Número 17. Enero-Diciembre 2010

Grafoanálisis y aspectos y signos de alarma en los escritos escolares: aplicación al plan de centro y a la prevención de conductas disruptivas y predelictivas

Graphoanalysis and Issues and Warning Signs Posted in School: Center Implementation Plan and the Prevention of Disruptive Behavior and Pre-Delinquent

José Domínguez León

UNED. Centro Asociado de Sevilla (España).
jdominguez[at]sevilla.uned.es

El presente trabajo supone una síntesis y una aportación sobre las bases del grafoanálisis, y su aplicación al ámbito educativo, en el aspecto concreto de la detección de signos de alarma en los escritos escolares. Se define el proceso grafoescritural compatible con la normalidad y el que se vincula con rasgos alejados de la misma. Se elabora una clasificación que permita realizar un análisis grafoescritural de tales signos en el medio educativo.


Fecha de recepción: 14/4/2010

Fecha de aceptación: 2/6/2010


Palabras clave: grafoanálisis, proyecto curricular; trastornos de la conducta, delincuencia, criminalística.


Para citar este artículo: Domínguez León, José (2010). Grafoanálisis y aspectos y signos de alarma en los escritos escolares: aplicación al plan de centro y a la prevención de conductas disruptivas y predelictivas. Revista de Humanidades [en línea], n. 17, artículo 6, ISSN 2340-8995. Disponible en http://www.revistadehumanidades.com/articulos/14-grafoanalisis-y-aspectos-y-signos-de-alarma-en-los-escritos-escolares-aplicacion-al-plan-de-centro-y-a-la-prevencion-de-conductas-disruptivas-y-predelictivas [Consulta: Martes, 23 de Julio de 2019].


Abstract: This paper is a summary of certain aspects within the field of graphoanalysis applied for educational purposes, specifically focussing on detecting alarm signs in school handwriting. Graphic and writing processes compatible with normality, as well as those removed from that, are defined in the paper. This paper concludes with a classification which allows us to produce a written, graphical analysis of such signs in the academic field.


Keywords: Graphoanalysis, school programme, behaviour disorder, delinquency, criminology.

Sumario
1. Grafoanálisis y su aplicación en la detección de aspectos y signos de alarma en los escritos escolares. 2. Aportaciones significativas desde el grafoanálisis al estudio y la intervención ante trastornos de la conducta en el medio educativo. Una valoración global de los signos de alarma en los escritos escolares. 3. Aspectos gráficos y grafoescriturales a tener en cuenta para grafoanálisis general y en su aplicación a la detección de signos de alarma en los escritos escolares. 4. Principales aspectos a considerar en la detección de signos de alarma en los escritos escolares por el profesorado. A modo de conclusión. 5. Referencias bibliográficas.
Artículo

1. Grafoanálisis y su aplicación en la detección de aspectos y signos de alarma en los escritos escolares

El ámbito educativo se ha visto convulso en las últimas décadas, y en particular a lo largo de los últimos años, con una serie abultada de acontecimientos que delatan el progresivo aumento de conductas contrarias a la convivencia escolar, de conductas disruptivas, trastornos de la conducta que van desde aquellos que se pueden abordar en los centros educativos hasta aquellos que sobrepasan sus posibilidades de tratamiento, e incluso actitudes unas veces rayanas en lo predelictivo y otras inmersas en ello, sin dejar atrás los más variados trastornos que se plasman en actitudes y conductas perniciosas para sus actores –desde niños a jóvenes- y para toda la comunidad educativa, en general. El grafoanálisis puede aportar luz a esta cuestión, en el sentido de ofrecer elementos clave para la valoración de aspectos grafoescriturales que pueden ser signos de alarma en los escritos escolares, con el objetivo de prevenir posibles actitudes o conductas no deseables o, en su caso, facilitar factores de análisis que permitan al profesorado, los orientadores, los cargos directivos de los centros, los padres, las familias y el contexto social del alumnado afectado afrontar el tratamiento consecuente en las mejores condiciones posibles.

A través de diferentes trabajos se puede seguir cuáles son las principales aportaciones a esta cuestión, desde un punto de vista teórico y aplicado, que han sido recogidas en algunos trabajos encaminados a desarrollar el grafoanálisis en el marco educativo (Domínguez León, 1998, 2000a, 2000b, 2001, 2006, 2009), que parten de investigaciones básicas. En estos trabajos se subraya globalmente que es preciso superar los aspectos evaluativos en general, que es, precisamente, lo que parece poder asumir la institución escolar, para pasar a un nivel de intervención más complejo, eficaz y comprometido. En otros trabajos, en un marco general educativo, se puede incardinar un conjunto de líneas de investigación que avalan los avances en grafoanálisis educativo (Domínguez León 1997a, 1997b, 1997c, 1999).

El presente trabajo supone un intento de avance en el proceso de dotar a los investigadores en el área de las conductas infantojuveniles no deseadas, al profesorado, a los centros escolares, y a cuantos profesionales intervienen en la educación, de unos esbozos de instrumentos mínimos que permitan, desde el grafoanálisis, mejorar las intervenciones ante las conductas disruptivas del alumnado, o ante los trastornos de conducta de mismo. La propuesta, formulada en términos concisos, debe llevar a aplicar el grafoanálisis en un sentido preventivo, y no solo en el de la valoración cuando ya se han producido actitudes preocupantes en cuanto a conducta del alumnado. Se trata de evaluar, pero también de valorar detectando aspectos y posibles signos de alarma en los escritos escolares. No es una novedad, aunque sí hay que subrayar que casi no se aplica en países como España o en otros de su entorno educativo y cultural, dados los estrechos márgenes que permite el sistema educativo.

2. Aportaciones significativas desde el grafoanálisis al estudio y la intervención ante trastornos de la conducta en el medio educativo. Una valoración global de los signos de alarma en los escritos escolares

Algunas de las aportaciones en este terreno provienen del grafoanálisis en general, de sus vertientes forenses, judiciales, de la psicología criminal y de la criminalística y criminología (Bidoli, 2001; Foglia, 2004; Juárez López, 2005; Mardomingo Sanz, 1994, 2002; Mastronardi. Bidoli y Calderaro, 2001; Mastronardi y Bidoli, 2001; Moreno, 2007; Ramos Gascón, 1995; Rodríguez-Carballeira, Almendros Rodríguez, 2005; Soria Verde y Sáiz Roca, 2005; Soria Verde, 2005; Tesouro de Grosso, 2006; Vels, 1991).

En el aspecto del grafoanálisis conectado con la educación sobresalen algunas aportaciones tanto de este campo específico como de otros relacionados con el mismo (Barón Salanova, 2005; Crotti y Magni, 2007; Ruiz de Azúa Mercadale, 2005). Jacqueline Peugeot elaboró una de las mejores obras sobre la escritura de los niños y sus dificultades que, prácticamente, sirve de base para comprender lo mucho que queda por hacer en el ámbito educativo en este aspecto. Peugeot aborda la cuestión de la afectividad y el carácter del niño a través de la escritura, y se cuestiona cómo se traduce el retraso afectivo en la misma. En principio, un retraso grafomotor en un niño de inteligencia normal expresa un retraso afectivo, lo cual implica la necesidad de conocer el nivel intelectual del niño. El retraso afectivo se suele acompañar de falta de autoconfianza, así como de dificultades de identificación. Se puede presentar con timidez, inhibiciones, renuncia, e incluso ser la causa de una necesidad de reconocimiento con agresividad, y hasta dar lugar a comportamientos regresivos con actitudes impulsivas o inconformistas. Cabe indicar que la autoconfianza juega un destacado papel en la evolución psicopedagógica del niño, y si esta se pierde o se aminora, es preciso establecer una terapia para recuperarla. La falta de confianza en uno mismo se detecta en los escritos de los niños porque presentan trazados inhibidos, con jambas truncadas, encogidas o colgando hacia la izquierda, disminuciones del tamaño, firma tachada o, también y por el contrario, por medio de signos de agresividad, lanzamientos, finales afilados o en maza, contacto anguloso con la línea, jambas triangulares, ... Sin embargo, estos signos pueden no aparecer en contextos de retrasos grafomotores (Peugeot, 1999, pp. 137-143). Solo a partir de estos rasgos, en ambientes grafomotores compatibles con la normalidad en cuanto a su evolución, ya podemos hacer bastante en cuanto a evaluación grafoescritural, detección de posibles problemas e instauración de las acciones terapéuticas o pedagógicas adecuadas. De acuerdo con lo que hemos analizado, parece que se puede describir con estos elementos grafoescriturales un posible cuadro de trastorno de la conducta. En tal caso, detectado por el análisis grafoescritural, y en determinadas circunstancias se podría adelantar el diagnóstico a las manifestaciones conductuales del niño, aspecto en el que la institución educativa tiene mucho que hacer y decir, puesto que valora la adaptación del niño en su medio escolar y tiene un elevado número de claves para interpretar lo presente, y establecer medidas para mejorar en el futuro la conducta del niño que se presupone, según diagnóstico y pronóstico, que presentará alteraciones en un plazo determinado. Aquí, en consecuencia, se estaría trabajando con unos parámetros no solo educativos sino, fundamentalmente, preventivos.

Peugeot introduce en el análisis de los elementos de la escritura denotativos de la ansiedad y los síndromes gráficos de alerta, puesto que el niño ansioso deja un rastro gráfico claro, aunque su escritura no tiene por qué encuadrarse forzosamente en lo disgráfico. Estos rasgos son: retoques frecuentes, compulsivos, como expresión de un sentimiento de que lo que hace no está bien, y que no deben confundirse con los retoques producidos por problemas de tipo ortográfico; mala calidad en el trazo y en la conducción del mismo, con temblores y abolladuras, que son la plasmación de una intensa sensibilidad; numerosos y tardíos puntos de unión, como muestra de un esfuerzo fallido por enlazar, que se unen a retoques y a trazo sucio y trazo de mala calidad con numerosos engrosamientos; también se pueden dar, por contrario, espacios vacíos entre las letras, a los cuales se pueden agregar espaciamientos arrítmicos entre palabras; las letras se entrechocan, en ocasiones sin que exista como causa la rapidez o precipitación, y se adosan a las letras precedentes (es la adossata en la terminología de la escuela grafológica italiana), en una producción grafoescritural que puede ser lenta o pausada con enlaces en collage, apareciendo las letras “a”, “d”, “g”, “q” en dos veces y disociadas, también aparece la tendencia a letras estrechadas como signo de temor o de miedo a evolucionar hacia adelante, o de dificultad afectiva o de comunicación; irregularidad de tamaño de la zona media, con disminuciones y estrechamientos, como expresión de la fluctuación del sentimiento de si mismo, de la propia desvalorización que suele acompañar a la ansiedad y de una posible tendencia depresiva; escritura retrasada para la edad y algo monótona, inmadurez y o tendencia depresiva; acentuación baja y pesada, como sentimiento de estar oprimido, o de inquietud o culpabilidad; torsiones de las hampas bastante más allá de la edad en que debería desaparecer, con torsiones en la zona media como signo de vulnerabilidad, con malas formas, inadecuadas o extrañas, en ocasiones conectadas con dificultad de identificación; presión demasiado fuerte como signo de un excesivo esfuerzo o crispación, que indica dificultad para distenderse, o la posibilidad de violencia interiorizada o incluso exteriorizada; barras de la “t” inhibidas o descendentes, indicando inseguridad para afirmarse; la escritura descendente, conectada con otros signos de alerta reforzaría estos signos; la escritura blanda, flotante, reforzaría los signos de inmadurez.

Enfatiza Peugeot que todos estos signos deben servir de alerta, aunque son más importantes cuanto mayor sea la frecuencia de aparición, o sea, se presenten más numerosos, si bien hay que valorarlos siempre en función del contexto. A todo esto hay que añadir las frecuentes asociaciones de retoques, reenganches y trazo sucio, o de escritura algo infantil con enlaces en punto de unión, algunas veces monótona, lo cual señala la ansiedad. Con otros comportamientos diferentes, suelen detectar y acompañar la falta de madurez.

Peugeot subraya que la ansiedad que tiene su origen en la primera infancia, está ligada con frecuencia a la ansiedad de la madre, y puede estar conectada con culpabilidad o con un complejo de Edipo mal trascendido. Suele hallarse en un segundo plano en los niños que han sido denominados nerviosos, pues sus conductas inestables les sirven como telón para camuflar la ansiedad que se genera de sus dificultades en las relaciones con los demás. La producción grafoescritural da señales de alerta a veces antes que el entorno del niño aprecie las dificultades o se dé cuenta de los posibles problemas por los que atraviesa, lo cual confiere, según Peugeot, un indudable y aumentado valor a la observación y al grafoanálisis correspondiente. El grafoanalista debe estar muy atento, no obstante, ante posibles errores, como, por ejemplo, interpretar la pequeñez de la escritura como signo de actividad del pensamiento, y la yuxtaposición como signo de intuición, pues en un contexto disgráfico se orientaría la interpretación de un modo muy distinto (Peugeot, 1999, pp. 146-150).

De acuerdo con la misma investigadora, cabe considerar la ambivalencia en los escritos de los niños. Aunque el término precisa de aclaración. Se refiere a la presencia simultánea e indisociable, en un mismo sujeto, de actitudes, juicios y sentimientos totalmente opuestos. Se viene empleando el término para definir o caracterizar el estado psíquico de los niños vacilantes, indecisos, que presentan una mala evolución, que se encuentran sometidos a tensiones por causa de deseos o impulsos contradictorios, que tienen dificultades de elección y se enfrentan a serios problemas para estructurar su personalidad, alcanzando una conducta vital y sentimental equilibrada. Estos niños presentan una escritura con distorsiones en la proporción -prolongada hacia arriba y hacia abajo-, de dirección y de forma. También pueden presentar una ausencia de homogeneidad acusada, si bien este tipo de discordancia no es muy exagerada en los niños con alteraciones del carácter. No se ha de olvidar que, además de esta expresión de ambivalencia, los niños disgráficos o los que tienen un cierto retraso grafomotor suelen presentar una ambivalencia que puede estar asociada a fijación o regresión a un estadio más infantil.

Peugeot apunta que no existen signos de la mentira en la escritura, aunque lo que traduce un yo débil y un rechazo a la realidad o su disfraz puede dejar entrever la posibilidad de tal mentira como conducta. Esos rasgos son el contexto blando, la mala presión, calidad defectuosa del trazo, desfiguración de la caligrafía, letras trazadas al revés, blandas, sin diferenciar, situadas unas por otras, polimorfismo en un entorno pobre. De aquí podemos derivar a los comportamientos globalmente considerados, y su reflejo en la escritura, considerando como tales las maneras de ser o de actuar de los individuos contempladas desde el exterior, así como las manifestaciones objetivas de su actividad global. En los casos de disgrafía, cuando hay predominio del movimiento -aunque este sea inadecuado- sobre la forma, la escritura señala bien y directamente el comportamiento del niño, según indica Ajuariaguerra.

Respecto a los niños caracteriales, con inteligencia normal y comportamiento mal adaptado, se piensa en la relación entre este comportamiento y sus tendencias afectivas. En estos casos, la escritura presenta excesos de su conducta a través de discordancias de varios tipos, si bien no se descarta la habilidad gráfica, al contrario de las disgrafías, en las cuales la cuestión clave la constituyen las dificultades motrices. Gobineau, en sus investigaciones al respecto, denominó a dichas discordancias componentes de exnormalidad. La violencia es otro de los rasgos que podemos valorar en la escritura de los niños. Peugeot sostiene que la escritura de los niños violentos se aproxima a la de los niños con trastornos del carácter, presentando aspectos excesivos -la exnormalidad según Gobineau-, inflados, torsiones, irregularidades en la dirección, cambio de trayectoria, tamaño muy grande o bien muy pequeño, frecuencia de signos de malestar o de alerta como los retoques. Al acercarse a la adolescencia, el niño violento presenta una escritura frecuentemente retrasada en relación a su edad, tal vez como signo de retraso afectivo o de falta de madurez y de autonomía. Igualmente pueden presentar escrituras grandes muy apoyadas con lanzados, como aspecto de expresión de energía bruta, o de un posible paso hacia el acto violento. Aunque Peugeot refuerza que se puede observar la violencia física como más típica de los chicos que de las chicas, y que en estas aparece más raramente, no cabe duda que en los últimos años se ha extendido también la violencia física entre las niñas y las jóvenes, por lo que es preciso revisar y poner al día este matiz (Peugeot, 1999, pp. 150-159).

Gille-Maisani apunta, a propósito de la escritura de varias marchas y la escritura en direcciones diversas, que en la primera puede pensar el grafoanalista en la presencia de la mentira, o que estamos en presencia de signos de disimulo o engaño, pero que en determinado ambiente subvital y espontáneo, se trataría de una de las variedades generalmente más excusables, es decir, la mentira por debilidad. Si los cambios de marcha, en vez de separar fragmentos amplios, se producen de un modo muy cercano, en la misma palabra, y hasta en la misma letra, entonces nos encontramos ante la escritura en direcciones diversas, con una inclinación exageradamente desigual o discordante. En este caso se revela también una personalidad de aspectos múltiples, pero en lugar de manifestarse de manera sucesiva, coexisten a la vez los diversos aspectos simultáneamente, oponiéndose dentro de un estado afectivo o bien en la ejecución de un acto único. Estos individuos suelen estar atraídos al mismo tiempo en direcciones opuestas, y por ello presentan grandes dificultades para elegir y angustia. De aquí que se emplee el término ambivalencia. Esta escritura es frecuente en la adolescencia, de forma natural, debido a los contrastes y las vacilaciones que dan lugar a una conducta plagada de contradicciones.

Si nos encontramos ante una escritura de varias marchas, la interpretación de no fiabilidad es válida en todo momento, de acuerdo, según Gille-Maisani con dos modalidades o razonamientos. En la primera, casi siempre se trata de personas con un yo débil, que se muestran incapaces de resistir a las presiones de su entorno o bien a la fuerza de sus afectos. Constituyen lo opuesto al héroe, mienten por versatilidad, por debilidad o por miedo. Aparentemente sólidas, se vienen abajo cuando sufren alguna presión, pues son inconstantes, inconscientes e inmaduras. En la segunda interpretación, aunque más rara, la escritura es firme, manifestando un yo fuerte y se aprecian signos de mentira, siendo indudable la deshonestidad (Gille-Maisani, 1991, pp. 159-166). Viñals y Puente han investigado y abundado en los posibles signos de la falta de honestidad en la escritura, así como algunos de los denominados gestos-tipo -desde los rizos, la puntuación, las barras de “t”, las jambas, las hampas, los óvalos, hasta la propia firma- son denotativos y se corresponden con determinadas actitudes y rasgos de personalidad como la independencia, la inseguridad material, el materialismo, la mitomanía, la vanidad, el subjetivismo, el ocultamiento, la brutalidad, ..., y, aunque el campo de trabajo se ha circunscrito a escritura de adultos, no cabe duda que puede ser ampliado a niños y jóvenes a partir de una escritura correspondiente a una etapa caligráfica y postcaligráfica (Viñals Carrera y Puente Balsells, 1999, pp 255-286).

Igualmente, Viñals y Puente han aplicado sus investigaciones acerca de los signos de honestidad y otros relativos a la mentira o la ocultación en la escritura en trabajos de gran precisión, dada la naturaleza de los mismos, en el ámbito judicial, en el de la información y formación de oficiales de inteligencia, en el de la documentación de los servicios secretos, en la selección de personal para algunos de estos cometidos, y otros campos en los que se requiere una muy aguda interpretación de la producción grafoescritural debido a las consecuencias de una elección de personal no acertada, o de una investigación sobre materia de seguridad o de estado. Al día de hoy representan estos investigadores una verdadera avanzada en lo que se refiere al grafoanálisis aplicado a terrenos sumamente complejos y siempre cargados de posibles conflictos, a la vez que han creado escuela en cuanto a temáticas y métodos de investigación (Viñals Carrera y Puente Balsells, 2003). Su Diccionario Jurídico-Pericial del Documento Escrito recoge, de manera muy sintética, aunque extensa en la cantidad de entradas y contenidos, lo fundamental de sus aportaciones y la terminología al uso de acuerdo con las distintas escuelas y principales líneas de investigación (Viñals Carrera y Puente Balsells, 2006).

La experiencia en el ámbito de la educación y el grafoanálisis aplicado al mismo parece que corrobora estas apreciaciones de Gille-Maisani y de Viñals y Puente. Viñals y Puente han realizado una fundamental aportación al grafoanálisis al sintetizar, recientemente, cuáles han sido las principales aportaciones del grafoanálisis en las últimas décadas, recopilando ciento cincuenta tesis doctorales, así como numerosos trabajos de muy diferente calado, en un amplio barrido de impacto en el ámbito occidental. Esta obra resulta de referencia obligada para quienes se orientan a realizar investigaciones en este campo, y muy especialmente en el terreno de lo educativo, en el que se escudriñan los logros en neurofisiología grafológica, bases del aprendizaje del grafismo, métodos grafológicos en la enseñanza de la escritura, técnicas grafológicas para la reeducación grafoescritural, psiclogía de la escritura, grafopatología, grafopsicología en orientación, tests grafológicos y grafo-proyectivos, etc (Viñals Carrera y Puente Balsells, 2010).

No hemos de olvidar que junto a la escritura adquieren un gran valor todas las producciones gráficas en el tema que nos ocupa. Los tests proyectivos gráficos han sido empleados desde la psicología y la psiquiatría con bastante profusión y con toda una trayectoria histórica y de investigación. Algunas de las visiones más clásicas de la grafología han aplicado y aprovechado la interpretación que puede efectuarse a partir de dichas pruebas o tests, sobre todo teniendo en cuenta que, una vez validados, algunos de ellos se han convertido en verdaderas estrellas no solo de la reciente y de la actual psicología, sino también del grafoanálisis. Xandró ha empleado el conjunto de tests gráficos aportados desde la psicología, aparte de la estructuración de todo un método de análisis grafológico que ha ido plasmando en diferentes publicaciones (Xandró, 1999, 2001a, 2001b, 2002, 2003, 2005 y 2007).

Algunas síntesis publicadas hace más de dos décadas nos dan idea de la preocupación y de las aportaciones de la investigación en este área, conectando el grafoanálisis de cada momento y la necesidad de aportar a la institución educativa un pilar desde el cual realizar la evaluación de la producción grafoescritural y mejorar los procesos y productos educativos, los problemas de conducta no hacían su aparición con tanta insistencia en las publicaciones de esa etapa. Así, a título de ejemplos que ilustran esta dinámica, Echevarría apuntaba, en el ámbito de la grafología infantil, cómo debía orientarse la interpretación del garabato, el dibujo y la escritura infantil (Echevarría, 1979), y Abad Alegría señalaba cómo debía aplicarse de manera práctica el test del árbol en niños y adolescentes (Abad Alegría, 1985). En un sentido no estrictamente conectado con el área del grafoanálisis, se ha intentado también emplear los tests proyectivos gráficos en el marco del diagnóstico en educación, tal como apunta McAllen, aunque es preciso insistir en que no se trata más que de una aplicación y que casi no toca de lleno el complejo mundo educativo, al barajar las posibilidades de interpretar el dibujo de los niños a partir de los citados tests. En el caso de McAllen se mezclan los contenidos puramente científicos con otros de campos no científicos (McAllen, 2006).

3. Aspectos gráficos y grafoescriturales a tener en cuenta para grafoanálisis general y en su aplicación a la detección de signos de alarma en los escritos escolares

Los principales parámetros para las pautas de interpretación grafoanalítica son: a) Orden. Señala la capacidad de organización y adaptación, aptitud para acomodarse a normas, convencionalismos sociales, o su inadaptación. b) Dimensión. Señala expansión de las tendencias, impulsos y necesidades, irradiación de su energía, la idea que tiene de si mismo. c) Forma. Indica modales, nivel cultural, intereses, preocupaciones, forma de llevar esto a la práctica, conjunto de tendencias que a veces disimula u oculta en su actitud social. d) Inclinación. Indica necesidad de relacionarse con otros. Cabe considerarla de forma espontánea, natural, contenida, inhibida, multiforme o polivalente, negativa o rechazada. e) Dirección. Señala las oscilaciones en el humor o el ánimo, así como de la voluntad. Indica la estabilidad, el esfuerzo continuado, la madurez, los pilares y valores éticos y morales. f) Velocidad o rapidez. Señala el nivel de inteligencia, el ritmo con el que lleva a cabo sus tareas y actividades, el temperamento, las tendencias, los impulsos y el carácter. g) Continuidad. Señala el tipo de inteligencia, la capacidad para relacionar y concatenar los conceptos y las ideas, la intuición y las capacidades para emplear los recursos de forma combinada. Se puede relacionar con las inteligencias múltiples. h) Presión. Indica la energía de las tendencias, de los sentimientos, la voluntad y los instintos.

Organización en la escritura:

Se pueden distinguir diferentes modalidades: escritura inorganizada, organizada y desorganizada.

Escritura inorganizada. Se corresponde con la escritura de los niños, en cuanto aún la calidad de la producción grafoescritural es muy endeble y aparecen rasgos infantiles o de falta de la requerida destreza. Se caracteriza por la inseguridad en el trazo, la desigualdad en las formas, los reenganches en la pretensión de unir o ligar las letras, los posibles temblores por la falta de automatismos en la forma de tomar o coger el útil inscriptor, las confusiones propias de quien todavía no ha desarrollado una escritura sólida o madura como determinados aspectos de confusiones, omisiones, repeticiones, ubicaciones incorrectas, sobredimensionados o infradimensionados en letras o algunos rasgos gráficos, ... que han de ser considerados como propios de quien se encuentra aprendiendo y no relacionables con aspectos patológicos o signos de alarma en la escritura. En todo caso, si el proceso grafomotor y de afianzamiento de la producción grafoescritural avanza y siguen persistiendo los rasgos antes señalados, es preciso analizar si ello se debe a problemas del niño que revierten en una producción grafoescritural no compatible con el normotipo o con la normalidad del neolector y neoescritor.

Escritura organizada. Hablamos de escritura organizada cuando nos hallamos ante la de una persona que ha completado su formación lectoescritora, que tiene los años y la experiencia individual mínima como para realizar una producción grafoescritural madura. Aunque se ha establecido, desde la grafología primero, y desde el grafoanális más tarde, que eso puede coincidir con la etapa de la juventud e incluso de la adultez, se constata en el sistema educativo que un porcentaje muy apreciable de estudiantes de Educación Secundaria y de Bachillerato cuenta ya con una escritura muy madura en este aspecto, pudiendo considerarse como organizada en casi todos los aspectos, aunque, desde un punto de vista grafoanalítico quepa considerar que aún deben madurar bastante en lo personal y, por tanto, en lo grafoescritural. En estas producciones de adolescentes y de jóvenes se aprecian los elementos y factores grafoescriturales que son consecuentes y denotativos de sus rasgos de personalidad, de sus sentimientos y actitudes más íntimos, de sus problemas, deseos, metas y objetivos, así como de sus miedos, frustraciones, tendencias positivas y negativas, etc.

Escritura desorganizada. Este tipo de escritura suele darse en fases de declive personal y mental, en enfermedades y en particular en las de tipo nervioso o neurológico. Se relaciona con etapas finales de la vida, con patologías psíquicas y psiquiátricas, o neurológicas. Sin embargo, guarda también una estrecha vinculación con la escritura de niños, adolescentes, jóvenes e incluso adultos que no se someten a las pautas de organización grafoescritural que se les han enseñado en la escuela. El sistema educativo hace lo posible por inculcar unos saberes básicos y mínimos que deberían constituir el conjunto de elementos a aplicar en la escritura. Unos niños y adolescentes no los aprenden debido a una escolarización anómala, por absentismo, deprivación sociocultural, discapacidad intelectual, ... Otros, por el contrario, valorados como chicos que provienen de entornos familiares y socioculturales considerados normales, que no tienen ninguna discapacidad intelectual y que siguen –aparentemente- un proceso de escolarización compatible con la normalidad, no adquieren esas pautas mínimas en el proceso grafoescritural y presentan una escritura desorganizada. El análisis de sus producciones grafoescriturales puede revelar que arrastran problemas de muy diversa naturaleza, y que ello se refleja en su escritura. En este caso sí han de ser considerados como signos de alarma los rasgos constatados. Por tanto, una escritura desorganizada en un niño, adolescente o joven ha de ser estudiada en relación a su contexto educativo y social para descartar un retraso en el aprendizaje. Orden en la escritura:

Disposición cuidada. Algo similar ocurre con el aspecto del orden en la escritura. Si un niño, adolescente o joven la presenta cuidada, estaremos ante alguien que sabe respetar los márgenes, los encabezamientos, la disposición en general de una manera armónica, lo cual se percibe perfectamente en el momento de su lectura por otra persona. Se trata de un individuo preocupado por ofrecer a los demás un producto grafoescritural más o menos depurado y de relativo fácil acceso a su lectura y valoración. Es el caso de los chicos que presentan ejercicios, cuadernos de trabajo y exámenes dentro de unos parámetros de normalidad de cara a los demás, muy particularmente a sus profesores que han de evaluarle y orientarle para que progrese y mejore.

En el aspecto más negativo de la escritura con una disposición cuidada cabría señalar que la persona muestra una ausencia de naturalidad, se rige por estereotipos y sigue las pautas organizativas o administrativas más bien al pie de la letra, lo que en el ámbito grafoescritural nos indica severidad, falta de espontaneidad y naturalidad y una personalidad tímida e inhibida. Estos factores pueden ser muy difusos, y hallarse generalizados en la población escolar y estudiantil, lo que hace considerar que es preciso valorar este aspecto con suma cautela.

Disposición descuidada. Una disposición descuidada presenta aspectos que nos sugieren despreocupación por el escrito y por la producción grafoescritural, que se ofrece como algo deficiente, sin un buen acabado, sin respetar los márgenes. Analizado así, denota un alejamiento de pautas, saberes, conocimientos, actitudes e interés por presentar la escritura de manera adecuada para que otros la lean o valoren. No solo conlleva una falta de respeto hacia quienes deben leerla, sino que implica desorden, ausencia de patrones claros para elaborar un trabajo o mantener una comunicación escrita, en la que el individuo, en este caso el chico, no se plantea hacerlo con interés y para que otros lo lean con fluidez.

Distribución en la escritura:

Este aspecto es de suma importancia en niños y jóvenes, dado que es un hecho que a los neoescritores les cuesta un gran esfuerzo realizar el escrito con una buena distribución en el marco del soporte sobre el que se escribe. La distribución en el cuaderno o en el papel, como soporte para la escritura, supone un elevado grado de concentración para quien no ha automatizado todos los parámetros de la escritura. La atención y la concentración se orienta a la ejecución de las letras, palabras, frases y el sentido de lo que se escribe, aunque se desvanecen las posibilidades de realizar una distribución adecuada.

Clara. Una correcta distribución ha te contemplar la ubicación de las letras, las palabras, las líneas, la realización de los espacios, lo armonioso del conjunto, el respeto a las normas elementales de ubicación y ocupación del espacio grafoescritural. Es denotativo de una persona agradable, simpática y con sentido común.

Concentrada. La separación entre letras, palabras, líneas, ..., es menor de lo considerado normal, aunque se pueda leer con facilidad. Denota cierta introversión y un grado de aprovechamiento del tiempo, como persona dispuesta. El aspecto más negativo estriba en que pueden darse en la persona algunos rasgos de egoísmo en lo material, falta de capacidad para compartir las cosas y actitud de acaparar. Esto puede suponer en el medio educativo un serio obstáculo para la realización de tareas que requieren una ejecución en grupo, y dificulta al alumno al alcanzar la destreza en una de las principales competencias básicas de aplicación en todos los niveles de enseñanza.

Espaciada. La separación entre letras, palabras, líneas, ... es mayor de lo normal, con lo que nos encontramos ante un espacio grafoescritural caracterizado por los lugares en blanco. Denota la búsqueda o necesidad de hallar libertad, de romper con el encorsetamiento a que se ve sometida la persona. En el aspecto más negativo señala cierto aislamiento, o experimentar una situación de abandono o desamparo que lleva a sentirse solo o desprotegido. Este factor resulta de gran interés para valorar la coyuntura en que se encuentran niños que sufren una deprivación familiar o sociocultural notable.

Confusa. En esta variedad se produce una mezcla de las palabras y las líneas, que parecen no estar ubicadas razonablemente, con encontronazos, choques, mostrando una escritura enrevesada que hace muy compleja su lectura. Se vincula con una ausencia de orden en lo que se ejecuta, con cierta falta de educación al no preocuparse por cómo ofrecer el escrito a quien ha de leerlo o valorarlo, lo cual supone un sesgo negativo y alerta sobre su posible sentido.

Ilegible. La ilegibilidad puede obedecer a muy diferentes causas, aunque lo común es que se trate de un escrito realizado con malas maneras, muy rápidamente, sin interés, con atolondramiento, y ello redunda en la falta de organización, en un grado acusado de falta de coherencia o de orden en los planteamientos escritos, de prisas, de desprecio por lo que se está haciendo o hacia la persona que es destinataria del escrito, que puede ser el profesor en el medio escolar, los padres o responsables en el ámbito familiar, ... Estos chicos suelen presentar actitudes de orientadas a especular con las cosas, aparecer como intrigantes y desear ofrecer a los adultos o a los iguales algún producto genuino que parezca una verdadera creación o contenga gran interés.

Desigualdad de espacios. En el caso de la irregularidad de los espacios entre letras, palabras, líneas, ..., nos hallamos ante una posible confusión o desorientación del escribiente, y en el caso de niños o jóvenes denota posibles situaciones de bloqueos psicológicos que se convierten en serios signos de alarma, sobre todo porque pueden encerrar contradicciones entre los diversos ámbitos en que se mueve la persona, e incluso un problema de autocontrol ante situaciones conflictivas, y a veces no se puede mantener a raya el marco de los impulsos o las tendencias más radicales. Por ello se debe tener muy en cuenta como signo de alarma en la escritura de jóvenes.

El análisis de los márgenes:

El estudio y valoración de los márgenes conferidos por los niños, adolescentes y jóvenes a sus escritos revela no pocos datos acerca de su situación, circunstancias, pasado, presente y futuro, así como algunos de los rasgos más notables de sus aspectos vitales en el momento. La grafología clásica, en sus diferentes escuelas, clasifica, en primer término, los márgenes en función de que aparezcan ordenados o desordenados. En el primer caso denotan un orden en la vida de la persona, una estructura de comportamiento que responde a patrones de normalidad, e incluso un buen hacer respecto a los demás, con unas pautas de buena educación. No siempre es así, pues deben ser valorados en el contexto de la producción grafoescritural, aunque sí son significativos, en el caso de los márgenes desordenados se asimilan a persona que encierra y practica unas formas de comportamiento en desorden, desordenada, con una merma en su capacidad de atención o en su atención a secas, pudiendo llegar hasta la falta de delicadeza con los demás.

Sin embargo, hemos de tener muy en cuenta que la valoración de los márgenes desde una perspectiva grafoanalítica es relativa en niños, adolescentes y jóvenes que realizan trabajos escolares y académicos. Algunos elementos y ejemplos sacados de la realidad en las aulas nos ilustra. Así, los niños en la etapa de la Educación Primaria suelen estar acostumbrados a emplear en sus tareas escolares y determinado margen, vinculado a la práctica que realizan diariamente y que es como una especie de rutina impuesta por el buen hacer del profesorado. Los niños emplean cuadernos de trabajo que suelen tener impresa la pauta para el margen izquierdo, el superior y el inferior. El del margen izquierdo suele venir delimitado por una línea vertical a las pautas o líneas que constituyen los renglones, los cuales actúan ya como hito o pauta para la separación interlínea. La primera línea se encuentra separada del extremo superior de la hoja de papel, con lo cual se impone un margen superior, y lo mismo sucede con la última línea, que se halla separada del extremo inferior de la hoja de papel, con lo cual se marcan –de oficio- los márgenes izquierdo, superior e inferior.

Los cuadernos para los escolares se fabrican con diferente pautado. Para los niños más pequeños se aconseja en los colegios cuadernos del tamaño de una cuartilla aproximadamente, con pocas hojas, grapados y con unos márgenes ya marcados. El tamaño de la hoja en cuartilla facilita la visión/comprensión/asimilación/control del espacio grafoescritural, es decir, en ese relativo pequeño formato se le facilita al niño el control espacial y visuomanoespacial. El que sea grapado se relaciona con que tenga relativamente pocas hojas y se pueda manejar bien, sin crear los desniveles y los inconvenientes de los que tienen un apreciable grosor, y más si en vez de grapados unen las hojas mediante gusanillo de alambre. Esto ocasiona grandes dificultades en los inicios o finales de línea o al final de la página. El que contengan las hojas del cuaderno los márgenes ya marcados evita al niño estar pendiente de los mismos, y al profesorado tener que dedicar atención sistemática a dicho aspecto. Los niños más pequeños, al enfrentarse al proceso neoescritor, son aconsejados para que empleen cuadernos de dos rayas, o sea, sus hojas contienen un doble pautado para cada línea, con lo cual se marca la ubicación de la zona central de las letras, los óvalos, el arranque o inicio de las zonas superiores o hampas y de las inferiores o jambas, así como el espacio interlínea, lo cual permite no perderse en la valoración del espacio grafoescritural para encajar, situar letras y palabras, separar las líneas, ....

El niño que supera con normalidad las primeras fases del aprendizaje lectoescritor y se convierte en un escritor normal, es aconsejado para que prescinda del cuaderno de pequeño formato y con el pautado y los márgenes marcados. Aprende y se consolida como lector y escritor a la vez que el sistema educativo le exige más cada vez, lo que determina que los cuadernos que se pueden considerar más infantiles dejan de tener aceptación por los niños, el profesorado e incluso las familias. Los niños anhelan tener cuadernos grandes, de tamaño A-4 o folio, con muchas páginas aunque ello signifique la incomodidad de escribir con la impertinencia del gusanillo de alambre, anillas o cualquier otro sistema de encuadernación. El propio sistema educativo le encomienda muchas más tareas y el niño necesita cuadernos de más envergadura en todos los sentidos. El profesorado se despreocupa de tener que incidir en los niños para que no se queden sin cuaderno al poco de haberlo estrenado, y algo parecido sucede con las familias, que compran un contingente de grandes cuadernos en la confianza que durarán a lo largo de varios meses. En estos cuadernos de mayor formato pueden repetirse las características de márgenes marcados o sin marcar. Incluso pueden ser rayados o cuadriculados.

La cuadrícula puede ser pequeña, mediana, grande o muy grande, lo que dificulta al niño pasar de un formato a otro al cambiar de cuaderno dependiendo de la materia o asignatura que curse en cada momento. La cuadrícula que cambia de tamaño o configuración puede agregar dificultad al niño en su tarea de encaje de la grafía en las líneas, o en las supuestas líneas. Algunos niños entienden que cada dos cuadrículas en sentido vertical constituyen una línea. Otros entenderán que cada tres. A veces reciben un mensaje explícito del profesor de turno para que lo hagan en un sentido, pero a la hora siguiente son receptores de un mensaje contrario por parte de otro profesor. Uno les ha dicho que dos cuadrículas constituyen una línea, otro que tres. Algún profesor, para evitar disparates y contradicciones ha pedido a los chicos que lleven a clase un cuaderno cuadriculado cuyas cuadrículas sean grandes o muy grandes, de manera que cada una de ellas constituya en sentido vertical una línea de texto. La confusión está servida, y el análisis de los trastornos que puede ocasionar solo lo percibe el grafoanalista cuando pregunta a un adolescente o a un joven sobre determinados aspectos de su propia escritura, tal vez marcada y supuestamente anómalos. La sorpresa surge cuando el chico responde en una dirección no esperada, aduciendo la forma en que ha aprendido a escribir, con constantes sobresaltos grafoescriturales impuestos por el propio sistema. En tal caso, parece derrumbarse ante el grafoanalista una parte importante de sus esquemas, y tiene que valorar hasta qué punto lo que aprecia como no compatible con la normalidad no es más que el producto de una enseñanza grafoescritural mal establecida. En todo caso, es preciso contemplar con cautela aspectos como el señalado y no incurrir en apresuradas etiquetas.

A pesar de todo esto, se impone tener muy en cuenta el análisis de los márgenes en los escritos escolares como posible vía para valorar posibles signos de alerta. Para tal función se puede pedir al chico que realice las tareas o ejercicios propuestos como instrumentos de evaluación sobre un soporte sin pautar. Esto parece obvio, pero no siempre es posible. Algunos niños y adolescentes se niegan a escribir en un papel sin pautar, aduciendo que se pierden y que no están acostumbrados, lo que supone, en principio, un dato muy interesante para el grafoanalista. El chico está dando a entender que precisa, imperiosamente, de papel pautado o, de lo contrario, su producción será imperfecta o no adecuada. Esto nos ayuda a comprender –incluso antes de valorar su escritura- que el niño es o está inseguro de lo que le pedimos que ejecute. Puede que detrás de esta actitud se encuentre una falta de seguridad en si mismo, o una autoestima baja, o un conjunto de contradicciones en su sistema relacional que le llevan a objetar o considerar problemático lo que provenga del profesorado, o de los padres, o de los mayores, o de quienes representen la autoridad.

El margen izquierdo. Podemos tener en consideración diferentes posibilidades en cuanto a cómo se presenta el margen izquierdo en cuanto a la detección de signos de alarma en los escritos escolares. El margen izquierdo representa el pasado, la familia, lo que ata a la persona, sus tradiciones, sus criterios y su pensamiento conectado con lo anterior. Hemos de tener en cuenta si se trata de: ausencia de margen, pequeño, normal, grande, Margen muy grande o exagerado, irregular o en zig-zag, que se aleja hacia abajo gradualmente, que se acerca hacia abajo gradualmente, cóncavo, convexo.

El margen derecho. Señala el área del contacto con los demás que establece la persona, denotando su proyección y su actitud social, así como su vinculación o actitud hacia el futuro o la forma en se lo plantea. En el caso de niños y adolescentes se presenta como uno los márgenes de más compleja valoración, particularmente por dos elementos de primer orden que no deben pasar desapercibidos. El primero tiene que ver con la concepción de este margen en los niños pequeños neolectores y neoescritores. Como se ha indicado, las pautas para los márgenes en los cuadernos de venta en el mercado son muy claras en el superior, izquierdo e inferior, pero no suele existir en el derecho, lo que provoca que el niño, en su falta de destreza mientras se consolida el control del espacio grafoescritural y el proceso escritor, apure casi siempre al máximo ese lado derecho, con lo cual le resulta muy difícil alcanzar un automatismo de autocontrol para establecer en cada circunstancia el margen derecho adecuado. Los niños llegan a la adolescencia, y los adolescentes a la juventud sin que en muchos casos se logre dicho autocontrol en el margen derecho, por lo que no debemos apresurarnos a emitir una valoración acerca de su interpretación, en tanto puede estar más relacionado con la forma en que le han enseñado a escribir que con sus rasgos de personalidad.

Cada caso es diferente y único y ha de ser analizado y evaluado en relación a su contexto vital y a su producción grafoescritural global o completa. El segundo estriba en que los niños, incluso los adolescentes y algunos jóvenes apenas si tienen una idea de lo que entienden por futuro, a medio ni largo plazo. El horizonte temporal del niño, y su interpretación en lo concerniente al margen derecho en sus escritos, puede tener mucho que ver con el tipo de educación que ha tenido, el modelo de troquelado por el que ha pasado, el que le hayan imbuido confianza sus adultos responsables, el consecuente logro de una autoconfianza, el saber diferir el disfrute de bienes materiales o sentimentales, .... El margen derecho se irá definiendo en la medida en que el niño y el adolescente maduren y controlen el espacio grafoescritural, especialmente en soporte papel sin pautas. Las posibilidades de ejecución del margen derecho se concretan en las siguientes: a 1 cm. del borde (denota el afán de equilibrio y de ser prudente ante las distintas situaciones de la vida); ausencia de margen (señala capacidad para establecer una sociabilidad y una extroversión adecuadas, con buena disposición vital y dotes para tomar decisiones; el sesgo más negativo estriba en su falta de control de la emotividad, con tendencia a lo impulsivo, falto de meditación, irruptivo y convulso), regular; irregular o en zig-zag sin tocar el borde; irregular que toca o no toca el borde; alejándose progresivamente del borde; acercándose progresivamente al borde; descendiente sin tocar el borde; muy grande; delimitado como poesía.

El margen superior. Las distintas escuelas han señalado que el margen superior tiene que ver con aspectos relacionados con la distancia en lo social, lo emotivo-afectivo, lo sentimental, la proyección del individuo hacia el futuro, la educación, un gusto educado y refinado, el sentimiento de quien escribe hacia la persona o institución destinataria del escrito. Puede presentar distintas modalidades: margen superior amplio (entre un 15% y un 25% del total del largo del soporte papel, y algunos autores lo reducen a un espacio correspondiente del 10% al 15%), margen superior muy amplio o exagerado, margen superior pequeño, ausencia de margen superior:

El margen inferior. Señala el gusto de la persona, relacionado con su educación, su capacidad para la entrega a los demás, la generosidad, la conducta altruista y dadivosa. Algunas escuelas lo relacionan con el tipo de dominio sobre si mismo que tiene la persona y con el nivel de disciplina que imprime a su vida. Esto equivale al autocontrol y la disposición hacia las tareas. En el caso de los niños, adolescentes y jóvenes, hemos de tener en cuenta que la valoración del margen inferior se realice en soporte papel sin pautar pues, de lo contrario, es la pauta la que lo marca. Resulta interesante tenerlo en cuenta, más que como signo de alarma, como rasgo de análisis que proporcionar un perfil complementario al conjunto de la producción grafoescritural. Puede tener las siguientes variedades: amplio, pequeño, muy pequeño o ausente.

La dimensión: parámetros y tipos

Nos indica la dimensión la idea que el individuo tiene de si mismo y el impulso para situarse en el contexto. En el caso de los niños, adolescentes y jóvenes, particularmente los más pequeños, tienen una idea e imagen de si mismos en constante evolución, no formada, flexible, en cierto modo aparentemente contradictoria, lo que sugiere que se tenga en consideración con estas salvedades en cuanto a valorar lo que de este parámetro se derive como signo de alarma en la escritura infantojuvenil. La medición de los óvalos de las letras nos lleva a clasificarlas en tres tipos básicos, aunque, como se ve más adelante, esto precisa de puntualizaciones. a) Letra pequeña: no pasa de 2'5 mm; letra mediana: entre 2'5 y 3 mm; letra grande: de 3 a 5 mm. b) Las hampas y las jambas en las minúsculas (crestas y ejes) pueden tener hasta 3 veces el tamaño de los óvalos. c) Las mayúsculas pueden tener de 4 a 5 veces el tamaño de los óvalos. El grafoanálisis en el aspecto de la dimensión puede tener en cuenta, para realizar una evaluación de una escritura concreta, como mínimo: a) El tamaño de 4 ó 5 óvalos de las 2 ó 3 primeras líneas del texto. b) El tamaño de 4 ó 5 óvalos de las 3 líneas del centro del escrito. c) El tamaño de los 4 ó 5 óvalos de las 3 últimas líneas del texto. Igualmente se realiza con las hampas y jambas, y se hace un promedio, y las mayúsculas, aunque sin hacer promedio.

Además, es preciso valorar si se aprecian fluctuaciones notables en el tamaño de óvalos, hampas, jambas y mayúsculas, y se indicará si hay una fluctuación mayor de 2 mm para tener presente la desigualdad. Estos valores se pueden considerar generales para una escritura adulta, lo que no quita para que puedan ser empleados como referencia en la escritura infantil y juvenil, siempre con las salvedades de la escritura en proceso de consolidación de acuerdo con las fases del desarrollo de la misma. Cuanto más se acerque el alumno evaluado a una edad juvenil, más próxima será su producción grafoescritural a la del adulto, incluso puede haber alcanzado un alto grado de madurez en tal sentido de manera que se le asimile a adulto desde un punto de vista grafoescritural. El niño, por el contrario, presenta una producción grafoescritural inmadura, no resuelta ni automatizada por completo, con los vaivenes propios de cada edad y momento evolutivo, lo que obliga al grafoanalista a considerar la producción en relación a lo debería ser la fase grafoescritural, al menos desde una perspectiva teórica.

Podemos clasificar la escritura, de acuerdo con las distintas escuelas de la grafología clásica, en diferentes modalidades referidas al tamaño o dimensión de las letras, así como a la regularidad o irregularidad en el mismo. Así, nos encontramos la escritura o la letra:

-Grande. Mayor de 3'5 mm. Denota amplitud de las necesidades personales, dinamismo y extraversión, con facilidad de palabra, acción y gesto, visión global, nobleza, generosidad, lealtad y valores morales. Como sesgo negativo denota vanidad, exaltación, tendencia a desear o buscar privilegios y honores, deseos de grandeza y autocontemplación, así como cierta tendencia exhibicionista.

-Pequeña. Menor de 2'5 mm. Denota introversión y repliegue hacia si mismo, con una buena capacidad de concentración mental, así como necesidad de reflexión y orden interior, fineza, capacidad de análisis, curiosidad intelectual, capacidad de observación, respetuoso con lo que le rodea, preciso, sencillo, con cierto deseo de pasar desapercibido. Como sesgo negativo señala timidez, temor, duda, inseguridad, tendencia al desaliento y al pesimismo, desconfianza en si mismo, ansiedad y angustia. Estos rasgos en la etapa infantojuvenil se pueden considerar como serios signos de alarma en los escritos escolares.

-Muy pequeña. Menor de 2 mm. Señala a una persona detallista, minuciosa, absorta en cosas triviales y dominada por minucias y pormenores, y escrupulosa con exageración.

-Mediana. Entre 2'5 y 3'5 mm. Muestra capacidad de adaptación y equilibrio en actividades y actitudes, con buenas dotes de organización y ejecución, sociable y con buena capacidad para lograr la concentración. Como sesgo negativo denota una mediana inteligencia, junto a un carácter rutinario, muy baja sensibilidad y una imaginación poco destacada o brillante.

-Sobrealzada. Letras más altas del normotipo o letras más altas que anchas. Señala a una persona que tiene un alto concepto de si misma, con deseos de entrar o vivir en un ámbito social elevado, orgullosa de si misma, ostentosa, vanidosa, muy influenciable por la estima de los demás. Vive para las apariencias y cultiva su propia presentación, siendo muy interesada. Estos rasgos suponen signos de alarma en los escritos escolares, aunque deben ser valorados en la producción grafoescritural infantojuvenil. La ostentación y el orgullo de si mismo puede tener serias consecuencias en su relación con los demás compañeros, por lo que afectaría al sistema relacional no solo del chico en concreto, sino también del grupo en que se inserta.

-Estrecha o concentrada. Las letras se aprietan o empujan entre si. Denota una tendencia a cerrarse en si mismo, cultivando la soledad o el aislamiento. También se muestra reflexivo, reservado, y no muestra una clara aptitud para las cosas prácticas. Tiene buena capacidad para la concentración. Como sesgo negativo denota que a la persona le oprimen y atribulan los sentimientos, las emociones o las inclinaciones, presentando cierta angustia, con frecuentes crispaciones de tipo nervioso, tendencias al egoísmo y a la regresión, inseguridad personal, vacilante, tímido, celoso, egocéntrico, avaricioso en el sentido de no compartir las cosas con quienes le rodean. Estos sesgos han de ser considerados como signos de alarma en los escritos infantojuveniles con las salvedades de que algunos de ellos no se hallan claramente definidos en niños y adolescentes.

-Extensa o amplia. Las letras se presentan con amplios espacios, con tendencia a ser filiformes. Denota necesidad de relacionarse con otros y extraversión. Muestra una actitud natural, espontánea y radiante, confiado en si mismo, con buena memoria e imaginación.

-Gladiolada. Las letras van disminuyendo en altura dentro de la misma palabra. Denota deseo de profundizar en las cosas, capacidad para el pensamiento lógico y astucia. En edades juveniles señala dotes de convicción y persuasión, se puede identificar con los demás en sus sentimientos, es inteligente, necesitado de relacionarse con otros, prudente, intuitivo y capacitado para descubrir intrigas, lo cual representa importantes valores a su favor. Como sesgo negativo denota ser tímido, dubitativo, inseguro, habilidoso en el disimulo, en mentir o fingir y en evadirse de las situaciones, débil en valores y moral. Su carácter es dependiente. Aquí sí nos hallamos ante signos de alarma en los escritos escolares juveniles. Algunos adolescentes se pueden aproximar a estos rasgos, especialmente con una fuerte teoría de la mente, lo que se interpreta como signo de alarma en sus escritos.

-Rebajada. Las hampas y las jambas no tienen proporción respecto al óvalo. Denota que se adapta bien a un modo de vida realista, siendo comprensivo, humilde, sobrio, modesto, ingenuo, tranquilo, calmado, tímido, pasivo. También señala un carácter sumiso, incapaz de rebelarse, oponerse o enfrentarse. Como sesgo negativo, si la dirección es descendente indica tendencia a la depresión.

-En o de zona única. Las hampas y las jambas no se separan de la zona media de la letra. Denota capacidad de concentración de la personalidad de forma consciente, y de autocrítica.

-Irregularidad o desigualdad de dimensión. Las letras y las palabras oscilan en la altura y el ancho. Denota un carácter emotivo y rico en aspectos afectivos, con vivacidad, intensidad en el ánimo y las emociones, en el apasionamiento y la impulsividad. Como sesgo negativo señala una voluntad muy débil, inconstante, voluble, inestable, influenciable. En determinados casos juveniles puede relacionarse con tendencia a la neurosis. Aquí sí es preciso considerar el signo grafoescritural como verdadero elemento de alarma.

-Escritura creciente. Se trata de una escritura cuyo cuerpo central tiende a ir aumentando, pudiendo darse a lo largo del escrito, en una palabra, en una línea, en un párrafo, etc. Denota a una persona bondadosa, ingenua, confiada, alegre, crédula y tendente a relacionarse con otros. Esto no implica un signo de alarma en la escritura infantojuvenil de por si, sino que se debe valorar en el contexto de la producción grafoescritural del chico. Un posible sesgo negativo, marcado en la adolescencia, consiste en la tendencia acusada a la imaginación y el pensamiento libre, a no tener en cuenta las orientaciones de los demás, especialmente de los adultos que son sus responsables, como los padres o los profesores.

-Escritura decreciente. Al contrario de la creciente, en este caso se trata de una escritura cuyo cuerpo central tiende a ir disminuyendo, pudiendo darse a lo largo del escrito, en una palabra, en una línea, en un párrafo, ... Denota a personas comprensivas y sensatas, con capacidad para la empatía y para apreciar a los demás y sus necesidades. Cabe distinguir si el final de la escritura es legible, y entonces señala a una persona educada, con buenos modales, receptiva ante los demás, con rasgos de interés por conocer, de curiosidad. Como sesgo negativo denota a una persona falta de constancia, desconfiada y con poco empuje. Esto debe considerarse como signo de alarma en los escritos escolares. Si el final de la escritura es ilegible denota buena educación, formas elegantes y depuradas, dialogante e inteligente en su relación con los demás. Como sesgo negativo señala la falta de compromiso, la ausencia de verdad, la actitud astuta y poco noble. Sí representa un signo de alarma en la escritura de los escolares.

La forma en la escritura:

La forma nos revela una elevada cantidad de datos acerca del perfil de la persona de quien valoramos su producción grafoescritural. Puede suponer una aproximación muy general a las características esenciales de la personalidad del individuo grafoanalizado, por lo que, sin entrar en complejidades, de momento, se puede afirmar que en el aspecto de valorar los signos de alarma en la escritura infantojuvenil y en las instituciones educativas juega un papel de primer rango. El profesorado que tiene a su cargo la enseñanza de niños, adolescentes o jóvenes tiene claras posibilidades y oportunidades para ver, apreciar y valorar in situ y superficialmente este parámetro de la producción grafoescritural, solo con estar atento a cómo escriben sus alumnos, qué forma adopta la escritura a grandes rasgos, y cómo es el conjunto grafoescritural.

Algunas veces, ante determinados casos, el profesor experimenta una especie de llamada de atención, de toque que puede ser instintivo o razonadamente profesional si se tienen conocimientos de grafoanálisis. Es muy necesario contemplar la escritura de cada alumno cada día, y a cada momento con ojos nuevos, es decir, no adjudicar etiquetas ni encasillar a cada chico en un patrón o modalidad, pues eso induce al error de que pasen desapercibidos determinados aspectos, rasgos o sesgos que pueden no ser demasiado evidentes. La humildad, el estudio y la constancia educan al profesional a ver todos los días con esos ojos nuevos lo que escriben y dibujan sus alumnos y, especialmente, a no dar rutinariamente por normal aquello que puede encerrar la detección problemas que es necesario resolver. La forma en la escritura señala los modales, el comportamiento, la inteligencia cultivada, la cultura, los intereses más destacados, las tendencias, los problemas de adaptación y el equilibrio personal o ante las situaciones que se ofrecen a la persona. En el caso de la producción grafoescritural infantojuvenil todos estos factores pueden ser valorados, aunque con más pericia en la etapa de la adolescencia y la juventud, por tratarse de escrituras, como se ha indicado, más automatizadas y maduras. La escritura del niño se halla muy sujeta a cambios, a experimentación, a trasiegos de información y conceptuación que se refleja en las forma de escribir y en el resultado final de la misma. Podemos encontrar distintos tipos de forma en la producción grafoescritural:

-Angulosa. Las letras se ejecutan con trazos angulosos o triangulares. Señala a una persona individualista, insatisfecha, con una clara necesidad de independencia, poco adaptada a un modelo de vida social que muestra una discordancia entre el sujeto y el mundo. Se suele rebelar ante normas sociales. En cierto modo describe la manera en que las personas, y en este caso los niños y los jóvenes Señala una persona con ideas y modo de actuación firmes, con dotes de mando y tendencia a imponer sus criterios. Puede mandar pero no obedece, lo que le lleva al enfrentamiento. No se adapta ni respeta el pensamiento de los demás. Este perfil puede coincidir con el de niños, adolescentes y jóvenes que, a todo trance, y sin reparar en nada ni en nadie, hacen lo posible por imponer sus ideas, pensamientos, deseos o caprichos. Cabe relacionar una fuerte imposición con la teoría de la mente, y con el modo en que, a lo largo de su vida –aunque no tenga muchos años- ha aprendido a imponer sus modos y planteamientos. En la escuela, en la educación primaria, en el colegio y en el instituto se aprecian conductas de este tipo entre el alumnado. Algunos son verdaderamente intransigentes con los demás, acostumbrados a exigir lealtades casi mercenarias comportamientos vasallos o gregarios. Tanto en niños como adolescentes y en jóvenes se presenta con esta producción grafoescritural un tipo de sesgo muy negativo que representa un claro signo de alarma, caracterizado por una conducta intransigente, con actitud dura, inflexible, falta de afectuosidad, incapaz de adaptación. Se trata del tópico de quien lucha siempre con los demás y pretende que se adapten a si mismo.

-Curva. Se presenta en la producción grafoescritural cuando domina la curva formando guirnaldas, arcos, lazos, bucles, etc. señala a quien muestra un carácter afectuoso, sensible, equilibrado física y moralmente, con una relativamente fácil adaptación a todo tipo de coyunturas. Suele acompañarle una exteriorización de bondadoso, simpático, amable, optimista, alegre, espontáneo, lo cual equivale a decir que une lo agradable y lo útil o provechoso. No obstante presenta un sesgo negativo tanto más grave cuanto mayor es el chico, con rasgos de sensual, perezoso, indolente, con una muy débil voluntad llegando al abandono. La adaptación al medio y a las circunstancias que le rodean se produce de forma pasiva (especialmente con escritura redonda y blanda), lo que verdaderamente no le sirve de mucho ante situaciones auténticamente complejas. Representa un signo de alarma en la producción grafoescritural cuanto mayor sea el alumno, muy especialmente a partir de la adolescencia.

-Caligráfica. Aunque cada vez menos, esta modalidad aún se presenta con bastante frecuencia en el medio educativo, aunque se desdibuja a partir de una edad que puede oscilar entre los 10-13 años, de pendiendo de los casos. Se aprecia particularmente en las chicas, y en quienes ven en el modelo gráfico y escritural del aprendizaje lectoescritor un patrón a seguir. Coincide, aproximadamente, con la reproducción de la escritura aprendida en el colegio. Si tenemos en cuenta lo positivo que encierra o denota, se puede subrayar que significa un deseo de claridad, orden y precisión y ello es plausible, aunque suele caer en la reiteración gráfica y la evocación del modelo escolar aprendido, con escasa evolución al respecto. Algunos jóvenes lo repiten muy mecánicamente, e incluso hay adultos que no abandonan este modelo a lo largo de toda su vida, tal vez porque su escolarización se quebró o suspendió en un momento dado y se produjo un corte o retraso crucial en su evolución grafoescritural. Como sesgo negativo denota una escasa personalidad, así como un cierto carácter rutinario (con ambiente gráfico negativo señala una clara tendencia a la ocultación de su personalidad). Esto ya supone un signo de alarma de importante calado si lo encontramos en la producción grafoescritural del alumnado.

-Filiforme. En este caso se muestra una tendencia a configurar hilos algunas letras, especialmente la “m” y la “n”. Señala claridad de ideas así como rapidez mental, con imaginación creativa y capacidad para encontrar soluciones y evadirse de responsabilidades o de tareas y tendencia a simplificar las cosas. Como sesgo negativo denota inestabilidad emocional y falta de constancia (con barras de “t” fluctuantes). En el caso de que se trate de un chico que ya ha desarrollado su firma, puede mostrar en ella los trazos filiformes que denotan evasión ante los problemas. Estas características son de difícil valoración –a veces imposible- en escrituras poco maduras o escasamente automatizadas, por lo que se deben considerar como signos de alarma en los escritos escolares siempre que estemos tratando de jóvenes con una mínima madurez grafoescritural.

-Ornada. En la forma ornada se recargan las partes accesorias o no esenciales de las letras, a veces con lazos o rizos en espiral o revistiendo otras formas que pueden considerarse como artificiosas y que no añaden nada a la letra, salvo el factor de adorno o un rasgo marcadamente llamativo. Esta configuración ya nos advierte de su posible significación, denotando a una persona imaginativa, con un claro sentido de las formas, lo que equivale a sensibilidad y gusto por lo estético (se aprecia con profusión en artistas), concediéndole un elevado valor a lo externo. Su conducta hacia los demás, al menos aparentemente, resulta amable, educada, atenta y cortés.

Como sesgo negativo denota a una persona vanidosa, frívola, con un grado de coquetería y pedantería, así como de exageración. En la escritura femenina, incluso la de las niñas y chicas jóvenes, señala a una persona que desea o pretende ser graciosa y agradar a los demás, por lo que se esfuerza en tal sentido. Cabe considerar como sesgo negativo la síntesis de estos aspectos, que podríamos cifrar en la vanidad y el deseo de ser centro de atención.

-Tipográfica. En el medio educativo se encuentra muy extendida esta modalidad, consistente en el empleo de mayúsculas y minúsculas con forma de imprenta. Por ello se debe valorar con cautela, entendiendo que es más propia de adolescentes y de jóvenes, especialmente de los últimos, y hacia el final de la educación secundaria en adelante. De alguna manera se ha considerado como un rasgo positivo en adultos, entendiendo que, en tal caso, son aficionados o proclives a la lectura, o que se orientan a ella. En escrituras femeninas se aprecia un gusto por definir esta forma y aclarar la escritura, siempre con un intento de compatibilizarla con una determinada ligadura, lo que no siempre es factible. Señala un sentido de la estética, con originalidad y en algunos casos de adultos erudición. En jóvenes no suele darse el rasgo que denota tal posición erudita, aunque sí un intento de resaltar por encima de la media –que no de los demás-, como en el caso de los vulgarmente denominados “empollones”. En realidad se trata de estudiantes con ciertas pretensiones académicas. A esto suelen unir un carácter reservado públicamente, en el aula, ante los profesores, si bien se relacionan muy bien en un círculo relativamente reducido de amistades o compañeros de estudios. Como sesgo negativo hay que resaltar la tendencia a ocultar su verdadera personalidad, tal vez como mecanismo de defensa ante los demás o ante quienes considera que pueden perjudicarle en algún sentido. Con ambiente gráfico negativo o si se da de forma sistemática puede significar una tendencia a la pose o a la simulación, e incluso un posible rasgo de la deshonestidad (por tendencia a la ocultación). Esto supone un claro signo de alarma en los escritos escolares, especialmente en chicos jóvenes hacia el final de la educación secundaria, bachillerato y comienzo de la vida universitaria.

-Simplificada. En esta modalidad se trazan las letras en su mínima expresión o en forma básica o elemental. Las mayúsculas suelen ser tipográficas y se utilizan enlaces originales y llamativos, a veces curiosos. Denota cultura, sentido de lo estético y originalidad, al mismo tiempo que un predominio de lo racional sobre lo imaginativo, de la razón por encima de la imaginación. Puede ser que esto se halle conectado con un tipo de pensamiento convergente de carácter lógico-matemático, que se sitúa por encima del divergente o creativo. Como sesgo negativo se subraya que cuando aparece con letra pequeña, desligada y poco inclinada señala una tendencia a la desatención por lo externo. Este signo de posible alarma no suele implicar más que un intento de centrarse en cuestiones propias, personales e íntimas, lo que en el medio educativo significa que el alumno se pierde y no realiza las tareas encomendadas y puede sufrir un atraso escolar.

El coligamiento:

Se trata de la forma de relacionar o ligar una letra con otra dentro de una palabra. En la terminología de la lectoescritura, en el medio educativo, se habla de la ligadura o el ligado entre las letras, incluso de la cursividad de la escritura. Indica cómo es la actitud social del individuo, y si esta se corresponde o no con la externa habitual. Revela la actitud adaptativa y si esta equivale a sus tendencias o inclinaciones más arraigadas y profundas. En el ámbito de la enseñanza y el aprendizaje de la lectoescritura tiene una gran importancia lo que podemos denominar letra ligada, o ligadura de las letras. La letra que se hace para ser ligada configura la cursividad, es decir, deriva en letra cursiva o en escritura cursiva; mientras que la letra que se elabora de forma exenta, aislada, sin la intención de enlazarla o ligarla con la siguiente dentro de una misma palabra, constituye una escritura no cursiva o no ligada y deriva en letra script. En ambos casos hemos de matizar lo esencial que resulta saber el valor de cada una de ellas para el aprendizaje de una lectoescritura que permita al niño escribir con letra cursiva y, por tanto ligada. Cuando el niño comienza su andadura en el entramado de la lectoescritura pueden aparecer problemas de cierto calado, abordados y muy estudiados desde la perspectiva del área de conocimiento de las dificultades de aprendizaje. Sin embargo, se escapan algunos de los grandes problemas que aparecen en esos primeros momentos del aprendizaje lectoescritor.

Así, algunos niños suelen padecer un alto grado de frustración -por impotencia- cuando se dan cuenta que no pueden alcanzar en su grafía el nivel de perfección de las letras que ven en los libros y materiales curriculares o, simplemente, que se ejecutan en la pizarra de su clase por el profesor. Uno de los factores de rechazo de los niños a la escritura puede derivar de su impotencia inicial a la hora de imitar formas de las grafías que su estado dentro del proceso de automatización del trazo no les permite. Por tanto, es de suma importancia trabajar, en algunos momentos del referido proceso, con letras imperfectas, de manera que no se frustre al niño ante un abrumador cúmulo de perfecciones gráficas, de formas que nadie podría realizar –salvo la tipografía salida de un programa de ordenador- tal como suele suceder cuando se emplean muchos métodos de lectoescritura del circuito comercial, en los que la coincidencia de las letras con modelos generados por ordenador ofrece al niño que empieza a aprender siempre la misma forma, aunque cambie el color, el punto o tamaño y otras particularidades.

Por otro lado, algunos de los tipos de letras elegidos son difícilmente compatibles con la escritura cursiva y, en consecuencia, con la escritura correctamente ligada. La ligadura o ligado entre las letras, organizada en cuanto a concepción del espacio desde los primeros momentos del aprendizaje lectoescritor, es una oportunidad que no se debe negar al niño, por las repercusiones que ocasionará en el futuro, cuando le sea precisa una escritura cursiva y bien ligada, con las letras correctamente enlazadas. Un correcto aprendizaje, en este terreno, permite, al menos, una velocidad, orientación, cohesión y continuidad lo más próximas al normotipo grafoescritural, al tiempo que incide positivamente en la automatización de los principales gestos-tipo. Si se arranca de este planteamiento, se nos ofrecen ciertas pautas a tener en cuenta y seguir, en los distintos campos de actuación en cuanto a la letra a emplear:

En primer lugar, ¿qué letra utilizar en los momentos iniciales del proceso lectoescritor? La diatriba se centra en la letra cursiva o la script, y la respuesta no es simple, puesto que remite a un problema de enorme calado. La letra cursiva es la preferible para la instauración de un modelo gráfico personal que, como se ha apuntado, permita un desarrollo grafoescritural con las condiciones de cohesión pertinentes, o sea, ligadas las letras correctamente.

No obstante, el modelo cursivo de letra presenta notables diferencias con el script, lo que lleva a importantes confusiones, pues el niño no siempre discrimina de la misma manera las letras cursivas y las de tipo script o de imprenta (sean minúsculas o mayúsculas). En el fondo y desarrollo de esta problemática se hallan una parte seria y difícilmente cuantificable de las confusiones que terminan, a veces, por constituir un no deseado cuadro disléxico. En lo referente a ventajas e inconvenientes, planteada la cuestión en términos muy básicos y sin una exhaustiva pormenorización, se pueden apuntar las siguientes: a) Fácil identificación de la escript y aislamiento de la misma en los comienzos del proceso lectoescritor. b) La cursiva permite una mejor disposición ante el ligado, aunque es cierto que en fases iniciales resulta muy complicado para el niño o neolector identificar las letras ligadas. c) La cursiva permite una mayor velocidad en la escritura. d) El ligado de las letras favorece la cursividad y la velocidad, si bien dificulta la identificación de cada letra. Cabría ofrecer palabras con letras cursivas ligadas en las que cada una de las mismas aparezca en un color. e) Enseñar ambas en el inicio lectoescritor, aunque es posible decantarse por algunas para determinadas actividades: para escribir, cursiva; para leer, cursiva y/o script; para lectura media o avanzada, script. Resulta necesario que el profesorado atienda a las peculiaridades de cada niño en los momentos iniciales del proceso grafoescritural y lectoescritor, pues las dificultades que pudieran aparecer en torno al empleo de un modelo u otro de letra han de ser atajadas con flexibilidad pero contundentemente, sin esperar a que se genere un problema de envergadura. El buen criterio –por correcto- siempre es un factor que ha de orientar y aconsejar al profesorado en cada caso particular, enfatizando lo de específico y singular que tiene y, en consecuencia, se precisa de estrategias y soluciones igualmente individualizadas. Esto no quita para que cada profesional cuente con una especie de cuadro de decisión que le ayude en cada situación a tomar el camino más adecuado, en el cual se reflejen los pasos a dar en situaciones tipo, es decir, lo que se puede presentar en la práctica de forma más generalizada, a modo de protocolo de actuación.

Los diferentes tipos o modalidades de coligamiento

-Coligamiento en guirnalda. Las letras se enlazan o ligan en forma de “u” o de curva abierta hacia arriba. Indica actitud sociable, abierta, expansiva, de relación con los demás, en una persona decidida en sus relaciones y decisiones con los demás, sin temores a cometer errores, receptiva, empática, sensible, sacrificada, abnegada, bondadosa y agradecida. Como sesgo negativo puede presenta una actitud influenciable, indecisa y vacilante.

-Coligamiento en ángulo. El enlace entre las letras es de forma angulosa. Señala dificultad para adaptarse al modo de pensar y sentir de la mayoría o de quienes le rodean, mostrando una posición de combate o de oposición en el contexto. Se trata de alguien orgulloso, con fuerte autoestima, con energía en cuanto a su manera de pensar y actuar, rectitud moral y ética, con sentido del deber, al tiempo que posee una sólida inteligencia analítica. Con escritura con presión firme denota una gran tenacidad, tendencia a oponerse a los demás llevando por sistema la contraria. Se trata de personas que ejemplifican la conducta de obstrucción, sin mostrar problemas de conciencia por su actitud, ni afectación en sus sentimientos. Como sesgo negativo en niños y jóvenes nos hallamos ante egocentrismo y narcisismo en edades tempranas.

-Coligamiento en arco. Las letras se ligan o enlazan por movimientos en arcos, lo que equivale a todo lo contrario que la ligadura por guirnaldas. Denota una actitud cerrada y opuesta a la adaptación al medio de forma espontánea o natural, se muestra reservado, con gran discreción, prudente y reflexivo ante su relación con el medio. Estos aspectos deben ser valorados con detenimiento en tanto delimitan un cuadro de cierta envergadura y posible gravedad en conductas de jóvenes, pudiendo considerarse signos de alarma muy serios.

La inclinación:

El parámetro de la inclinación señala la posición natural del individuo frente al contexto y su necesidad de relacionarse. Nuestra escritura se traza de izquierda a derecha, por lo que el movimiento hacia atrás (sinistrógiro) indica la tendencia a regresar al pasado, a la situación de origen o de partida, o a las experiencias vitales anteriores. En cambio, la inclinación hacia la derecha (dextrógira) se dirige al futuro, lo porvenir, las ilusiones, los deseos y anhelos, las esperanzas. Existen, por tanto, unas diferencias muy notables entre las escrituras de los pueblos semíticos y orientales y las de los occidentales, lo cual implica una valoración desde distintas ópticas o enfoques. La escritura dextrógira significa extroversión, y la sinistrógira introversión. Para llevar a cabo el análisis de la inclinación se procede alargando o prolongando las hampas o crestas y las jambas o ejes, y así poder valorar el ángulo que forman con la línea horizontal del renglón o línea de la escritura, tomada como pauta de referencia. El ángulo debe medirse en grados mediante un semicírculo graduado. Ello nos lleva a considerar distintos tipos o modalidades de inclinación:

-La inclinación vertical o rectilínea. Conforma un ángulo de 90o respecto a la línea o pauta de la escritura o renglón. Indica autocontrol y dominio de si mismo. En grafismos curvos denota fuerte emotividad, aunque los sentimientos son controlados por el pensamiento y la voluntad. En grafismos angulosos señala una actitud de indiferencia, pudiendo llegarse a la frivolidad. Como sesgo negativo denota frialdad, indiferencia, orgullo, desconfianza, ausencia de amor y simpatía. Con escritura angulosa, sobrealzada y rígida denota intransigencia, obstinación, falta de flexibilidad, dureza, falta de sentimientos.

-Inclinación dextrógira. En esta modalidad las hampas y las jambas se inclinan hacia la derecha, conformando un ángulo entre los 40o y los 50o. Señala unos rasgos de personalidad que se caracteriza por una buena capacidad de adaptación al contexto, una necesidad casi constante de la presencia material de los demás, lo que implica dependencia de otros. Se equilibran la razón y los sentimientos, lo racional y lo pasional. En adolescentes y jóvenes es crucial el poder valorar su posible dependencia respecto a los demás o, por lo menos, respecto al círculo familiar o contextual más próximo. La dependencia extrema se puede considerar patológica, en tanto limita la libertad que en cada edad y situación ha de disfrutar la persona, en este caso en edad infantojuvenil. Cuando se evidencia esta inclinación dextrógira se señala a una persona con gran capacidad de adaptación, que muestra simpatía con los demás, colaboradora y solidaria (especialmente con grafismos curvos).

-Inclinación muy dextrógira o tumbada. En esta modalidad las hampas y jambas configuran un ángulo de más de 50o. Señala una marcada falta de objetividad lo que conlleva subjetividad, egoísmo e intereses personales puestos por encima de todo. Sus sentimientos y emociones se comportan independientemente de los intereses teniendo estos últimos un gran peso. Presenta una disposición exagerada o extrema a valorar los hechos, las situaciones, las cosas, o las personas según le sugieran o despierten simpatía o rechazo, así como la manera en que pueden servir a sus intereses. Puede perder los nervios muy a menudo, por falta de autocontrol y una acentuada impulsividad y apasionamiento. Esto ya constituye de por si un signo de alarma en la escritura, especialmente en adolescentes y jóvenes. Como sesgos negativos podemos valorar que con signos regresivos en las mayúsculas y en los trazos finales denota tendencia a ser celoso, egoísta afectivo o instintivo, aspectos que se presentan en niños, adolescentes y jóvenes con más frecuencia de lo que podamos sospechar. Estas conductas son muy perjudiciales para la convivencia en el ámbito escolar y también en el familiar. Con la zona inferior predominante y jambas en forma de “8" denota una cierta tendencia a la sobreexcitación sensual o sexual que induce a conducta de ostentación o al deseo y la tendencia a llamar la atención. Tanto en caso de chicos como de chicas puede señalar un punto de referencia para percibir conductas exhibicionistas, bien sea en general o circunscritas a pequeños círculos o ambientes más íntimos. En el caso de las chicas que alcanzan más pronto su desarrollo físico, pueden establecer estrategias de ostentación o de cierto grado de exhibicionismo físico o de actitudes, pensamientos o deseos que chocan en el ambiente escolar en que se desenvuelven.

-Inclinación sinistrógira o invertida. En esta modalidad las hampas y las jambas se inclinan hacia atrás configurando un ángulo menor de 90o. Señala introversión, conducta disociada al separarse o tender a desvincularse de los demás y no expresar lo que siente. Existe una gran brecha entre su personalidad que podemos considerar más íntima y lo que demuestra materialmente o vierte hacia los demás, lo cual implica que constantemente está reprimiendo sus impulsos o autocorrigiendo sus posiciones o deseos, así como las propias necesidades de relación, contacto, afecto y cariño. Suele ser una persona abnegada y que renuncia a muchas cosas (renunciamiento), aunque los demás no perciban sus sacrificios. Posee aptitudes para las Ciencias en los aspectos más abstractos, por lo que se debe estudiar, en caso de adolescentes y jóvenes, sobre sus capacidades en cuanto a pensamiento lógico-matemático (convergente) y creativo (divergente). Es persona desconfiada, con gran temor hacia las actitudes de los demás para con ella, puede que por un sentimiento o complejo de inferioridad no resuelto. Esto supone un serio signo de alarma en la producción grafoescritural de adolescentes y jóvenes.

Se pueden acentuar los signos de alarma en la escritura cuando presenta un cuadro de narcisismo, o un aspecto sexual no resuelto. Se debe analizar para ayudar al chico o a la chica en algunos aspectos relativos a sus dudas y orientación sexual, dependiendo la intervención de los signos percibidos, la disposición o receptividad de la persona a que se le facilite apoyo, el contexto o medio escolar, familiar y social. Como sesgo más negativo denota una oposición, contradicción o disconformidad constante por sentido, desconfianza o maldad. Puede unirse a resentimiento cierta dosis de odio o aversión hacia personas, cosas o situaciones, junto a una tendencia a la mentira o la falsedad.

-Inclinación muy sinistrógira. En esta modalidad de inclinación las hampas y jambas se encuentran muy tendidas o tumbadas hacia atrás. Puede resultar complicado distinguirla de la inclinación invertida o sinistrógira más simple, por lo que los rasgos denotativos pueden estar compartidos, relacionados y presentes en ambas modalidades, en mayor o menor grado, dependiendo del ambiente grafoescritural en general. Algunas escuelas consideran esta modalidad con mayor presencia de sesgos negativos, aunque ello puede depender de la edad y nivel de formación de la persona, así como del contexto en que se desenvuelva. Señala introversión, inhibiciones y reservas extremas o exageradas. Denota frustración (posiblemente tras una situación traumática) y un posible sentido defensivo ante los demás, alto grado de egocentrismo, una desconfianza muy acentuada, unido esto a una tendencia a disimular o a la falsedad más rotunda, y a una incapacidad para adaptarse a las circunstancias.

-Inclinación desigual. En esta variante se alternan letras verticales, dextrógiras y sinistrógiras en un mismo escrito, incluso en la misma línea. Denota propensión o tendencia a cambiar de ánimo o humor respecto a necesidades éticas, fisiológicas o espirituales, sin perder la individualidad propia ni el autocontrol, aunque haciéndolo con poco fundamento o razón. Como sesgo negativo denota y muestra ambivalencia psíquica que genera dudas, falta de acomodo o adaptación a las situaciones, vacilaciones e incertidumbres. Deriva en un carácter caprichoso, inconstante e inseguro, así como una orientación hacia la volubilidad, con tendencia a cambiar muy a menudo de ocupaciones, de opiniones, de tareas, de proyectos y decisiones sobre el presente y el futuro. Cuesta un gran esfuerzo valorar estos signos en la producción grafoescritural de adolescentes y de jóvenes, inmersos en ambientes donde los valores brillan por su ausencia, y las conductas se acercan casi a lo predelictivo. En tales casos se unen distintos signos que hacen muy alarmante la escritura, pudiendo denotar desde conductas disruptivas en el medio familiar, social o escolar, hasta trastornos de la conducta de tipo negativista y desafiante. Cuando la institución escolar y el profesorado en concreto detectan dichos signos de alarma en la escritura –y también en los dibujos-, es precisa la intervención especializada e interdisciplinar del grafoanalista con el orientador, psicólogo, educador social, y un cuadro de profesionales que puedan abordar el caso desde una perspectiva multiprofesional e intensivamente.

-Palabras de inclinación desigual. Esta modalidad señala el deseo o la necesidad de la persona de destacar o subrayar una palabra, frase, idea, concepto, elemento, dato, etc. como si se tratase de ofrecer claridad, concisión, precisión y un enfoque agregado a la escritura. Destaca, en general, como signo negativo que implica alarma de por si, aunque debemos estar alerta en el sentido que puede presentarse en la producción grafoescritural de chicos con determinadas discapacidades intelectuales, lo que obliga a valorarlo con suma cautela. Como sesgo negativo denota una emotividad alterada, junto a inconstancia en las acciones, tareas y procesos emprendidos, así como una tendencia a variar repentinamente de deseos y opiniones. Presenta un cuadro de desorden acompañado de actitudes dubitativas, de sentimiento de inseguridad, de incertidumbre.

-Inclinación axial. Existe una inclinación axial referida a la dirección de los ejes de las letras entre si, con variantes referidas a distintas modalidades: a) oscilante ligera, que denota una capacidad para la comprensión y la acogida, así como para contrastar o comparar las cosas y situaciones. b) paralela, cuyo significado estriba en la rigidez. c) contorta, caracterizada por un cambio de tipo brusco en la inclinación, denotando carácter contradictorio, radicales cambios de comportamiento o conducta sin aparente motivo, un interés por mantener una curiosidad insana e indiscreta, junto a ansiedad y actitud de prevalencia sobre los demás a todo trance.

-Dirección lineal. Contempla la dirección de las líneas o el alineamiento de base en la línea. Se vincula con las variaciones del ánimo, de la voluntad, del humor, de la diligencia, de la estabilidad, de la madurez del individuo, de su estabilidad y su tenacidad o constancia en cuanto a ideas, gustos, actitud y conducta, principios sociales y morales, convicciones y creencias, valores y contravalores, principales referentes, etc. Presenta diferentes modalidades:

-Dirección rectilínea. Las líneas se configuran en una trayectoria recta. Señalan una persona serena, tranquila, apacible, sin altibajos en el ánimo, ni euforias ni depresiones acentuadas, con buena voluntad, valores y principios morales o éticos elevados. Presenta armonía y equilibrio psicológico y físico, lo que coincide con su estabilidad emocional. Como sesgo negativo destaca que presenta una conducta convencional, poco emotiva, apocada, apática y anodina, que sugiere aburrimiento, desgana o falta de interés por las cosas o situaciones. En el caso de adolescentes y jóvenes es preciso valorar si la producción grafoescritural. En ambiente gráfico con grafismos angulosos y estrechos puede denotar una personalidad esquizoide.

-Dirección ascendente en menos de 5 mm. Se presenta ascendiendo la dirección de las líneas de izquierda a derecha. Es preciso tener en cuenta también la dirección ascendente en la firma y en la rúbrica, en rasgos como las barras de la “t”, en los puntos y en los finales, para realizar un análisis global de esta modalidad de rasgo. Denota inclinación a la actividad y con buena iniciativa, en una persona emprendedora y entusiasta animada, que da ante los demás impresión de fuerza y de poder para emprender o crear, asemejándose a un tipo de carácter vitalista. Es una persona optimista, dinámica, confiada en lograr objetivos, allanar problemas y obstáculos, lo que equivale a tener una gran confianza en si misma. Tiene gran imaginación y creatividad –predominio del pensamiento divergente-, con capacidad de fantasía, extravertido, luchador, combativo, constante, tenaz.

-Dirección ascendente en más de 5 mm. La dirección o trayectoria de las líneas, en esta modalidad, asciende muy exageradamente. Señala una tendencia a gran excitación nerviosa, con delirios de grandeza, fuertes ambiciones que van más allá de las posibilidades reales de ejecución. En adolescentes y jóvenes se aprecia en quienes tienen un mundo de ideas y deseos muy apartado de la institución escolar o educativa en que se insertan, con gustos, ambiciones y expectativas casi totalmente al margen de los estudios, lo que les lleva a constituir un alumnado inadaptado en diversos aspectos curriculares. Puede presentar la persona una fuerte depresión que se oculta tras una gran excitación psíquica, relacionándose con chicos y chicas que apenas se centran en las tareas y que viven una escolarización a trompicones y con serias lagunas curriculares. Como sesgo negativo, cuando se asocia con escritura sobrealzada, firme y acerada denota una posible pérdida o ausencia de la relación con la realidad, lo cual es un aspecto cada vez más extendido en la población escolar en edades adolescentes, matizándose en chicos y en chicas con rechazo a la escolarización y unas miras y expectativas muy distantes de lo escolar, curricular, trabajo serio y sistemático, cultura de valores en lo moral o en lo ético, comportamiento cívico, respeto a los demás y al entorno, etc. en general se asocia a posibles patologías que sufre la persona. Se trata de un posible cuadro de sesgos negativos que constituyen una seria alarma en los escritos escolares.

-Dirección descendente hasta 5mm. En esta modalidad las líneas tienen una dirección descendente en su trayectoria de izquierda a derecha. Debe tenerse en cuenta el descenso ocasional, puntual, anecdótico o esporádico, es decir, no generalizado, en los finales de palabras, de las barras de “t” (signo de la voluntad que decae, del ánimo, de la constancia, o del ímpetu), de los puntos, comas (consecutivo a posible depresión latente, no declarada o encubierta), los signos de puntuación en general y los rasgos de los movimientos en la firma o en la rúbrica. Señala descenso en la disposición y la capacidad para trabajar y rendir laboralmente, ya sea por cansancio, agotamiento, fatiga, enfermedad, ... También se relaciona con una posible depresión, con abatimiento, tristeza, dolor, remordimiento, tribulación, pesadumbre, un cuadro de estrés, un síndrome o conjunto de síntomas definidos en torno a malestar generalizado ante situaciones y hechos, y descontento consigo mismo.

En adolescentes y jóvenes es muy importante que sientan seguridad y apoyo en el sistema educativo y en el contexto social y familiar para poder resolver cualquier situación que conlleve aceptación e identificación. Como sesgo negativo señala una voluntad endeble o debilitada por situaciones o acontecimientos, y una personalidad muy influenciable por dichas circunstancias o por los demás, lo que supone que la persona está muy pendiente de lo que piensan o hacen quienes le rodean. Asociada a escritura con presión blanda denota abatimiento, desgana, desánimo, apatía, abulia, falta de coraje o de ímpetu, pereza, abandono, dejar pasar las cosas, dejadez, olvido de lo esencial y atención hacia lo superfluo o no fundamental. Asociada a escritura con presión pastosa o muy pastosa –se aprecia un empastamiento o resalte en la producción grafoescritural-, denota tendencia a una sensualidad no siempre bien controlada, sin límites, que puede llevar a una situación de tribulación, de deseos desordenados que no se controlan y derivan o devienen en actos o hechos no asumibles por la persona ni por su entorno, cuya línea extrema lleva a que no se logren contener y controlar los instintos.

En adolescentes y jóvenes se perciben actitudes inapropiadas en una gran variedad de aspectos, como el vestir, el comportamiento público, la actitud hacia los demás, etc., que suelen caer en frivolidades, desatinos, llamar la atención con actitudes o posturas no adecuadas dependiendo del ambiente concreto en que se manifiestan, caer en frivolidades, actitudes provocativas en lo decoroso, sexual o en cuanto a los usos sociales comunes en la vestimenta y el estilo personal que se adopta, etc. En estos casos, los adolescentes y jóvenes no saben, o no desean, o no tienen interés por mantener un comportamiento sencillo, educado y adecuado al contexto, y sobrepasan la línea que definiría lo normal o habitual dentro de una conducta ordenada, para pasar a perder las inhibiciones propias de una persona educada y cultivada en no transgredir por sistema y en respetar a los demás en sus sentimientos y costumbres. Muestran una escasa capacidad de empatía y no suelen ponerse en la situación de los demás. Asociada con escritura blanda, de materialización o ejecución sucia, regresiva, lenta y desordenada denota sesgos negativos como la dejadez o el abandono moral, así como una tendencia a dejarse llevar, arrastrar a derroteros no deseable o corromper. Señalaría también un grado de actitud de infidelidad, egoísmo acentuado en lo material y en lo emotivo o sentimental, hipocresía, posible ocultación de hechos o situaciones y falsedad. La escritura lenta –menos de 120 palabras por minuto- se puede considerar con una valoración negativa, y cuando se realiza refrenada, ralentizada, como en una actitud de pensar y recrearse en lo que se hace, denotaría cierta tendencia a actitudes rayanas en lo criminal.

-Dirección descendente puntual o esporádica. Esta modalidad se produce con un descenso que no es continuo en el escrito, aunque es preciso analizar un conjunto significativo de la producción grafoescritural. Señala estado depresivo puntual o esporádico, valorándose en consonancia y en relación a la frecuencia en que aparezca en la producción grafoescritural. En el caso de adolescentes y jóvenes se conecta, más que con un estado depresivo esporádico, con una autoestima baja, con altibajos, no estabilizada, junto a una autoimagen y un autocencepto degradados, lo que ha de ser evaluado y tenido en cuenta como sesgo negativo para actuar en consecuencia.

-Dirección descendente progresiva. En esta modalidad desciende la escritura de forma gradualmente progresiva y muy acentuada, de manera alarmantemente acusada, en cada línea. Cabe considerarlo como un signo denotativo de patología, que denota una situación de depresión grave, a veces con alternancia de sensación de alegría o bienestar que se pierde, intuiciones irracionales de males y tragedias, como malos presagios, que llegan incluso al presentimiento de muerte, asociándose en casos extremos a la posible tendencia a la autolesión activa o pasiva por desidia o enfermedad no tratada clínicamente, y en última instancia al suicidio. En el caso de adolescentes y jóvenes hay que considerar que su corta edad no siempre supone una acumulación de hechos y situaciones considerados negativos por la propia persona, lo cual puede amortiguar o atenuar la gravedad del rasgo.

-Dirección sinuosa. Las letras en las palabras oscilan y ninguna se halla sobre la misma base. La valoración global es negativa. Denota a una persona con capacidad para la emotividad, aunque propensa a mostrar inestabilidad emocional, acompañada de intranquilidad, inquietud, fácil de impresionarse, con capacidad para adaptarse aparentemente a las coyunturas si bien no es así a medio y largo plazo, con destrezas y habilidades sociales para agradar a los demás, y una tendencia clara a mantener posturas de diplomacia en lo cotidiano. Como sesgo negativo presenta una actitud propia de un cuadro de ambivalencia psíquica, mostrando dos extremos o dos caras, y pasando de una a otra con suma facilidad y rápidamente, aunque suele mantener la más positiva en la medida de sus intereses. A ello se agrega una tendencia a la mentira, la falta de sinceridad, a la capacidad para ocultar, disimular y engañar, a la picardía y la picaresca en los hechos y situaciones cotidianos, buscando lo enrevesado y sinuoso, así como a sostener una actitud hipócrita por sistema ante los demás. Es importante en el grafoanálisis la revisión sistemática de signos asociados como los rizos, que agregan mayor entidad a los sesgos negativos descritos. Como extremo, puede presentar una tendencia a la caída en la neurosis obsesiva.

-Dirección cóncava. En esta modalidad las líneas configuran una curva abierta hacia arriba. Señala pesimismo inicial que puede superarse para llevar a cabo lo planteado y lograr los objetivos en diferentes niveles y grados de complejidad. Se asocia a estados de angustia que pueden derivar en una actitud o conducta agresiva, lo cual representa un claro sesgo negativo y un signo de alarma en los escritos escolares. Asociada a presión firme denota un acentuado grado de apatía y abatimiento que se supera con gran esfuerzo, o una tendencia muy continuada a caer en el derrumbe personal, lo cual hace a la persona inestable. Asociada a falta de tensión o de relieve denota una lucha contra el estado de fatiga, abatimiento o desplome personal, o contra una situación o estado de falta de salud, por lo que cabría analizar si se encuentra vinculada esta con alguna patología latente o crónica no siempre bien diagnosticada.

-Dirección convexa. En esta modalidad las líneas ascienden y después descienden, describiendo una curva abierta hacia abajo. Señala una actitud de optimismo y euforia en los inicios de una situación, coyuntura o de una actividad, para después perder fuerza e impulso, o mostrar un acentuado optimismo y entusiasmo que suelen ir seguidos de decaimiento y angustia. Esto equivale a una inestabilidad en los planes, deseos y proyectos, así como en los más variados aspectos de la vida.

-Dirección imbricada o escalonada ascendente. En esta modalidad las letras o las sílabas de palabras ascienden configurando como una escalera sin que suba la línea de base, ofreciendo la configuración de ser las palabras las que ascienden y no la línea. Señala a una persona que es lanzada y aparentemente echada hacia delante, con muestras claras de ambiciosa, con deseos, metas proyectos de deberían culminar en algo grande, ofreciendo una imagen de dinamismo y viveza acentuados, emparentados con un optimismo contenido, al tiempo que momentos de euforia igualmente refrenada, en un ambiente de perseguir constantemente metas que, por lo general, no llegan a materializarse nunca. Como sesgo negativo presenta una tribulación, ansiedad o angustia reprimida, que le conduce a un cuadro de altibajos y de muy continua inestabilidad en lo emocional. Se perfila así una seria y grave tendencia a la neurosis, alcanzando situaciones de muy elevada euforia y optimismo desmedidos, fases de exacerbación de apariencia positiva ante los demás, que se ven seguidas por una caída en actitudes de desconsuelo y tendencias depresivas. Estos dos polos conviven en la persona, lo que marcan una orientación hacia un cuadro bipolar sumamente complejo. En producciones garofescriturales de adolescentes y de jóvenes es preciso valorar estos signos de alarma con cautela, dado que los estados de euforia y optimismo exagerados pueden ser entendidos como propios de la edad, y de la aparente alegría por vivir. Sin embargo, la caída en situaciones relacionadas con cuadros depresivos o próximos a la depresión suele pasar a veces inadvertida, confundida muy a menudo con simples estados de falta de autoestima.

-Dirección imbricada o escalonada descendente. En esta variante las letras o las sílabas de palabras descienden sin que lo haga la línea de base del escrito, ofreciendo la configuración de ser las palabras las que descienden y no la línea Señala la lucha de la persona que antepone su voluntad para vencer la apatía, el pesimismo o el desánimo. Denota una tendencia a caer en estados relacionados con cuadros depresivos, con cierta frecuencia, aunque cabe subrayar que el individuo sigue combatiendo para superar la situación, de la que suele ser consciente y por ello se mantiene alerta en el intento de vencer las dificultades que derivan de su estado anímico. Representa un sesgo negativo, especialmente si se aprecia en los escritos escolares en edades adolescentes y juveniles.

-Dirección a brincos o scattante. En esta variante, a veces difícil de distinguir y separar de las dos anteriores, las letras saltan o bailan en la palabra, de manera que dentro de la palabra una letra se halla arriba y otra abajo. Denota una exagerada actitud de receptividad, nerviosismo y agitación que hacen saltar al individuo ante cualquier hecho que sirve de detonante. En el caso de adolescentes y jóvenes se encuentra muy extendida esta modalidad, por lo que es preciso diferenciarla de otros rasgos de inmadurez en la escritura.

-Dirección serpentina. En esta variante las líneas toman una dirección ondulante. Señala una actitud diplomática, flexible, cambiante, con ánimo y estado de humor variable, propensión y tendencia a la suma facilidad para cambiar ante todo, y sostener una postura o actitud camaleónica. Como sesgo más negativo denota una tendencia a la mentira y a la falta de lealtad.

-Dirección desigual. En esta variante las líneas no tienen una dirección estable o fija sino que ascienden y descienden, pudiendo ser rectas, sinuosas, en serpentina, escalonadas, ... Esto equivale a una dificultad para valorarla, lo que debe llevar a evaluar una muestra amplia y significativa de la producción grafoescritural del individuo. Señala una situación caótica y una consecuente lucha constante entre aspectos opuestos y contradictorios. La tendencia al cuadro con rasgos depresivos deriva en alternancia de crisis de depresión con otros periodos de exaltación y euforia, en una modalidad bipolar. Aparece la inestabilidad emocional originada, probablemente, por una acentuada inseguridad en si mismo y una baja autoestima, debido a posibles problemas o traumas padecidos desde la infancia no resueltos. Asociada a un contexto gráfico negativo generalizado denota falta de sinceridad, actitud desleal, hipocresía, tendencia a la mentira, a la falsedad, a la ocultación. En el caso de adolescentes y jóvenes señala un sesgo negativo que se presenta con frecuencia en los escritos escolares, por lo que debe tenerse muy en cuenta.

-Dirección descendente en la firma. Aunque no se trata de la escritura de un texto en líneas o renglones, se puede considerar que la firma guarda relación con el resto de un escrito, o que se integra en su contexto. Aún en el caso de su singularidad, una firma aislada guarda relaciones de correspondencia con la dirección horizontal respecto al soporte o papel en que se ejecuta, aspecto que debe considerarse incluso en tal modalidad de firma exenta, aislada o singular. Señala una profunda depresión o tendencia a ella, posiblemente por falta de confianza en si mismo, aunque puede ser consecutiva a un cuadro de falta de expectativas, esperanzas, ilusiones, mala o escasa orientación personal, educativa, etc. Se puede considerar un signo gráfico de alerta o alarma y valorarlo con suma cautela.

En las firmas con punto final, trazado filiforme y trazos regresivos que tachen la zona media denota una posible tendencia al suicidio, aunque este extremo ha de ser valorado en relación a la producción grafoescritural en su conjunto.

Velocidad o rapidez:

El parámetro de la velocidad o rapidez con que se ejecuta la escritura, y la producción grafoescritural en general, está relacionado con aspectos como la actividad, la inteligencia, el temperamento, la imaginación, la creatividad, las inteligencias múltiples, la teoría de la mente, la astucia, etc. Este planteamiento se basa en la rapidez con que un individuo puede ejecutar una acción, como en el caso de la escritura, teniendo en cuenta el proceso entre el estímulo y la orden de ejecución. Nos sitúa ante una de las capacidades más notorias y evidentes en cuanto a su constatación, conectada con los factores generales de la inteligencia y la formación del individuo, considerado esto en un sentido muy amplio. En cada persona se dan procesos comunes aunque implicaciones y tiempos diferentes, con peculiaridades individuales que diferencian a unos de otros, dependiendo en buena medida de la estructura cognitiva y la forma en que se haya desarrollado el conjunto de las inteligencias. Depende, en gran medida de los factores señalados y de la cultura y formación del sujeto, así como de su evolución. La velocidad en la escritura indica la rapidez con que se resuelven o ejecutan las tareas, así como la forma, proceso, estrategia o táctica específicos con que una persona afronta los retos, obstáculos y acciones de todo tipo, sin olvidar la manera en que se relaciona con el medio o contexto y cómo resuelve los problemas que se le presentan. Así, se ha de tener muy en cuenta el conjunto de inteligencias, las destrezas desarrolladas, la densidad de la estructura cognitiva, el conocimiento en general desde un punto de vista teórico o conceptual, la facilidad para la aplicación de lo que se sabe o transferirlo a la práctica desde una perspectiva funcional, la capacidad para aprender de todo y de todos constantemente, etc, y por ello se relaciona con la valoración de la inteligencia. El sujeto se enfrenta al soporte que es el espacio gráfico, dejando la huella de sus características, resultando muy diferentes de unas personas a otras, así como la forma de solucionar los problemas que surjan. Los rasgos de personalidad se notan por los movimientos, ya sean certeros, vivos, tajantes, perezosos, lentos, etc. El conjunto de valores o aspectos que se relacionan con la velocidad o rapidez en la escritura son:

a) La dinámica en la producción grafoescritural es el grado o tono muy personal con que el sujeto regula su velocidad natural, de acuerdo con su formación, su capacidad, el papel que cumple la escritura y lo grafoescritural en su vida, la forma en que se adapta a las circunstancias que le exigen imprimir mayor o menor velocidad, etc.

b) El nivel o grado de velocidad no es uniforme y se altera o cambia con los movimientos grafoescriturales, el tamaño del trazo, la propia forma de las letras, el sentido y objetivo del escrito, las condiciones en que se ejecuta, las circunstancias anímicas en que se realiza, y un conjunto de parámetros que conforman la escritura.

c) La dirección del movimiento grafoescritural, en nuestra lengua de izquierda a derecha hace la escritura más rápida, y todo lo que se le oponga, o el cambio de sentido, la hace más lenta. Este es el caso de los signos de puntuación, que dificultan o impiden la cursividad en la escritura. Lo contrario, como la escritura en las personas zurdas –que siguen el sentido izquierda a derecha pero no los mismos giros-, o en las lenguas que siguen el sentido de derecha a izquierda y o de abajo hacia arriba, dificultan la velocidad de acuerdo con los parámetros de nuestro sistema grafoescritural, reduciéndola. Así, los cambios de dirección, los ángulos, el aumento en la presión, la letra modificada o transformada intencional o forzadamente, ... hacen la escritura más lenta. La orientación dextrógira hace más rápida la escritura, así como los movimientos curvos, la ligadura/cursividad, los puntos adelantados y las formas simples o sencillas. De acuerdo con estos aspectos, podemos clasificar la velocidad en la escritura en las siguientes variantes:

-Velocidad lenta. La producción escritural en condiciones de normalidad se sitúa en torno a 100 letras por minuto. Señala una tendencia natural a la tranquilidad y el sosiego, a lo reposado, a mantener una actitud propia de quien no se deja alterar o impresionar con facilidad, siendo reflexivo, prudente, observador, con buena capacidad para mantener la atención y ejercitar la memoria, junto a destreza y facilidad para las tareas que impliquen analizar, organizar, clasificar, identificar conceptos o cosas, aunque no se trate de una persona con alto grado de inteligencia. Las características de los movimientos grafoescriturales son las siguientes: muy redondos o angulosos y regulares; adornados o artificiales; caligráficos; con presión pastosa, pesada y floja; exagerados en tamaño o muy grandes; monótonos; con aspectos o signos de inhibición como retoques, fragmentaciones, fisuras a menudo, detenciones, reenganches, repeticiones, agregados o añadidos, ...; desligados o regresivos; con signos o aspectos vacilantes, borrados o tachados, inútilmente borrados, puntuación añadida, sacudidas, temblores, torsiones (tensión floja); signos de puntuación, barras de “t” situados detrás de las letras a que corresponden. La velocidad muy lenta, ralentizada o refrenada, en personas con una formación o con un nivel intelectual normal denota tendencia criminal, por lo que una producción grafoescritural muy lenta, recreada y frenada en su ejecución alerta sobre aspectos que se han de investigar a través de otros parámetros. En adolescentes y jóvenes podemos analizar esta tendencia incluso antes que se manifiesten actos o conductas que se sitúen fuera de la ley.

-Velocidad rápida. Corresponde a una ejecución escritural entre 130 y 200 letras por minuto, valorándola de acuerdo con la formación y capacidades de cada persona, por lo que algunos autores sitúan esta modalidad por encima de las 150 letras por minuto. Algunos autores distinguen la escritura con velocidad pausada, entre 120 y 150 letras por minuto, si bien el calibre de estos parámetros cambia de unas escuelas a otras, y hasta de unos a otros autores dentro de una escuela (más adelante se distinguirá la escritura pausada). Tanto la pausada como la rápida tienen una valoración global positiva. Señala una inteligencia normal aunque activa, creativa pues formula problemas y halla soluciones con fluidez, en un individuo que tiene procesos mentales rápidos, vivaces, con una veloz sucesión de ideas, creaciones, iniciativas, reacciones, formulación de soluciones, etc. Las características de los movimientos grafoescriturales son las siguientes: letras ligadas a través de enlaces o ligaduras adecuadas y realizadas con facilidad; curvos, ágiles, sin complicaciones, simples, sencillos, espontáneos; los signos de puntuación, puntos, barras de “t”, tildes, ... se adelantan hacia la derecha de las letras a las que corresponderían, o bien se ligan de forma artificiosa o poco normal con la letra siguiente; con movimientos grafoescriturales que se dirigen e inclinan hacia la derecha en una clara escritura dextrógira de tipo ascendente; las letras se simplifican, reducen o abrevian y no presentan su forma completa, rasgo que se asocia a que faltan letras especialmente al final de las palabras, o se reducen y simplifican algunos trazos lo que lleva a una deformación de la grafía en determinadas letras; se suele ensanchar el margen izquierdo hacia abajo; los finales de letras o palabras, o las terminaciones en general se presentan con rasgos acerados, angulosos o puntiagudos en una escritura claramente lanzada, impulsada, proyectada o acerada, en el contexto de una producción mediana o gladiolada.

Como sesgo negativo, con una buena presión, denota en el individuo una capacidad y fuerza de persuasión y para atacar, así como dinamismo, carácter emprendedor en las tareas, capacidad y empuje personal para enfrentarse a problemas y solucionarlos, y para superar barreras y oposiciones. Tiene dotes para crear y de mando para dirigir. Con trazos largos y acerados denota irritabilidad de carácter, impaciente, con cambios bruscos en el humor, en proyectos, metas, ideas. Su conversación puede resultar hueca o vana, y suele interrumpir a los demás cuando hablan. Se aprecia entre adolescentes y jóvenes en un grado cada vez más creciente. Si aparece asociada a rasgos o signos de desproporción y desorden denota a una persona caracterizada por la intranquilidad, agitación, irritabilidad, excitabilidad, impaciencia, falta de reflexión, impulsividad, descontento, con una extrema capacidad de fantasía y ensoñación que le conducen a un marco irreal respecto al de su entorno. Estos son sesgos negativos cada vez más presentes en la escritura en adolescentes y jóvenes.

-Velocidad mediana o pausada. Se perfila por una producción grafoescritural de unas 100 a 130 palabras por minuto, aunque algunos autores, como se ha indicado, la sitúan entre 120 y 150 letras por minuto. Señala una personalidad con dominio de si mismo, en un individuo sereno, tranquilo, aparentemente reflexivo, que se toma las cosas con la calma debida a cada circunstancia. Suele tratarse de una persona con una inteligencia y unas capacidades de tipo medio y compatible con la normalidad, con una buena capacidad de observación y a la vez que observadora, que medita lo necesario, que capta y recoge datos, los clasifica y participa posteriormente procurando dar su opción y opinión, en una especie de ejercicio del proceso propio de la creatividad. Entre sus características de los movimientos grafoescriturales destacan: las letras aparecen completas y correctamente configuradas, proporcionadas, puede que ligeramente adornadas o caligráficas, acordes con la dimensión o tamaño de las mismas que suele ser mediano; los signos de puntuación se ubican en sus lugares correspondientes, es decir, ni se adelantan, ni se atrasan, al igual que las barras de la “t” y otros signos gráficos; dichas barras de la “t” suelen aparecer de corta dimensión y fijadas al hampa; no suelen aparecer desigualdades en el espacio. Como sesgo más negativo señala una incapacidad o escasa aptitud para trabajar con rapidez o realizar las tareas con suficiente diligencia, lo que les convierte, en muchos casos, en personas lentas o con reacciones torpes, con escasa capacidad para pasar de una tarea a otra o para cambiar de actividad o tema a tratar aunque su nivel de inteligencia sea compatible con la normalidad, mediana si hubiera que clasificarla. Denota una actitud rutinaria y en el caso de la producción grafoescritural infantojuvenil denota a chicos que muestran dificultades para seguir el ritmo del aprendizaje en clase, o para cambiar de una materia o asignatura a otra, o que no se centran en lo que deberían estar haciendo y, en cambio, realizan tareas atrasadas o que no se les ha encomendado, tal vez por haberse perdido en la materia o por ejecutar aquello en lo que se sienten seguros. En estos casos es preciso considerar si se asocia a una escritura blanda, pues denotaría una debilidad manifiesta en la voluntad, junto a cierta desidia, apatía, aparentemente elevado grado de atolondramiento o pereza y mostrar muy frecuentemente actitudes dubitativas.

-Velocidad precipitada. Esta modalidad se perfila en torno a las 200 letras por minuto, aunque ello depende, en cuanto a su clasificación, del tipo cultural, de la formación, de la calidad que se precise en el escrito, etc. En el marco educativo es conveniente tener en cuenta lo que supone la toma de apuntes directamente, o sea, que el grado de velocidad, en tal caso, no se corresponderá con el que la persona alcance normalmente en unas condiciones absentas de estrés grafoescritural, con lo que este conlleva en cuanto a lo extremo de diversos parámetros de la escritura.

En condiciones normales y no en un ambiente con el referido estrés grafoescritural, señala actividad y dinamismo en alto grado, junto a una gran capacidad para captar, comprender y asimilar las cosas. Suele aparecer asociada a rasgos de personalidad caracterizados por el apasionamiento, impulsividad, impaciencia, extrema emotividad, sobreexcitación, agitación, intranquilidad, irritabilidad, en un sujeto que puede llegar a comportarse como colérico, irreflexivo, con desorden de ideas o en sus actos, en el caso de estudiantes muy alborotador, tendente al disimulado con propensión al engaño, todo lo cual puede desembocar en una posible tendencia a la violencia y a la agresión. Estos rasgos se convierten en sesgos muy negativos que es necesario valorar con detenimiento. Entre sus principales características de los movimientos grafoescriturales destacan: que la letra, una cursiva muy ligada, es o tiende a ser pequeña, irregular en su dimensión en relación a lo que supone su contexto gráfico, y la escritura lanzada; con espacios interletras e interpalabras irregulares y con tendencia progresiva en dicha irregularidad, dependiendo del grado de estrés o fatiga grafoescritural que se experimente en el curso de la producción analizada; suele presentar trazos filiformes o inacabados, con tendencia a la letra poco legible o ilegible, en la que la “m” y la “n” parecen hilos o rayas, o adoptan rasgos de síntesis que abrevian su trazo, aspecto que puede ser impreso en otras letras y signos. En algunos casos en adolescentes y jóvenes resulta muy complejo leer esta escritura, por lo que debe ser considerada como un signo de alarma importante, ya que la letra ilegible o inacabada, como es esta, tiene una valoración global negativa.

-Velocidad desigual. En esta modalidad los movimientos grafoescriturales muestran signos de rapidez o de lentitud, o bien de pausas o frenadas. Resulta difícil de calificar y clasificar, por lo que una gran ayuda al grafoanalista es el contemplar directamente cómo se realiza la escritura, aunque ello no es imprescindible. Denota a una persona que presenta ambivalencia, con actitud dubitativa y vacilaciones constantes, así como intranquilidad esporádica y poco controlable. Precisa contener o frenar las necesidades, los impulsos inconscientes y tendencias derivadas de los instintos por medio de la contención razonada y consciente, cosa que no siempre logra. En el caso de chicos nos encontramos ante casos que tiene verdadera dificultad para controlar sus tendencias o inclinaciones en un variado abanico de aspectos. Como sesgo más negativo presenta cierto desequilibrio nervioso, con intranquilidad, irreflexión, agitación, angustia, inquietud, inseguridades, actitudes dubitativas, desconfianza hacia si mismo y hacia los demás. Muestra un carácter influenciable e impresionable generalmente, con frecuentes variaciones en los estados de ánimo y en el humor y en su comportamiento, pasando de un extremo al contrario. Además, resulta poco constante en lo relativo a planes, proyectos, ideas, aspectos vinculados con el futuro o el porvenir, que en el caso de chicos puede sintetizarse en una preocupación por lo más inmediato, dentro de su horizonte temporal. Cabe considerarlo como importante signo de alarma en los escritos escolares.

La continuidad:

Se relaciona con los enlaces de las letras dentro de una misma palabra, lo que se corresponde con la forma en que se ligan o unen las letras entre si. Señala el tipo de inteligencia del individuo, sea de tipo intuitivo o lógico, el alcance de las inteligencias múltiples del individuo, los tipos de dichas inteligencias predominantes, la forma en que estas inteligencias interactúan y se vinculan con capacidades y competencias básicas del sujeto, y cómo estas pueden influir en la vida cotidiana en todos los aspectos. También señala la relación o vinculación que la persona establece con otros, con el mundo material que le rodea, con los hechos, las circunstancias, y la capacidad para analizarlo todo y alcanzar sus propias experiencias y conclusiones y derivar de ellas el aprendizaje personal y social correspondiente. Para analizar la continuidad no ha de tenerse en cuenta los tiempos o movimientos grafoescriturales detenidos, o cortados, o interrumpidos para situar la barra de la “t”, las tildes, los puntos, ... ya que estos han de estar singularizados en el proceso grafoescritural. Por ello debemos valorar la continuidad en el conjunto global de la producción grafoescritural, considerando que los trazos y signos de puntuación precisos para realizar la escritura enlentecen y dificultan el alcanzar una continuidad ágil y acentuada. Se distinguen diferentes modalidades o tipos de continuidad:

-Continuidad ligada. En esta modalidad los movimientos grafoescriturales son constantes, ágiles, rápidos, espontáneos, enlazándose o ligándose las letras sin cortes en la zona media de las mismas. Denota unas adecuadas facultades para el razonamiento lógico, convergente y deductivo, la coordinación de ideas y el razonamiento que lleva a establecer esquemas o procesos previamente conocidos para aplicar a la resolución de problemas o cuestiones. También se relaciona con la capacidad y las facultades para conectar, relacionar y asimilar conocimientos, integrándolos en estructuras, extrae con facilidad y rapidez consecuencias de las situaciones y los hechos en un ejercicio de síntesis cognitiva y mental. Asociada a un ambiente con grafismos extendidos denota sociabilidad, extraversión, solidaridad, generosidad, altruismo, proyección positiva hacia los demás, generosidad. En casos de personas sobredotadas –superdotadas según terminología tradicional y vulgar- se aprecia un sentido de lo individual, con alta autoestima que se conecta con una autoimagen y un autoconcepto muy consolidados y elevados, al tiempo que un grado de generosidad significativo. Asociada a un ambiente grafoescritural con grafismos pequeños, ordenados y regulares denota constancia, tenacidad, continuidad y perseverancia en lo que hace, y en sus planes y objetivos, señalando a una persona con rasgos muy positivos que le permiten superar obstáculos, problemas y situaciones adversas, aspecto que indica un factor de predicción en cuanto a valorar un muy posible éxito en los planes o proyectos emprendidos. En su aplicación de estos factores a edades de adolescencia y juventud, encontramos que en el medio educativo existe un porcentaje apreciable con estas características, ya sea en su acepción de totalidad o parcialmente con presencia de algunas de ellas. Los sobredotados pueden contarse, según las poblaciones y el entorno sociocultural, en torno a 3-5%, aunque muchos de ellos pasan desapercibidos e incluso caen en el fracaso escolar al no ofrecerles el sistema educativo enfoques atractivos y adecuados para que puedan desarrollar sus aptitudes y capacidades. Como sesgo negativo señala la presencia de un convencionalismo social, rutinario, con inteligencia mediocre, cortedad y estrechez de miras y de ideas y ausencia de astucia y perspicacia.

Estas condiciones pueden ser consecutivas a un grado elevado de frustración ante la impotencia que produce el no contar con la ayuda y el apoyo del entorno más inmediato o del sistema educativo para desarrollar sus capacidades. Asociada aun ambiente gráfico con escritura sobrealzada denota obstinación, tozudez, tendencia a lo extremo, a lo dictatorial y al absolutismo. Asociada a un ambiente gráfico con escritura rápida e inarmónica denota irreflexión, impaciencia acusada, fogosidad, impulsividad, precipitación, ausencia de medida o límites en las acciones y planteamientos, así como un carácter desequilibrado. Asociada a un ambiente con escritura caligráfica denota ausencia de originalidad, contar con muchos prejuicios, servilismo, actitud egoísta y posible neurosis. Estos son sesgos negativos que se manifiestan en edades adolescentes y juveniles, con presencia en el medio educativo y signos de alarma en los escritos escolares.

-Continuidad desligada. En esta variante aparecen las palabras con letras exentas, desunidas o desligadas, en las que no se ha realizado la ligadura y son, por tanto, independientes, conservando en muchos casos las características de la letra script. Señala en la persona una capacidad para la intuición y necesidad de estar en contacto con el inconsciente, extasiándose, en una especie de efecto de rumiación continuado. Denota una buena capacidad para la imaginación y la inventiva en una tendencia a ocupar la mente en la solución de problemas o cuestiones cercanos. Esto conecta con su capacidad para la creatividad, en el marco de una mentalidad curiosa y viva. Asociada con escritura monótona y regular denota debilidad mental y posible discapacidad intelectual. Asociada con escritura suspendida y masiva denota una tendencia a la autoestima cambiante y con vaivenes. En el ámbito educativo es preciso tener muy en cuenta que junto a rasgos muy positivos se pueden constatar otros que inspiran indudable preocupación como signos de alarma.

-Continuidad agrupada. Las palabras se forman por grupos de 2, 3, 4 ó más letras, ligadas o agrupadas, mientras el resto no se presenta así. Señala que se emplea en el razonamiento la lógica y la intuición, es decir, tanto el razonamientos lógico –pensamiento lógico-matemático o convergente-, como la intuición, más conectada esta con capacidades propias del pensamiento divergente o creativo. Esto remite a diferentes modelos de inteligencias –inteligencias múltiples-, de capacidades –competencias- y de pensamiento. Denota un equilibrio entre el marco de la realidad interna personal y la externa, entre lo propio y lo ajeno, y en el caso de los adolescentes y jóvenes entre el contexto y las exigencias sociales, familiares o escolares y la forma de abordarlas por el chico. Señala una buena capacidad para adaptarse al medio que le rodea y a los avatares y circunstancias que sobrevienen, así como para organizarse en lo personal y en las tareas a llevar a cabo, ordenar y clasificar hechos y conceptos, seleccionando y destacando los mejores aspectos vitales, aquello que resulta especial o fundamental, lo cual significa saber subrayar y poner en valor las cosas que de verdad importan.

Asociada con grafismo de escala superior o maduro –dependiendo de la edad y la formación-, acompañado de enlaces, rasgos, gestos y caracteres propios y originales en la escritura simplificada, señala agilidad mental e intelectual, con una buena aptitud y capacidad para la iniciativa, la creatividad, con grandes aptitudes para construir hipótesis y poner en juego el pensamiento divergente o creativo.

-Continuidad con intervalos o lapsos de cohesión. El intervalo o lapso de cohesión es el espacio o blanco que existe entre una letra y otra dentro de una misma palabra. Señala una contradicción o crisis interior como resultado de una represión de lo que se quiere o se desea, así como necesidades, tendencias, planes, necesidades o aspectos instintivos. Es el fondo de una especie de batalla entre dichas tendencias o deseos y la moral o la propia conciencia del individuo, o el referente del medio al que se opone la persona porque le dificulta o impide lograr sus propósitos. Señala unos rasgos de personalidad con una fuerte afirmación individual, muy estricto y altamente severo, con indecisiones, temores, represiones, posibles complejos de inferioridad que no se han resuelto o están mal equilibrados. Algunos de estos factores se hallan presentes y no resueltos desde posibles traumas o problemas vividos en la infancia, por lo que es muy importante valorar lo que el adolescente o joven presenta en este sentido. Como sesgo negativo señala una actitud de agobio personal y de angustia continuada, de indecisiones, dudas, vacilaciones, inseguridades, lo que lleva a una clara incapacidad o inadaptación para afrontar situaciones y solucionar problemas con celeridad. Asociada a un ambiente con producción grafoescritural desigual o que presente disparidad o marcados rasgos contradictorios denota cierta predisposición a la neurosis, con posible tendencia a la ambivalencia y la bipolaridad que no se resuelve con facilidad.

-Continuidad fragmentada. En esta variante se presentan letras configuradas por dos o más movimientos grafoescriturales que tienen viso de independientes y que aparecen como yuxtaposición o añadido, no cohesionados, inconexos, desarticulados, de forma no coherente. Se asemeja a los trazos de los niños pequeños en la fase inicial de la escritura cuando, como neolectores y neoescritores no ha desarrollado destrezas ni automatismos que permitan realizar las letras con movimientos armónicos y continuados. Por ello es crucial distinguir la continuidad fragmentada en un niño, adolescente o joven de aquella otra que se corresponde con las fases iniciales de la escritura, e incluso con la de escrituras poco desarrolladas o de personas adultas aunque con un bajo nivel cultural y de formación. Señala el dominio de la intuición, la propensión a los presentimientos muy a menudo y la impresionabilidad, la inestabilidad, la falta de seguridad en si mismo, un bajo autoconcepto y una mermada autoestima. Como sesgo negativo destaca que experimenta y sufre constantemente situaciones dubitativas, con cuadros de angustia, agobio, vacilación y ansiedad e incluso de miedos no siempre fundados razonablemente. Aparecen los temores y las incertidumbres, que pueden agregarse a una conducta de rumiación que lleva al individuo, y más si es un adolescente o joven, a conceder una gran importancia a aspectos nimios que percibe como desencadenantes de cuadros fóbicos. Se produce una especie de selección muy personalizada de miedos, tensiones, presiones, aspectos desestabilizadores, y un conjunto de rasgos que reducen muy considerablemente la capacidad del sujeto, y especialmente del adolescente y del joven, para afrontar la realidad que le rodea, y muy particularmente en el ámbito educativo.

-Desigualdad en la continuidad. En esta variante las letras dentro de una palabra se unen o separan sin un patrón, sin que se pueda advertir una pauta u orientación que la explique, presentándose de cualquier forma y aleatoriamente. Señala una conducta caracterizada por una actitud gravemente dubitativa, con vacilaciones, indecisiones, agobios y ansiedades explícitas, y posibles ambivalencias psíquicas no resueltas ni equilibradas, tal vez como consecuencia de problemas o traumas desde la infancia. Denota en la persona, y muy en particular en adolescentes y jóvenes un mundo y una vida interior amplios, ricos en lo elevado o espiritual, con ideas singulares y destacadas en relación a otros individuos de su edad y medio, y muestra una buena capacidad para la creación con un perfil de sensibilidad. Puede corresponderse con el perfil de adolescentes y jóvenes que pasan por tímidos en el medio educativo y que, en cambio, poseen un vasto territorio de cultura interior e íntima, sabiéndose diferentes a los demás en cuanto a sentido estético, sensibilidad, gustos refinados o extremadamente singulares. En algunos chicos con este perfil pasan desapercibidas sus ideas en el medio educativo, que los tacha de raros, dependientes, inconstantes, atrasados en sus rendimientos escolares, e incluso con posibles serios problemas de relación con los demás. A este cuadro se agrega, como sesgo negativo, una falta de constancia, unida a una inestabilidad en lo emocional, y una falta de criterios o posturas firmes o mantenidas mucho tiempo. De ahí que aparezca como un joven voluble, cambiante, ambivalente, contradictorio, ausente, comunicativo de forma selectiva, que no resuelve la oposición entre los pensamientos, los deseos, las intenciones y proyectos frente a las emociones, los impulsos, el terreno de lo práctico, sus acciones y las manifestaciones en general.

La presión:

La presión en la escritura se relaciona con la tensión, el calibre y la profundidad de los trazos. Se corresponde con la fuerza de la persona en muy distintos aspectos, e indica la potencia o empuje de los impulsos, los sentimientos, las tendencias, los instintos, así como determinados factores conectados con la salud, la vitalidad física, y el estado general en que se encuentra el individuo. La presión señala características del sujeto respecto de lo que le rodea, pero también de su valía, entereza, firmeza, capacidad para enfrentarse a las cosas, presteza, solidez o vulnerabilidad ante los vaivenes de la vida, ánimo con que se relaciona y actúa, sensibilidad, mantenimiento de criterios, etc. Se relaciona con la firmeza, la profundidad, el peso, el relieve, el ritmo o la marcha, la velocidad o rapidez, la continuidad y el factor de la progresión y otros parámetros que se reflejan en la producción grafoescritural. Puede presentar diferentes manifestaciones o tipos:

-Presión mediana o normal En esta variante se mantienen estables y firmes en cuanto a presión los movimientos grafoescriturales, con cierta inclinación o tendencia a suavizarse en la zona de la base de la escritura. Señala equilibrio entre las diferentes inclinaciones o tendencias del individuo y sus posibilidades de adaptación al contexto y a los obstáculos; de la relación entre lo estricto y lo flexible, entre el entendimiento o razón y la esfera de los sentimientos, entre lo que debe ser y lo que es. Denota una actitud no rígida y sí flexible, que acomete las realidades enfrentándose a los hechos y problemas y adaptándose en lo posible. En el caso de niños, adolescentes y jóvenes, suelen tener asimilado un sistema de valores aprendido desde pequeños.

-Presión firme. En esta variante los movimientos grafoescriturales se presentan rectos, regulares, firmes y la producción grafoescritural suele aparecer organizada, con una dirección rectilínea y con dominancia de los ángulos. Se aprecia muy bien valorando el dorso del soporte grafoescritural, especialmente en el papel. Señala una importante presencia de fuerte energía y vigor personal, junto a buena capacidad para la actividad y para trabajar, con un adecuado resultado y rendimiento, en un marco de seguridad en si mismo, firmeza, tenacidad, constancia, mantenimiento de los impulsos y de la actitud positiva ante las tareas. No se viene abajo y muestra una actitud extrovertida por lo general. Esta valoración muy positiva puede quedar eclipsada, en algunos casos en que, como sesgo negativo, el individuo pueda resultar o comportarse como intransigente, intolerante, duro, falto de comprensión hacia los demás, egoísta, materialista, sensual y con tendencia a la agresividad. En el caso de adolescentes y jóvenes denotaría una actitud egocéntrica y egoísta.

-Presión blanda. Esta variante se caracteriza porque los movimientos grafoescriturales se concretan en: en general, se trata de una producción grafoescritural con una velocidad lenta; se aprecia cómo descienden las líneas o renglones y los finales de las mismas e incluso de las palabras; se muestra un contexto grafoescritural con predominio de las formas curvas que, en principio, debería facilitar la ligadura entre las letras de una palabra y la cursividad en general; esa tendencia a los trazos curvos puede derivar en que las hampas y jambas se hacen curvas en vez de rectas, siguiendo el trazo como en la “c”; en algunos casos puede presentar una ausencia de los puntos y de las barras de la “t”, o una casi imperceptible presencia de puntos de las “i” y de signos de puntuación, que en situaciones muy extremas están ausentes. Señala tendencia a la sociabilidad, a las buenas formas sociales y a una actitud agradable a los demás, con cierta facilidad para adaptarse a las situaciones sin grandes problemas. Como sesgo negativo presenta escasa disposición para la acción, para la pelea o el combate en la sociedad, y tampoco se presta a la defensa de sus propias posturas. Muestra escasa capacidad para afrontar y solucionar problemas y para aquellas tareas, funciones o trabajos que impliquen una dedicación con gran esfuerzo de una manera continua. En adolescentes y jóvenes puede revestir especial importancia en el medio educativo, pues puede resultar denotativa de problemas agregados. Asociada a un ambiente grafoescritural anguloso señala tozudez, obstinación, aunque también actitud blanda, perezosa y cierto grado de pasividad.

-Presión ligera o fina. Esta variante presenta una producción grafoescritural con trazos finos y delgados, en que casi no se aprecia un claro contraste con el blanco del soporte papel. Esto se aprecia en el reverso por el bajorrelieve que queda impreso en el papel. Señala una persona fina y delicada, con sensibilidad, delicadeza de sentimientos y altura de pensamientos, con tendencia a la introversión, aunque también denota receptividad y cierto grado de vulnerabilidad. Se trata de un individuo idealista, sensible, espiritual, delicado. Como sesgo negativo puede presentar un carácter escasamente firme en su relación con el contexto diario, con cierta predisposición a la autocontemplación, con rasgos de timidez, persona fácilmente influenciable, que muestra un grado notorio de pasividad y de angustia. Estas características dibujan el perfil de un adolescente o de un joven que puede presentar serios problemas en el medio educativo.

-Presión pastosa. En esta variante de constatan movimientos grafoescriturales recargados de tinta, gruesos, empastados, especialmente en los óvalos, plenos, etc., aunque debemos tener muy en cuenta el tipo de útil isncriptor con que se realiza la escritura y delimitar la posible influencia del mismo en la apariencia pastosa o empastada de la producción grafoescritural. Los útiles inscriptores con punta de fibra (sobre todo cuando es gruesa o ancha), o con una descarga de tinta muy acentuada, o con características similares, pueden producir una apariencia de presión pastosa. Señala en la persona fatiga mental o física, cansancio, agotamiento, incapacidad para mantener la atención o razonar sobre aspectos muy complicados. Como sesgo negativo denota sensualidad, a veces deseos desordenados como la glotonería.

-Presión apoyada-fusiforme o engrosada. En esta variante los movimientos grafoescriturales varían de unos impulsos suaves y ligeros a otros que van en progresión o aumento repentino y violento en la presión. Esto se manifiesta especialmente en los perfiles y en los plenos, especialmente en estos últimos, cuando la punta del útil inscriptor desciende. Señala unos rasgos de personalidad expansiva. Como sesgo que puede ser considerado negativo señala cierto grado de sensualidad descompensada, exquisitez, sibaritismo, glotonería, cambios radicales de humor y de actitud, inestabilidad, sobreexcitación, salidas de tono, situaciones de agresividad imprevisible, tendencia a ser colérico y protagonista de actitudes explosivas.

-Relieve del grafismo y grafismo en relieve. Se entiende el relieve del grafismo como el contraste entre los trazos (sean con grafito, tinta negra o azul de bolígrafo, pluma estilográfica, rotulador, ...) y la blancura del soporte papel.

El grafismo en el relieve se refiere a que los trazos se encuentran muy nutridos de tinta y presentan unos contornos netos y bien definidos. Se percibe un contraste acentuado entre lo escrito (la tinta o el grafito) y la blancura del soporte papel. Señala en el individuo su profundidad, su relieve o forma de destacar y posible superioridad, así como sus capacidades en cuanto a inteligencias múltiples, creatividad, memoria y capacidades para la observación y la imaginación. Suele asociarse a vitalidad, intranquilidad y nerviosismo, así como equilibrio psíquico y elevada capacidad para centrarse en un trabajo y lograr un alto rendimiento. Asociada a escritura movida denota vigor, valentía, coraje, ardor, rasgos de intrepidez y audacia en acciones y en situaciones. Como sesgo negativo denota tendencia a la impulsividad, con rasgos de carácter muy ardiente, apasionado y fogosidad sin contención, unido esto a que suele ser un individuo materialista. En adolescentes y jóvenes representa un serio signo de alarma en la escritura, por lo incontrolable que se muestra en determinadas situaciones, su tendencia a huir hacia delante y que lo intrépido puede derivar y confundirse con lo osado, irreflexivo, irracional y rayano en lo imprudente.

-Grafismo de bajo relieve. En esta variante los trazos no manifiestan contraste con la blancura del soporte papel. Señala en el individuo escasez o ausencia de vitalidad y empuje, o una personalidad débil con falta de creatividad e imaginación que apenas puede sobreponerse a los obstáculos y vicisitudes; puede mostrar una actitud de apatía, de abulia, de indolencia y pasividad. En adolescentes y jóvenes señala falta de fuerza e interés para afrontar las tareas, así como un alejamiento de lo que constituyen las obligaciones.

-Desigualdad de presión. En esta variedad los trazos manifiestan irregularidades o desigualdades muy acentuadas en cuanto a la coloración o entintado y a la presión en algunas grafías o letras, o en algunas palabras en el mismo escrito. Señala que las zonas o partes con más débil entintado o coloración significan pérdidas o ausencias de vitalidad y un posible aumento en la sensibilidad e impresionabilidad; mientras que las zonas o partes de entintado o coloración más intensa significan dinamismo rico en el individuo. Muestra un carácter susceptible a la excitación, con posible desequilibrio que conduce a una vitalidad exuberante y de ella a un dacaimiento o agotamiento exagerado que puede desembocar en un estado de abatimiento acentuado. Esta posible situación bipolar constituye un grave cuadro detectable a través de este sesgo negativo, presente en algunas producciones grafoescriturales de adolescentes y jóvenes en el medio educativo.

-Anomalías de presión. Hay un conjunto de signos que, como manifestaciones grafoescriturales, señalan posibles trastornos de tipo físico, psicológico, psíquico. Se trata de empastamientos, reenganches, brisados, temblores grafoescriturales, torsiones, cegados, etc.

-La presión considerada globalmente. Viñals y Puente han sintetizado la interpretación grafopsicológica básica de los principales parámetros, de acuerdo con la Escuela Italiana combinada con la Escuela Española. En el aspecto de la presión clasifican las tipologías según la tensión, el calibre y la profundidad de los trazos: filiforme-ligera (significando receptividad y delicadeza), los trazos gruesos (imperiosidad), delgados (receptividad, vulnerabilidad, delicadeza física), la engrosada II o apoyada-fusiforme (cambios en el estado de ánimo), trazos abultados particularmente en mazas (imperiosidad retardada), trazos gruesos salteados (imperiosidad inesperada), abultados debajo del renglón (imperiosidad retardada y brutal), adelgazados (hipersensibilidad), adelgazados debajo del renglón o acerada (hipersensibilidad desorbitada y agigantada), delgados debajo del renglón (miedo a comunicarse con el ambiente), rectos (inflexibilidad), cóncavos (condescendencia y sufrimiento excesivo en el contacto con el medio), convexos (repulsión, rechazo, rebeldía), cóncavos debajo del renglón (cesión, posible complejo de inferioridad), convexos debajo del renglón (autodefensa morbosa), convexos-cóncavos (complacencia con aversión retardada), cóncavos-convexos (complacencia en presencia y rebelión en ausencia o complacencia interferida de ímpetus de rebelión), cóncavos-convexos abultados (complacencia seguida de descargas neuróticas de rebelión), cóncavos-convexos abultados y adelgazados (complacencia seguida de descargas neuróticas paroxísticas de rebelión paranoide o paranoica), cóncavos-rectos (condescendencia seguida de rigidez inflexible).

4. Principales aspectos a considerar en la detección de signos de alarma en los escritos escolares por el profesorado. A modo de conclusión

Los factores abordados en este trabajo pueden servir al profesorado que imparte docencia en niveles que van desde la Educación Infantil, a la Primaria, Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional y enseñanzas no regladas, orientadas a niños, adolescentes y jóvenes, toda vez que se facilita un verdadero catálogo de elementos grafoescriturales que pueden ser interpretados como signos de alarma. Para que sea eficaz la intervención de detección y la posterior que se derive de ella, es necesario que se tengan en consideración ciertos aspectos, entre ellos: a) El profesorado puede detectar signos de alarma en los escritos escolares con relativa facilidad. Hace falta una formación o capacitación específica en cuanto a discriminación de lo que es compatible con la normalidad grafoescritural, en los distintos momentos del proceso lectoescritor, de la edad, de la edad gráfica… b) Para diagnosticar o vincular los signos de alarma en los escritos escolares con determinadas alteraciones, disfunciones..., es preciso contar con la formación concreta en el área del grafoanálisis. Acceder a dicha formación puede implicar un esfuerzo personal del profesional muy elevado, aunque la administración educativa puede y debe aportar los cauces para que ello sea viable y eficaz. c) Es preciso el trabajo y la aportación interdisciplinar para alcanzar un nivel aceptable de eficacia en el análisis de los signos de alarma en los escritos escolares. En el mismo sentido hemos de considerar que las medidas a adoptar en la detección, evaluación y tratamiento de dichos signos de alarma pueden provenir de diferentes campos disciplinares. El grafoanálisis sintetiza el amplio campo de disciplinas y modelos de intervención.

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