Romero Pérez le ha dedicado unas frases (Romero Pérez, 2002: 165). Un sondeo arqueológico en la zona podría aportar más información sobre la configuración del acceso y confirmar o desmentir la hipótesis de la ubicación de dos barbacanas y un foso en sus proximidades.

7. Fases y técnicas constructivas

Se ha observado que las murallas de Antequera tienen distintas fases constructivas: (Romero Pérez, 2003: 178-202).

  • A los siglos VI-VII corresponde una parte del cinturón defensivo[11]. Podemos observar algunas piedras en las bases de las torres y las murallas recicladas de época romana, de gran tamaño y con inscripciones, que diferencian esta obra de otras realizaciones islámicas. Hemos localizado algunas en la torre del Homenaje, en el primer recinto defensivo. Esto viene a confirmar que la ciudad de Antequera fue ocupada por aquellos antes de la llegada de los musulmanes.
  • La segunda fase engloba los siglos X-XI. Se trata del primer recinto defensivo islámico propiamente dicho, compuesto por las torres T1, T4, T5 hasta la torre T12 (vide supra) además de sus lienzos. El estado actual de las murallas no permite obtener mucha información sobre esta fase, y sólo podemos analizarla mediante intervenciones arqueológicas. Los estudios señalan que las técnicas empleadas son la mampostería de piedra irregular y el tapial de estuche de ladrillo y de sillería. Tras las actuaciones del 2001 se han podido localizar restos de la muralla original junto a la torre Blanca T4, perteneciente a este momento. Las torres antes mencionadas parecen ser las primeras construcciones realizadas en este momento, siendo la base sobre la que se fue edificando posteriormente el resto del primer recinto islámico.
  • La tercera fase se corresponde con los siglos XI-XII. Se trata del segundo anillo de murallas. Empieza en la torre T13 hasta la torre T26 con sus correspondientes lienzos. En la primera torre, el interior se maciza mediante tapial, mientras que el exterior se revoca con enlucido muy fino de cal. En ésta se distingue claramente la fábrica original y el forro añadido en la centuria siguiente. La torre T14 sólo era visible en su parte superior de tapial, tanto que el efecto de la erosión la hacía parecer de planta circular. Una vez efectuados los trabajos de limpieza y consolidación por parte del Ayuntamiento de Antequera, hemos podido contemplar como en realidad tiene planta cuadrada: de unos. 4,2 m. de lado y se ha conservado con una altura máxima de 10,2 m. Al igual que el torreón de flanqueo anterior, su fábrica original era de tapial calicanto, al que se le aplica un enlucido de cal. Posteriormente, en el s. XIII, se le añadió el forro de mampuesto, además de un antemuro de tierra prensada de 1,9 m de altura, realizado en capas de unos 60 cm. Una vez prensada la capa se le agrega otra muy fina de cal, para proporcionarle mayor consistencia. (Romero Pérez, 2002: 160).
  • La cuarta fase comprende el s. XIII. Este momento es fácilmente identificable ya que se construye la barbacana mediante un revestimiento de mampostería regular de piedras calizas de mediano tamaño en todo el recinto. En la cara exterior de los torreones de la muralla anterior, a modo de reparación o refuerzo, se extiende por todo el recinto murado salvo por el lateral este. Su construcción estaba encaminada a aumentar la consistencia de las murallas.
  • La quinta fase corresponde al S. XIV. Se identifica con una construcción de refuerzo: la barbacana de las torres T3 y T6. La técnica es de sillería rectangular, mampostería enripiada y piedras de diferentes tamaños.

Por último, no se pueden obviar las modificaciones llevadas a cabo en época moderna correspondiéndose principalmente a la reconstrucción muraría mediante piedras unidas con cal y cemento.

En conclusión, pensamos que la primera fase constructiva medieval (S.XI) es de tapial y se encuentra en varios elementos defensivos de los dos recintos murados. La mampostería enripiada debe fecharse entre los siglos XII y XIV y se ubica en diferentes elementos de la fortaleza, como refuerzo para las murallas en este lado.

En la Baja Edad Media, Antequera era una ciudad de frontera dentro del Reino de Granada, constituyendo la punta de lanza frente a la amenaza del hostil reino de Sevilla. Se configuraba como el acceso natural desde el Valle del Guadalquivir hacia el Reino Nazarí.

Según lo señalado anteriormente, se puede afirmar que Antequera fue una ciudad de gran importancia en el sur de la Península Ibérica. Serán los almohades quienes la dotarían de la mayor parte de los elementos urbanos defensivos más significativos (murallas y torres), acrecentando su nivel jerárquico respecto a las ciudades vecinas.

Posteriormente, los nazaríes reforzaron el recinto murado de la madīna, sus lienzos murarios y torres, sin alterar su perímetro. Ello se pone de manifiesto en un aparejo concreto de mampostería enripiada en la que las torres de planta rectangular tienen sillares en las esquinas, como sucede en las torres T9, T10, T11 y T12.

Los constructores nazaríes, con este reforzamiento defensivo, indicarían su llagada a la ciudad, quedando constancia de ello, por ejemplo, en la Puerta de Málaga. Por tanto, fue uno de los enclaves fortificados por Muḥammad V en los años centrales del s. XIV. (Martínez Enamorado y Romero Pérez, 2010: 42-43). La existencia de unas constantes reformas, reconocidas en otros castillosfronterizos, y la identificación con el programa mencionado, del que tenemos constancia en las fuentes, nos permiten contar con una cronología precisa.

El resto de los elementos de la muralla pueden considerarse externos, se trata de las cavas, barbacanas, albarranas, etc. Los dos primeros iban comúnmente asociados.

Las cavas o fosos representan, como es sabido, el más primitivo sistema de defensa de toda fortaleza, y abundaron en las ciudades andalusíes, en las que llegaban a formar cinturones de agua que tenían que ser imprescindiblemente cegados por los asaltantes. Antequera poseía también su foso, con agua, aunque pensamos que no rodeaba toda la fortaleza sino sólo algunos elementos clave de la puerta de la Villa, las torres T23, T24 y T24. Eso permite hacernos una idea del peligro que rodeaba la ciudad de la zona norte. Junto al foso se encontraba la barbacana o antemuro.

En cuanto a las albarranas, eran torres exteriores de vigilancia y defensa, que impedían el acceso a la barbacana o, en su ausencia, a la propia muralla. Normalmente estas torres no estaban completamente exentas, sino que contaban con un muro sobre el que discurría el adarve y las enlazaba con la cerca principal. Entre el muro y la torre quedaba un espacio abierto, resuelto normalmente en arco, que a veces coincidía con el trayecto de la barbacana, y que en Antequera delimitaba, por la cara este, un camino conocido hoy como «Bajada del Río», (Antonio, 1987: 53).

Las torres albarranas con que contaba la cerca antequerana respondían al modelo descrito: tanto la de torre T25.de mayores dimensiones, como la T20.y la situada en sus inmediaciones, hoy demolida en parte. La segunda, cumplía además un papel primordial, ya que a través de ella se recogía el agua del río. El sistema defensivo se completaba con torres vigías situadas en los alrededores de la villa.

Podemos afirmar que la alcazaba de Antequera ha tenido una relación directa con las torres en su entorno, y las propias formaciones montañosas ya que suponían una defensa natural de gran importancia estratégica. Los castillos están asociados a cerros elevados, muy abruptos, con escarpes pronunciados y fuertes. Las numerosas torres construidas en zonas estratégicas aseguraban la protección de la fortificación. Así, mirando hacia el sur de la Alcazaba, podemos ver unas torres, y mirando hacia el norte otras, habiendo una relación visual entre las torres y el castillo. También comunicaba con la torre del Hacho que se encuentra en una zona más alta, cerca del castillo que controla los caminos de Archidona y Málaga (Figura. 9). Por lo tanto, la seguridad del Estado fue fundamental en los periodos musulmanes y la estrategia más avanzada en su tiempo fue la construcción de las torres.

Figura 9. Las defensas medievales en el entorno de Antequera. La relación entre las fortalezas y la alcazaba de Antequera

8. Conclusiones

Antequera ha tenido una relevante edilicia militar en época medieval, la cual ha sido resultado inevitable de la situación política. La arquitectura nazarí destaca por su marcado carácter militar, tipología y técnicas constructivas, y se basa en la tradición peninsular. Al tomar y mejorar las realizaciones almohades llega a lograrse un carácter singular.

Los elementos configuradores del sistema defensivo (alcazaba, torres, puertas en recodo, atalayas...) facilitaron la protección, el control y la comunicación del Reino.

Aunque Antequera cuenta con complejos sistemas amurallados, edificios públicos y privados, infraestructuras y zonas de residencia, creemos que lo correcto es referirnos a ella con los términos de villa (Balda en árabe) o enclave, en lugar de medina. Las diferencias entre ella y otras ciudades de entidad la relacionan más con un ḥiṣn.

Se trata, en cualquier caso, de un centro de poder desde el cual se controla al resto del territorio y es el escenario de importantes operaciones mercantiles. Las relaciones entre el poder y la arquitectura se ven claras en la edilicia militar. Ello, junto al papel comercial y estratégico desempeñado, determina la evolución de la villa.

Una parte fundamental de este estudio ha sido el análisis de las estructuras emergentes, el cual se ha complementado con un repaso de las fuentes textuales y bibliográficas.

En Antequera se han identificado diferentes fases constructivas que se localizan en varios puntos del sistema defensivo. Se observan restos puntuales de los siglos VI-VII, e incluso anteriores, sobre los que se construyen posteriormente los muros correspondientes a los siglos X-XI. Se trata de la primera fase constructiva propiamente dicha del periodo islámico que se verá alterada con los cambios y reparaciones efectuados con posterioridad. En los siglos XI-XII se levanta la segunda fase del anillo de las murallas, este momento constructivo se corresponde con torres, puertas y lienzos de cuerpo macizo en tapial, que se enlucen exteriormente con una capa muy fina de cal. Al s. XIII corresponden obras en mampostería concertada o regular de piedras calizas, mientras que en el siglo XIV se utiliza mampostería enripiada. Es frecuente reforzar las esquinas con sillares y el uso de enfoscado exterior, que deja la piedra vista con un llagueado a modo de vitola entorno a ella. Esta fase se corresponde con una importante actividad constructiva propiciada desde el poder estatal, que debe corresponderse con otros núcleos fronterizos cercanos como parte de un mismo proyecto ejecutivo, lo cual puede verse gracias al estudio de las técnicas utilizadas y las fases de construcción.

Finalmente han de diferenciarse las remodelaciones realizadas tras la conquista cristiana. A una última fase corresponderían los trabajos de consolidación de época moderna, en la que se utiliza mortero con cal y cemento, y donde predomina el aspecto integrador. El estado de conservación del recinto amurallado es bueno por lo general. El único inconveniente de este tipo de restauraciones es que no son del todo rigurosas, pues conlleva una pérdida de información para posteriores estudios por la utilización de materiales no adecuados, como el caso del uso del cemento sobre las estructuras originales, que con frecuencia pueden sufrir un exceso de filtración de sales. Este hecho se traduce en un velo blanquecino que hará ilegibles las zonas originales y propiciará su destrucción con el paso del tiempo.

En lo que respecta a los accesos en la villa de Antequera, estos adquieren una funcionalidad esencialmente defensiva. Las puertas pueden integrar patios, ejecutar su entrada en recodo simple, constituirse como edificio autónomo o servir de comunicación por medio de una puerta simple flanqueada por torres albarranas. En lo que a complejidad arquitectónica se refiere, estas puertas resultan sencillas si las comparamos con las existentes en otras ciudades, como por ejemplo sucede en la Alhambra de Granada.

Aunque las puertas tuvieron una gran cabida en los programas arquitectónicos de época nazarí, para detectar la cronología original de cada una de ellas sería necesario realizar sondeos arqueológicos en las inmediaciones, lo cual proponemos como futura línea de investigación. Las fuentes textuales no han aportado información relevante en este aspecto, aunque proponemos una revisión más exhaustiva de los textos árabes de la época. Este estudio podría ayudar a interpretar el origen y la fisionomía de puertas que han desaparecido o no han llegado en buen estado, como sucede con la Puerta de las Bastidas de Antequera y, en términos más generales, dar a conocer la evolución del espacio público.

Finalmente, proponemos realizar una serie de sondeos arqueológicos en zonas concretas de la ciudad en que no se han realizado estudios precisos.

En definitiva, pensamos que todavía quedan muchas cuestiones por resolver en las villas fronterizas del reino nazarí. El análisis de ciertos aspectos, como los aquí comentados, contribuirá a un mejor conocimiento de la incidencia política en dichas villas durante los últimos años de dominio islámico y, en concreto, a esclarecer la significación los sistemas defensivos en esta época.

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[1] Este artículo ha sido llevado a cabo en el contexto de nuestra investigación doctoral titulada, «La arquitectura defensiva en la ciudad nazarí: Antequera y Archidona», dirigida por Antonio Malpica Cuello, Catedrático de la Universidad de Granada.

[2] Torres Balbás afirma que es probable que la Anticaria romana ocupase el mismo emplazamiento que la ciudad islámica, y esta heredase su nombre ligeramente transformado.

[3] De esta época tenemos una referencia de al-Idrīsī, que escribía que Antequera estaba poblada a pesar de los continuos enfrentamientos bélicos que tuvieron lugar en al-Andalus después de la muerte de Almanzor, y afirma que: “Entre Málaga y Córdoba, se sitúan varias fortalezas inaccesibles que son sedes en estas zonas. Son la ciudad de Archidona y la ciudad de Antequera” (Al-Idrīsī, 1866: 204).En otro el testimonio de Yāqūtal-Ḥamawī mencionó que Antequera es una fortaleza, situada entre Málaga y Granada, véase (Yāqūt, 1974: 370-371). A través de las referencias en las fuentes árabes que mencionan la ciudad de Antequera podemos decir que el recinto amurallado estaba en pie a finales del siglo XII y principios del siglo XIII. Manuel Romero Pérez afirma que fueron los almohades quienes dotaron a la ciudad de la mayor parte de los elementos urbanos que la hacían reconocible.

[4] En el siglo XIV los nazaríes realizan obras de revestimiento de estas murallas con mampostería, dotándolas de la apariencia pétrea que poseen hoy.

[5] El aspecto de la ciudad musulmana de Madīnat Antaqira era el de un asentamiento de tamaño intermedio, con un recinto intramuros de 63.140 metros cuadrados, que se disponía sobre un accidentado relieve, de suficiente altura frente a otras elevaciones cercanas.

[6] Sin duda los restos de las murallas de Antequera indican sus fases de constructivas en algunos puntos. En la zona donde está la alcazaba podemos ver huellas de obras más o menos diferentes, sobre todo en las piedras usadas en las bases de las torres del primer recinto defensivo donde está la torre homenaje. También tenemos que señalar la modificación realizada a lo largo del tiempo que se detecta en la propia cronología y cambio de las murallas. Así podemos decir que la alcazaba se emplaza en el sitio más importante de la ciudad, el campo del poder, cuyo predominio ya se hizo notorio en épocas anteriores a la ocupación islámica y ha continuado a lo largo de la historia. Y es que, un tramo de las murallas de la ciudad estaba en pie ya en la época romana, tal y como mencionaba Torres Balbás.

[7] Según Torres Balbás, la cerca de Antequera debió quedar en gran parte destruida a fines del siglo XVI. Entonces, en virtud de una orden de Felipe II, se hizo una valoración física de la fortaleza que determinó la reparación de muros y torres. Este hecho permite confirmar que algunos de los cambios detectados en la técnica constructiva de los lienzos corresponden a fases muy posteriores a la obra original. Todo ellos lo tratamos en los siguientes apartados.

[8] Gracias al estudio presentado por Manuel Romero Pérez es posible interpretar las murallas y las modificaciones realizadas dentro de la alcazaba. Ha de recalcarse el hecho de que no queden restos del periodo almohade en la fortaleza.

[9] De los trabajos realizadas últimos años en varias fortalezas, como en el caso del castillo de Archidona y el castillo de Zagra se observa la técnica mencionada anteriormente, lo que indicaría que Antequera es una de numerosas ciudades andaluzas que ha mostrado la fábrica de mampostería sobre una muralla de tapial. Como resultado de los trabajos realizados en Antequera y Archidona hemos podido documentar las distintas fases constructivas de ambas ciudades, desde sus respectivas fundaciones hasta mediados del siglo XIV d. C. Ambas disponen de un modelo similar en las tipologías constructivas defensivas, representado ampliamente en numerosas construcciones, y que ha sido interpretado como fruto de un programa arquitectónico impulsado por el estado nazarí. Ver más en (Abbas, 2013: 109-159).

[10] Los trabajos de documentación fueron realizados por la Delegación Provincial de Cultura y el Ayuntamiento de Antequera. Formaron parte del equipo de trabajo los topógrafos M. José Hurtado y Víctor Baceiredo Rodríguez, y el arqueólogo municipal de Antequera Manuel Romero Pérez.

[11] Manuel Romero Pérez menciona que algunos investigadores opinan que el castillo árabe tiene un origen bizantino. En realidad no tenemos pruebas que corroboren lo anterior, pero atendiendo a distintos elementos constructivos localizados en el primer recinto defensivo, hemos observado huellas de piedras de gran tamaño y con la comparación con otros castillos de cronología conocida, nos lleva a pensar que es posible la anterior afirmación.