Número 28. Mayo-Agosto 2016

La movilidad transfonteriza: el caso de Melilla-Nador

Transborder mobility: the case of Melilla-Nador

Ouasim Ananou

Instituto de la Paz y los Conflictos.
Universidad de Granada, España.
ouananou81[at]hotmail.com

Francisco Jiménez Bautista

Departamento de Antropología Social.
Universidad de Granada (España).
fjbautis[at]ugr.es

Este artículo pretende estudiar y analizar la región fronteriza Melilla (España) - Nador (Marruecos) destacando el conflicto de la movilidad transfronteriza y acentuando las relaciones pacíficas entre los individuos y/o ciudadanos. Sin embargo, la definición de frontera se diluye desde las zonas limítrofes mientras nos aproximamos a los centros de poder. Esta frontera es una falla geológica, multicultural, que se define a la vez una frontera colonial entre España y Marruecos, en términos económicos entre Europa y África, una división geopolítica entre el norte y el sur del Mediterráneo y un conflicto religioso principalmente entre cristianismo e islam. La región fronteriza entre Melilla-Nador se ha convertido un espacio de diversidad y variabilidad multicultural, como espacio de ensayo de carácter interdisciplinar. Concluimos que el discurso transfronterizo de las personas que practican el movimiento entre ambas orillas y el examen de las narrativas definen a una población sin miedo al cambio donde la identidad nacional cede terreno ante la identidad fronteriza y/o transfronterizo.


Fecha de recepción: 28/10/2015

Fecha de aceptación: 18/4/2016


Palabras clave: Frontera; Identidad; Movilidad; Melilla-Nador


Para citar este artículo: Ananou, Ouasim y Jiménez Bautista, Francisco (2016). La movilidad transfonteriza: el caso de Melilla-Nador. Revista de Humanidades [en línea], n. 28, artículo 7, ISSN 2340-8995. Disponible en http://www.revistadehumanidades.com/articulos/118-la-movilidad-transfonteriza-el-caso-de-melilla-nador [Consulta: Lunes, 18 de Febrero de 2019].


DOI: http://dx.doi.org/10.5944/rdh.28.2016.16498


Abstract: This article aims to study and analyze the border region of Melilla (Spain) - Nador (Morocco) highlighting the conflict of cross-border mobility and emphasizing peaceful relations between individuals and/or citizens. However, the definition of border diluted from neighboring areas when we approach the centers of power. This border is a multicultural geological fault defined both a colonial border between Spain and Morocco in economic terms between Europe and Africa, a geopolitical division between the north and south of the Mediterranean and, primarily, a religious conflict between Christianity and Islam. The border region between Melilla-Nador has become a multicultural diversity and variability space, as a rehearsal interdisciplinary space. Concluding that the transboundary speech of people who practice the movement between both sides and examining narratives define a population without fear of exchange where national identity is giving way to the border and/or transborder identity.


Keywords: Border; Identity; Mobility; Melilla-Nador

Sumario

1. Introducción. 2. Movilidad humana en la frontera Melilla-Nador. 3. La Interdependencia fronteriza a nivel de Melilla-Nador. 4. Las Interacciones fronterizas hispano-marroquí (Melilla-Nador).5. A modo de conclusión. 6. Bibliografía.

Artículo

1. Introducción

Un tema cotidiano de conversación para quienes viven y conviven en localidades fronterizas son los puentes. Estos espacios señalan límites y diferencias y al mismo tiempo, unión y coexistencia. Son espacios intermedios donde se recrean creencias, valores culturales y actitudes que nos motivan para actuar de la forma más dialógica y colaborativa. La frontera es puente o muro en función de la capacidad de los individuos para desplazarse a través de ella (Lacoste, 1993; Crosswell, 2006). Este sería el caso de la frontera entre Marruecos y España, África y Europa, entre dos países del Mediterráneo, entre el Sur y el Norte, etc. A dichas regiones fronterizas como líneas de divergencia y de desplazamiento se le suma la frontera como punto de encuentro, de coexistencia y de cohabitación (García, 1990; Álvarez, 1997; Anthias, 2001).

Así, por ejemplo, en la región fronteriza de Melilla-Nador, la comunicación mediante el castellano -idioma oficial de España- y el tamazight –el tamazight rifeño o tarifit es una lengua oficial de la población de origen rifeño del norte de Marruecos- se torna difusa ante una población hispano-marroquí-amazighe parlante. Además, la distinción a nivel de moneda euro y dírham marroquí (moneda oficial del Reino de Marruecos) desaparece ante la omnipresencia de sitios de cambio monetario, formales e informales, y la autorización no formal del uso del dírham como moneda corriente al lado del euro en Melilla (y viceversa). Al plano económico se le suma también un cambio a nivel social por la emergencia de bodas híbridas. En cuanto al ámbito educativo, Melilla dispone de un colegio, el «Hispano-Marroquí», que se rige por las normas de la administración educativa marroquí, con un funcionamiento autónomo por tanto respecto al sistema educativo español (Arroyo, 1997). Concluimos que toda esta mezcla y amalgama hace que la identidad nacional ceda terreno ante una identidad fronteriza y/o transfronteriza.

Hoy, la ciudad autónoma de Melilla, se encuentra justamente en el centro neurálgico de la actual crisis migratoria. La emigración en particular entre Marruecos y España, con objeto de esperar la travesía del Mediterráneo, es concebida a menudo como una búsqueda de paz, de refugio y supervivencia. Todo esto no va a desaparecer sino más bien a acentuarse en los próximos años. Melilla ha experimentado tres claros procesos migratorios diferenciados en los últimos años:

  • Un puente de paso-cruce para los inmigrantes subsaharianos al territorio peninsular.

  • Una frontera abierta con el reino de Marruecos (diariamente 20.000 personas pasan la frontera).

  • La propia población melillense respecto la población de origen español-europeo.

Desde hace muchas décadas, han convivido cuatro o cinco grupos étnicos diferentes: bereberes, europeos, hebreos, árabes e indios. Varios son los rasgos étnicos que los diferencian: el color de la piel, la religión, las lenguas, las fiestas, el modo de celebrar las bodas, etc. En esta ciudad, renacida en un discurso positivo sobre el comportamiento de las cuatro culturas –la cristiana, la musulmana, la hebrea y la hindú- con unas características culturales bien definidas, la realidad principal es la cohabitación de dos grandes grupos: el de origen europeo -tradicionalmente identificado con las costumbres españolas y la religión católica- y el de origen rifeño-marroquí, de lengua tamazight y religión islámica, grupos que, pese a disfrutar de un status jurídico similar, no cuentan todavía con una equiparación real de oportunidades.

Los grandes cambios que han tenido lugar en la sociedad española -la adhesión a la Unión Europea en 1986, por ejemplo-, o también en su vecina marroquí, en los últimos años han originado la aparición de nuevos fenómenos sociales y culturales tales como la diversidad cultural, la multiculturalidad y la coexistencia. En la mayoría de los casos, dichos cambios son seguidos con bastante inquietud por parte de la sociedad nacional e internacional, y con un tono alarmista por parte de los medios de comunicación. Todo ello dio lugar a marcar a la región fronteriza Melilla-Nador, con su diversidad y variables multiculturales, como espacio de ensayo de los diferentes estudios de carácter cultural y sociológico.

La capacidad para viajar de manera recíproca y cotidiana adquiere un valor específico, ya que la frontera separa efectivamente dos realidades diferentes. Además, el refuerzo del control fronterizo exacerba los contrastes entre ambos lados y hace crecer la diferencia, que es un símbolo de la travesía y la movilidad. Sin embargo, sí la capacidad de circular es un recurso esencial en las regiones fronterizas, nos planteamos la pregunta ¿cómo la posibilidad de esta movilidad recíproca de ida y vuelta hace de la frontera un recurso para re-identificar la región basándonos en las prácticas sociales y las relaciones vinculadas a la misma movilidad?

Como señala Natter y Jones (1997), la tarea consiste en producir una teoría del espacio social no esencialista. En este sentido, la hipótesis en la cual nos basamos para la realización de este artículo es que las personas transfronterizas aprenden la movilidad mediante el desafío fronterizo, en nuestro caso la frontera terrestre Melilla (España)-Nador (Marruecos). Para ello, partimos de la experiencia de los habitantes fronterizos de ambas las ciudades.

Como se verá más adelante, nuestro análisis está basado en un trabajo que triangula entre la Sociología, la Geografía y la Antropología, realizado desde una visión de la Antropología para la paz y la Investigación para la paz -Peace Research- que se dedica a observar y describir cómo los aspectos característicos de la capacidad de circular, o de ser móvil, constituyen un recurso fundamental en las regiones fronterizas.

Existen diversos ámbitos en los que es posible identificar estos referentes de identidad similares entre los habitantes de la región. Por ejemplo, podemos señalar los estudios de antropología de autores como Giovanna Fiume, Mercedes García-Arenal o Miguel Ángel de Bunes, que hablan de una identidad líquida cuando se refieren a pueblos en contacto o a la identidad en los pueblos de frontera, y reflexionan sobre el asunto de la alteridad religiosa y sobre la identidad de los otros, sin olvidar tampoco su papel en la configuración de la otredad (Stoichita, 2014). Pero, la importancia de este espacio fronterizo a partir de las interacciones cotidianas radica en que, como afirma Pablo Vila (2008),

«La frontera ofrece una oportunidad única de ver el complejo proceso de construcción de la identidad y su uso constante de los sistemas de clasificación arbitraria que dan sentido a las identidades sociales».

La carga simbólica de las fronteras se ve proyectada en las construcciones identitarias y en las relaciones de confrontación ‘frente a frente’, entre la nación al norte y la nación al sur. Como menciona Olga Odgers (2001), en las regiones fronterizas los contrastes culturales son tan intensos y controvertidos, que la construcción de una referencia identitaria para sus habitantes se fundamenta en una reinterpretación del pasado compartido. Así, las fronteras no pueden ser separadas de las circunstancias históricas, producto de las cuales fueron constituidas, ya que dichos registros se encuentran resguardados en el imaginario colectivo de la nación entera, pero en especial de los habitantes de la región fronteriza (Campos, 2012).

Como resultado de lo anterior, este trabajo tiene como objetivo estudiar y analizar los procesos de construcción de las identidades fronterizas vinculadas al movimiento en el espacio desarrollado por los habitantes de la frontera de dos regiones diferentes y distantes, como es la frontera Melilla-Nador, para observar cómo la movilidad se convierte en un recurso territorial. En definitiva, las interpretaciones exclusivas de las identidades nacionales han dado paso a nuevas referencias de identidad de frontera.

La metodología utilizada está fundamentada sobre un análisis de la existencia de buenas relaciones e integración entre españoles y marroquíes, la realidad social en el territorio transfronterizo definido por los habitantes vecinos de esta región fronteriza, además de la situación geopolítica que señala a la ciudad de Melilla como un ejemplo de un espacio fronterizo multidimensional.

A continuación presentamos los lineamientos metodológicos que se han tomado como orientadores para el desarrollo del presente artículo. Hemos trabajado en dos fases, una primera consistiría en la revisión de las fuentes documentales existentes sobre nuestra temática y la segunda, en una investigación cualitativa basada en la realización de una serie de entrevistas a los ciudadanos de la región. En total se han realizado 35 entrevistas en profundidad, durante los meses de septiembre a octubre de 2015, para detectar la opinión personal de nuestros informantes sobre la movilidad transfronteriza como valor común en Melilla y su frontera.

2. Movilidad humana en la frontera Melilla-Nador

Actualmente, el acceso de una a otra zona se efectúa, si se viaja en vehículo, por dos puntos de la frontera. Si la entrada se hace andando, puede llevarse a cabo, además de por los accesos antes mencionados, por otros dos puntos. Todos ellos, así como el resto del perímetro, están fuertemente vigilados. De forma habitual entran diariamente en Melilla personas para trabajar, comprar o hacer turismo. Como es obvio, y dado que muchos productos son más baratos y/o escasos al otro lado de la frontera melillense, muchas personas se dedican al contrabando y al comercio ilegal o comercio atípico, lo cual ha generado un fructífero negocio con unas consecuencias positivas para un lado (España) y negativas para el otro (Marruecos). Melilla tiene una subvención anual de 265 millones de euros y vende a Marruecos alrededor de unos 500 millones de euros. España exporta a Marruecos unos 3.200 millones de euros anuales, mientras que Marruecos pierde 1.500 millones de euros por el contrabando, como señala el ministro de economía Abderazzak El Mossadeq (2003). Sin embargo, en la frontera entre Melilla-Nador hay una coexistencia o cohabitación positiva en el ámbito de las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales e históricas.

En realidad, la frontera hispano-marroquí no ha sido tan ampliamente explorada como otras fronteras (como la de los Estados Unidos con México, por ejemplo). En su estudio sobre los pasos fronterizos José María López Bueno (2011) señala que por el punto fronterizo de Melilla cruzaron legalmente un total de 3.780.000 de vehículos particulares, motores, camiones de carga y autobuses de pasajeros y más de 10.888.000 de personas. Este flujo intenso es sumamente heterogéneo y agrupa tanto a quienes provienen de regiones distantes, como Marruecos u otros países, como a residentes fronterizos que en sus actividades cotidianas deben cruzar esta zona fronteriza.

Cuadro 1. Pasos de peatones y de vehículos en los pasos fronterizos de Melilla (en miles). Fuente: López (2011).

Se entiende por «movilidad humana» a la movilización de personas de un lugar a otro en ejercicio de su derecho a la libre circulación. Es un proceso complejo motivado por diversas razones (voluntarias o forzadas), que se realiza con la intencionalidad de permanecer en el lugar de destino por períodos cortos o largos, o, incluso, para desarrollar una movilidad circular. Este proceso implica el cruce de los límites de una división geográfica o política, dentro de un país o hacia el exterior. En los países que comparten fronteras terrestres se desarrollan procesos de migración internacional o transnacional, migraciones internas, desplazamientos forzados internos, trata de personas, tráfico de inmigrantes, entre otras formas de movilidad voluntaria, involuntaria o forzada (Chimni, 1998; Van, 2009).

Desde el punto de vista social, en estas fronteras se observan fenómenos de limitación (oposiciones, contrastes y divergencias) al mismo tiempo de enfoques centrales (Natter y Jones, 1997) tales como las interacciones, convergencias y la aparición de una sociedad híbrida (síntesis de hibridaciones). Los procesos de hibridación y convergencia se suman sin sustituir a la realidad de contrastes, de tensiones y de barreras. Así, las fronteras resultan objetos sociológicamente relevantes en la medida en que constituyen simultáneamente encuentros y oposiciones en torno a los cuales los habitantes fronterizos actúan.

Para desarrollar las nociones conceptuales de la movilidad poniendo bajo la lupa la frontera Melilla-Nador, partimos de la conceptualización de la movilidad realizada por Crosswell,

«La movilidad no es una simple función en el espacio abstracto, sino un fenómeno geográfico significativo y lleno de poder. El movimiento, cuando se convierte en movilidad, es producido socialmente, es variable a través del tiempo y el espacio, y tiene efectos visibles en la gente, los lugares, las cosas y las relaciones entre ellos» (Crosswell, 2001: 16).

La frontera puede ser un puente, un muro o ambos a la vez, dependiendo de la capacidad de una persona para cruzarlo. No obstante, la movilidad como un recurso es un elemento clave para entender la manera en la cual estas realidades paradójicas emergen (Bauman, 2001; Crosswell, 2006; Sheller y Urry, 2006). La movilidad constituye un elemento clave, en una frontera es un puente o una barrera (necesidad de permisos, pasaporte, visado, etc.), lo que incurre, a veces, en prácticas irregulares por parte de los pasajeros para facilitar el desplazamiento a través de ella (Crosswell, 2006). Es por ello que las regiones fronterizas muestran con nitidez las contradicciones entre los flujos y las barreras del mundo contemporáneo: la movilidad fronteriza existe no en razón de un pretendido debilitamiento de las fronteras, sino a pesar de su endurecimiento; la capacidad de circular adquiere valor justamente porque la frontera separa eficazmente dos realidades diferenciadas. El reforzamiento del control fronterizo exacerba los contrastes entre uno y otro lado de la frontera, y es precisamente ese diferencial incrementado el que da sentido al cruce y fomenta la movilidad.

Ahora bien, si la capacidad de movilidad constituye un recurso fundamental en las regiones fronterizas ¿de qué manera el tipo de movilidad impacta en los procesos de construcción de identidades fronterizas? Esta investigación pretende explicar esta relación.

Para ello, partimos de la experiencia de los habitantes fronterizos de la ciudad de Melilla (España) y Nador (Marruecos). Para los habitantes de la zona, la región fronteriza está constituida por dos elementos claves:

  • Movimiento circular: marroquíes residentes en la provincia de Nador (la entrada a Melilla sin visado), personas cuyo trabajo está en la otra parte de frontera, etc.

  • Movimiento de cruce: marroquíes no residentes en la provincia de Nador (la entrada a Melilla con visado), viajeros, turistas, inmigrantes, inmigrantes sin papeles, etc.

Los dos puntos construyen dos mentalidades distintas de personas: el primer grupo, a través de la frontera puente, adquiere una identidad fronteriza; y el segundo grupo, construye una identidad a través de la frontera obstáculo (Tamayo, 2010). En la frontera Melilla-Nador no hay producción de espacio, es decir, que hablamos de un espacio compartido por todas las personas nadorenses que cruzan dicha frontera. Estas características vinculan al poder (por parte de la administración) con la concesión de privilegios solo para los marroquíes residentes en la provincia de Nador y con la transgresión frente a otros habitantes marroquíes.

La intensidad del flujo transfronterizo y los controles de seguridad implantados ponen de manifiesto la dificultad del cruce. Se destaca sobre todo el incremento en el coste económico y humano, el incremento en el tiempo de espera necesaria para cruzar y el incremento en la peligrosidad de cruce del indocumentado, que se ha visto reflejado en la cantidad de heridos registrados en la región últimamente.

La movilidad necesita un aprendizaje que se va acumulando durante el tiempo, ya que los obstáculos que hay que aprender a sortear no son iguales para todos ni fijos durante el tiempo. En efecto, si únicamente mediante la movilidad la frontera como obstáculo puede ser sustituida por la frontera como oportunidad, es primordial comprender que el acceso a la movilidad es un recurso distribuido de manera desigual entre los residentes fronterizos, ya sea en Melilla-Nador, o en tantas otras fronteras internacionales.

En este sentido y como ejemplo de cómo transcurre la movilidad en dicha frontera, Sanaa de 40 años (originaria de Fez pero residente desde hace tiempo en Nador) nos cuenta que se levanta temprano para entrar en primera fila a Melilla. Nos dice que es el único sostén de sus padres y tres hijos y que podría generar, si todo va bien, hasta 18 euros por día; además señala que hay una competencia feroz entre las mujeres para sacar las mercancías de Melilla hacía Nador. Las desigualdades se acentúan por el hecho de poseer o de carecer de documentos, conocimientos lingüísticos, redes sociales o personales que permitan los desplazamientos. En este sentido, más aún que dividir el norte del sur, la frontera separa a quienes pueden construirse en la movilidad, de quienes mantienen como horizonte un muro infranqueable. A esto se le añade las referencias a la patrulla fronteriza «border patrol», a la sangre, a los cruces, a las muchas poblaciones de otras zonas de Marruecos y a los muchos inmigrantes subsaharianos y sirios que no logran pasar, que están imbricados en el imaginario de la frontera de los nadorenses.

La construcción de la identidad fronteriza está afectada por dos factores mayores que son, de un lado la intensidad del cruce y la práctica de cruce. Para algunas comerciantes, la travesía se realiza por razones relacionadas con el comercio (práctica comercial de cruce). En efecto, Mohamed que es un comerciante de Nador cuenta que está obligado a cruzar la frontera de dos a tres veces por semana para comprar mercancías necesarias para su restaurante. Dice además, que la travesía de la frontera se realiza con su pasaporte marroquí, sin necesidad de visado ni permiso de residencia, pero añade que cruzar de Nador hacia Melilla queda complicado a partir de la 19 horas (hora española), y se le añade los fines de semana y las fiestas nacionales y locales españolas.

La gente hace lo mismo cada día por la mañana; son entre 200 o 500 personas las que hacen la fila a pie. Aparentemente, los agentes los conocen de igual forma que ellos a los agentes como cuenta Sanaa -una mujer de contrabando que cruza la frontera diariamente- «Si nosotros nos aprendemos sus caras, ya los tenemos reconocidos, ellos a nosotros también, y a los migras también» (Entrevista 02). Lo mismo ocurre con los entre 700 y  900 vehículos (coches de contrabando) diarios, dedicados supuestamente al comercio atípico de mercancías. Así todos los días a la misma hora, si vas a las 08:00 hora española, (si vas a las 07:00 hora marroquí), son casi las mismas personas. Otra razón de cruce es laboral y el efecto es similar.

Para consolidar el movimiento fronterizo, los transfronterizos deben conocer los puntos horarios donde haya menos controles y las grietas en la infraestructura de control de la otra parte para diseñar estrategias futuras y evitarlos. Así, por ejemplo, en el caso de los días festivos de la feria de Melilla, sin importar la hora de cruce, un número importante de personas transfronterizas que no tienen visa, saben que la respuesta correcta a la pregunta de “¿a dónde vas?” es ir a la feria o de compras. Sin embargo, es posible cruzar por razones de trabajo de manera ordinaria presentando un permiso de trabajo o una visa.

En este sentido, más aún que dividir el norte del sur, la frontera separa a quienes pueden construirse en la movilidad, de quienes mantienen como horizonte un muro (casi) infranqueable. Entonces, de esta zona fronteriza como punto de contacto -como espacio de producción simbólica, comercial y cultural- pero también en su carácter violento (migrantes clandestinos de subsaharianos o de sirios) y divisorio, jerarquiza el control fronterizo. Desde nuestra perspectiva es precisamente esta conjunción aparentemente paradójica la que caracteriza a la región. En efecto, la frontera da soporte, jerarquiza, estructura las relaciones intensas pero asimétricas que tienen lugar a través del límite geopolítico.

3. La Interdependencia fronteriza a nivel de Melilla-Nador

Las zonas fronterizas juegan un papel importante en los procesos de relación entre los países que se encuentran a cada lado de la frontera y todos los modelos que intentan explicar los mecanismos de esas relaciones las tienen presentes como una de las escalas básicas en las que esos procesos se producen.

La frontera es un concepto multidimensional, como se ha visto anteriormente, que engloba muchos significados desde muchos enfoques diferentes (divergencia/convergencia, separación/encuentro, etc.). Se trata de una zona que está en frente de otra o bien de límite entre al menos dos territorios. Etimológicamente, su origen es básicamente militar, es un frente militar. Luego aparece su sentido más de fortificación para hacer frente al enemigo, antes de designar propiamente el límite territorial y físico entre dos Estados (Pancracio, 1998). La frontera está muy vinculada a Estado, territorio y población. Es decir, que no puede haber frontera sin Estado y es necesario un territorio y una población civil para dar sentido a una frontera.

Conceptualmente, la idea de «frontera» tiene una función analítica clara: separar al menos dos unidades. Justificar la existencia de fronteras está, por lo tanto, íntimamente vinculado con la justificación de la pluralidad de unidades políticas o Estados (O’Neill, 1994). Existe un «sentido físico y territorial» de frontera, y un «sentido simbólico», que usa la idea de límite y de marcador en todos los contextos posibles. Dentro de la familia semántica de frontera conviven: límite, linde, separación, confín, coto, término, borde, orilla, margen, barrera. La frontera es básicamente el límite de la tierra conocida, de la nación, del Estado. Vista siempre desde «dentro», como protección; «desde fuera», como obstáculo. Evoca siempre una cosa que uno trata de extender. La frontera, junto con esta dimensión dinámica de extensión, tiene como función servir de marcador de diferencia y generar sentido (Zapata, 2012).

El término «frontera» ha sido tomado de diferentes conceptos y de distintas disciplinas. Las fronteras desde el punto de vista geopolítico ha sido estudiadas por Lacoste (1993), que define a la frontera como una línea o bien una zona que forma el límite territorial de un Estado o bien de un conjunto político que sus dirigentes buscan construir, un Estado más o menos independiente. O, cómo señala Foucher (1991) una frontera es una unidad elemental de espacio, de forma lineal, con una función de discontinuada geopolítica y de marcaje, de tres ejes: el real, el simbólico y el imaginario.

Precisamente, mientras la perspectiva de Lacoste permite entender la noción de frontera como región, la definición de Foucher aporta la noción subjetiva y la noción social de la frontera. Como sostiene Lattimore (1970: 408), las fronteras tienen un origen social y no geográfico. Sólo después que, en una comunidad, se haya formado la idea de que existe una frontera, esta idea puede ser ligada a una cierta configuración geográfica.

En términos generales las regiones fronterizas están en su mayoría constituidas a través de transacciones derivadas de la yuxtaposición de dos sistemas político-económicos asimétricos o ideológicos. Pueden, sin embargo, tener una unidad cultural subyacente no congruente con la de los Estados-Nación que comprenden, y encontrar la razón de esto en las relaciones que se desarrollan a lo largo de la frontera. Entendiendo entonces al espacio fronterizo como espacio de creación y ruptura simbólica (Donnan y Wilson, 1999).

A fin de analizar las relaciones transfronterizas entre dos Estados, incluida la frontera Melilla-Nador (España-Marruecos), Martínez (1994) propone un modelo que divide las fronteras en cuatro tipos, dependiendo del grado de relación existente a ambos lados de la misma, teniendo como punto de partida que siempre existirá una relación, incluso cuando no se persiga (Martínez, 1994 e Iglesias, 2010):

  • El caso de las fronteras muy cerradas a las que él denomina «alienated borderlands». En este tipo de frontera predomina la tensión entre países, siendo la interacción transfronteriza prácticamente nula. Cosa que no encontramos en la frontera Melilla-Nador.

  • En las «co-existing borderlands», la frontera permanece ligeramente abierta y el desarrollo de la interacción binacional se encuentra limitada. Los ciudadanos de cada estado tienen un trato casual aunque los ciudadanos transfronterizos desarrollan una relación más cercana.

  • En tercer lugar están las «interdependent borderlands», en las que la estabilidad predomina la mayoría del tiempo. La complementariedad económica y social promueve una interacción transfronteriza creciente y los ciudadanos transfronterizos emprenden relaciones cooperativas y amistosas entre sí. Lo cual podría ser el caso de las relaciones entre Melilla y Nador.

  • Por último, las «integrated borderlands», que se caracterizan por una estabilidad sólida y permanente. Las economías de los dos países están fuertemente integradas y el movimiento de personas y mercancías a través de la frontera no está restringido. Los ciudadanos transfronterizos se perciben a sí mismos como miembros de un único sistema social. En este caso la cooperación llega a tal extremo que la frontera se torna en verdadero obstáculo para las transacciones, puesto que se habrían eliminado prácticamente todos los matices que diferenciaban ambos territorios. Una vez desaparecidos dichos contrastes se lograría lo propio con los posibles motivos de disputa, siendo este último estadio el máximo al que los Estados podrían aspirar en las relaciones con sus vecinos.

Por su parte, Soffer (1994) establece que cuando las relaciones transfronterizas tienen lugar en fronteras que han sido conflictivas a lo largo del tiempo, la existencia de cualquier tipo de conexiones tiene que vencer previamente todas las reticencias que se han ido conformando con el paso de los años, aunque al igual que Martínez (1994), sostiene que siempre existirán relaciones pese al conflicto. En nuestro caso podemos decir que las relaciones transfronterizas descritas por Soffer (1994) describen con precisión las relaciones España-Marruecos (Melilla-Nador). Pese a la existencia de conflictos de todo tipo (territoriales, económicos y sociales: la pesca, la inmigración ilegal, el tráfico de personas y de drogas, etc.), el hecho de ser vecinos y de compartir problemas comunes ha derivado en que el nivel de interconexión haya ido en aumento, especialmente desde finales de los años 80 y a partir de los años 90.

Generalmente, el carácter fronterizo de España con Marruecos se ha concretado en el plano de las relaciones de amistad, cooperación y buena vecindad entre el Reino de Marruecos y el Reino de España establecidas en 1991, que contempla la promoción de la cooperación en los campos económico y financiero, de la defensa, de la cooperación para el desarrollo, cultural, así como en los ámbitos jurídicos y consulares. Uno de cuyos principios generales estipula que:

«[...] las Partes Contratantes promoverán todas las acciones encaminadas a crear un espacio común cultural, inspirándose en sus tradicionales vínculos históricos y humanos que encontrarán en los principios de tolerancia, convivencia y respeto mutuo la guía que permitirá tejer un sólido y fructífero patrimonio común. Dentro de este contexto, las dos partes se esforzarán en promover un mayor y más fuerte conocimiento mutuo, al objeto de eliminar viejos malentendidos y aprensiones colectivas que impiden una mejor comprensión entre sus sociedades y pueblos» (Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre el Reino de España y el Reino de Marruecos, de 04-07-1991, BOE, n. 49, de 26 de febrero de 1993).

El importe económico de dicha cooperación es de unos 400 millones de euros destinados a financiar proyectos ligados a empresas españolas en Marruecos. Marruecos es el segundo mercado español fuera de la U.E., sólo por detrás de Estados Unidos, y cerca 20.000 empresas españolas exportan a este país (Cembrero, 2013). En este contexto, Marruecos ha optado en las dos últimas décadas por consolidar las relaciones económicas y culturales con España. Este objetivo ha sido recíproco por parte de España, que considera que lograr la centralidad española en el espacio euro-magrebí contribuye de manera directa a la estabilidad y a la seguridad en el Mediterráneo. Todo lo dicho permite afirmar que Marruecos es el país norteafricano con mayores vínculos culturales, mantenidos históricamente, con España. Este pasado histórico es un gran legado cultural y patrimonial de los dos vecinos.

Para nuestro caso, es fundamental mencionar la presencia de la interacción positiva entre ambos países, lo que constituye un eje de articulación de dicha región. La frontera hispano-marroquí y/o Melilla-Nador podría ubicarse sin lugar a dudas en el grupo de las fronteras interdependientes «interdependent borderlands», debido a los crecientes intercambios culturales, sociales, económicos y comerciales entre ambos países, así como los nuevos desafíos a la seguridad de ambos países (sobre todo el terrorismo internacional y seguridad marítima a nivel del estrecho de Gibraltar). Lo que comprueba y confirma una gestión fronteriza conjunta, que se vio claramente potenciada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU (denominados comúnmente como 9/11 o 11-S).

4. Las Interacciones fronterizas hispano-marroquí (Melilla-Nador)

En nuestro artículo no vamos a focalizar la frontera Melilla-Nador como un espacio fronterizo cerrado, es decir, una ubicación geográfica, sino cómo los ciudadanos transfronterizos viven con él.

En efecto, la noción de espacio consistiría en suponer que es el espacio mismo el que determina las interacciones, y no, por el contrario, que mediante las interacciones cotidianas los individuos construyen, reconfiguran, determinan y dotan de significado al espacio. Clifford (1994) señala que la peculiaridad de las regiones fronterizas es la capacidad de construir a partir de un espacio fronterizo. Es decir, que estamos hablando de dos lados separados y vigilados, pero también se les unen las prácticas legales e ilegales del cruce y de la comunicación: dos lados separados arbitrariamente y vigilados, pero también unidos por prácticas legales e ilegales de cruce y comunicación. Desde esta perspectiva, la región fronteriza constituye un espacio marcado por la presencia de un límite geográfico y político, pero son las interacciones de sus habitantes las que lo estructuran. La región fronteriza entonces no es una realidad independiente de la actuación cotidiana de sus ciudadanos (Clifford, 1994).

Para los habitantes de la región transfronteriza, la frontera adquiere un significado diferente del que se le otorga desde el exterior. Es en las interacciones fronterizas en donde reside la unidad de estas regiones (no necesariamente conforme con el Estado central). Las interacciones regionales y trans-estatales no podrían ser articuladas en un contexto que no fuese el fronterizo. Las condiciones estructurales que constituyen a la frontera como meta para muchos y obstáculos para tantos otros ha generado la creación de las regiones fronterizas y de los intersticios culturales que de ahí emergen. De modo que, las fronteras en su dualidad separación/encuentro son zonas de transición y cambio, barreras y a la vez puentes. Esta lógica de relación dicotómica fronteriza, responde a que, según Foucher (2008), las comunidades humanas se organizan territorialmente en dos imperativos contradictorios: la búsqueda de seguridad, por un lado, que dicta los modos de organización del espacio e impulsa la delimitación, y por otro, el uso de «oportunidades», que incita al contacto y alienta la apertura.

Es en esta relación de contacto, búsqueda y uso de oportunidades donde se instaura la razón de las relaciones transfronterizas, entendiéndolas como interacciones económicas, culturales e interpersonales que traspasan y se fundamentan en la presencia de la frontera geopolítica. Las cuales según su intensidad resultan esenciales para clasificarlas como «alienated borderlands», «co-existing borderlands», «interdependent borderlands», o finalmente, como «integrated borderlands» (Martínez, 1994). De otro modo, son dichas interacciones que permiten el sostén de los lazos de la mayoría de los ciudadanos entre ambas partes (relaciones sociales, culturales y económicas). La frontera entonces no es solo una sino que hablamos de múltiples fronteras (Vila, 2008).

Según Ferrer Gallardo (2008), el escenario fronterizo euroafricano, la frontera hispano-marroquí, ha venido reconfigurándose siguiendo una lógica contradictoria de suavización y fortificación. En este apartado recapitulamos primero algunos conflictos diplomáticos entre Marruecos y España relacionados con dicha zona fronteriza y luego analizamos la realidad de las relaciones transfronterizas entre los vecinos de Melilla-Nador y aportamos una evaluación del factor económico que concuerda con sus necesidades e intereses sociales.

4.1. Conflictos históricos hispano-marroquíes a la plaza de Melilla

La dificultad histórica de las relaciones hispano-marroquíes, en torno a la frontera de Melilla-Nador ha sido pocas veces referida en la literatura. Durante muchos años, sobre todo durante las últimas seis décadas, se han ido fomentando una serie de relaciones de vecindad, que se han ido desarrollando, poco a poco, dejando a muchos conflictos históricos por detrás. Esta interacción conjunta entre ambos ciudadanos, que a pesar de las diferencias, ha tenido como meta el sostén de los intereses sociales-interpersonales, culturales y económicos (relación entre personas, comercio, trabajo, ocio y sanidad). Estas interacciones fueron fomentadas por iniciativas espontáneas y personales y/o colectivas dando lugar a una cierta evolución de la paz permanente durante el tiempo. Dicha evolución no ha sido nada fácil dados los obstáculos y las limitaciones oficiales, administrativas y políticas que imponen a todo tipo de tráfico fronterizo. Muchas de dichas interacciones no fueron acogidas dentro del marco de las relaciones oficiales de los Ministerios de Exteriores respectivos a ambos países (comercio ilegal, por ejemplo).

Actualmente, España considera, y recoge en su constitución, que la plaza de Melilla forma parte de su Estado. No obstante, la primera constitución marroquí de 1961, relevante a la integridad territorial de Marruecos, recoge en su Artículo 4 que Marruecos, en los límites de sus verdaderas fronteras, es uno e intangible. Obrar con la finalidad de recuperar la integridad y la unidad del territorio es un deber nacional (López, 2008).

En septiembre de 1970, para presidir los actos conmemorativos del Aniversario de la Fundación de la Legión, llegaron a Melilla los Príncipes de España, don Juan Carlos de Borbón y doña Sofía de Grecia, y su segunda visita como reyes de esta ciudad en noviembre de 2007 provocó una indignación por la parte marroquí, ante dichas visitas.

Las relaciones de Melilla con Marruecos están marcadas por una historia específica de ocupación militar. Melilla ha pasado a lo largo de varios siglos por las manos de fenicios, cartagineses, romano-bizantinos y árabes, hasta su conquista en 1497 por los Reyes Católicos.

En la historia del conflicto fronterizo español-marroquí, Melilla se quedó como ciudad encerrada tras sus murallas siendo, durante casi cuatro siglos, el presidio su única función. Para las cabilas cercanas, Melilla ha sido siempre el enemigo cristiano ocupante del territorio marroquí. En 1867, al tratarse de la creación de una aduana en la frontera de Melilla, se admitía en el artículo 6º del correspondiente Tratado, la prohibición de entrada en territorio marroquí de cristianos procedentes de Melilla, ante la imposibilidad por parte del majzen marroquí (autoridad marroquí) de garantizar la seguridad de aquellos. Además, la Real Orden de 17 de febrero de 1864 no permitió el establecimiento en la ciudad de Melilla de musulmanes o rifeños (Saro y Moga, 1996). Sin embargo, los hebreos podían, con ciertas condiciones, entrar en Nador sin mayores problemas (García, 1999).

La continua oposición del pueblo rifeño a la presencia española ha conducido a una serie de enfrentamientos bélicos, como los desastres del Barranco del Lobo (1909) y de Annual (1921), que estuvieron a punto de poner fin a la soberanía española de Melilla (Domínguez, 1993). En 1956 tuvo lugar el fin de los protectorados español y francés y la independencia de Marruecos. Tras dicha independencia, Melilla quedó separada de Marruecos por una frontera que fue delimitada en el siglo XIX, en virtud del acuerdo Hispano-Marroquí de 26 de abril de 1862 (Alhamedi, 1988; Pezzi, 2005). Actualmente, la posición oficial del reino de Marruecos no reconoce la soberanía española sobre Melilla y Ceuta.

Si bien, en la época del Protectorado, la frontera de la ciudad de Melilla había venido siendo la capital económica de la provincia de Nador, el fin del Protectorado español y la construcción del puerto marroquí en Beni Enzar (Nador), puerto adyacente al puerto de Melilla, tuvieron importantes repercusiones económicas sobre la frontera Melilla-Nador. En 1969 se inauguró un aeropuerto, dentro del territorio de la ciudad, lo que liberaba a los melillenses de la servidumbre de tener que trasladarse a Tauima (Nador), en territorio marroquí, para viajar por vía aérea.

Existe una preocupación sobre el futuro económico de ambas ciudades, ya que sus entornos de referencia están evolucionando aceleradamente. Ejemplo de ello es la competencia entre el puerto marroquí en Beni Enzar (Nador) y el puerto de Melilla, el aeropuerto de Arouit (Nador) -construido recientemente y considerado como sucesor del aeropuerto de Tauima- y el aeropuerto de Melilla.

A la europeización de la frontera española en 1986 le siguió el acuerdo de Schengen, que supuso la supresión de visados y de los controles en las fronteras interiores entre los países de la UE en 1991, y a partir de 1995 comenzó un proceso de impermeabilización de los perímetros de los enclaves españoles (Melilla y Ceuta) que coincide a su vez con el proceso de liberalización comercial del espacio euro-mediterráneo. Paradoja que se refleja en que en los perímetros fronterizos de Melilla con Nador, el estricto control sobre la inmigración ilegal contrasta con la tolerancia que las autoridades fronterizas muestran ante las mercancías ilícitas. Mientras se incrementa la tendencia hacia la libre circulación de mercancías a través de las fronteras exteriores de la UE, se refuerzan asimétricamente los controles sobre la movilidad transfronteriza por parte de la población (los habitantes de Nador, las ciudades colindante con Melilla, disponen de un permiso para entrar en la ciudad autónoma sin necesidad de visado), asistiéndose pues a la schengenización selectiva de las fronteras euroafricanas (Ferrer, 2008).

Desde una perspectiva histórica, podemos definir tres grandes etapas para el estudio de esta zona fronteriza de Melilla-Nador. La primera, correspondiente al período de expansionismo español y al establecimiento de los actuales límites fronterizos. La segunda etapa corresponde al período de conformación y consolidación de los flujos migratorios, así como al surgimiento de las primeras estructuras de control fronterizo 1986. Finalmente, la tercera etapa estaría caracterizada por el endurecimiento de los mecanismos de control fronterizos que comienzan en la década de 1991. Dentro de esta etapa, conviene señalar dos períodos específicos que tendrán un gran impacto en la región. El primero está marcado por el inicio de la schengenización de las ciudades autónomas de Melilla y también de Ceuta en 1995. El segundo inicia con los atentados terroristas de Marruecos (2003) y de España (2004) que transforma la gestión de la región fronteriza en un asunto de seguridad nacional, impulsando así una visión de los cruzadores de fronteras como potenciales enemigos de la nación.

4.2. Interacciones fronterizas relativas a la frontera Melilla-Nador

Primero comenzaremos por presentar brevemente algunas de las interacciones fronterizas conjuntas de España y Marruecos relativas a Melilla (interacciones históricas y emergentes). Las relaciones económicas establecidas entre Melilla y Nador se iniciaron por la comunidad hebrea desde mediados del siglo XIX. Ya que por sus especiales circunstancias desempeñarían un importante labor de intermediarios entre cabilas rifeñas y la nueva ciudad. Este elemento social resulta ser un importante catalizador de unas relaciones, en principio, solamente económicas, que más tarde darían como resultado un considerable incremento de las relaciones personales entre los dos primeros colectivos, y como consecuencia, un avance nada desdeñable en la comunicación y la coexistencia entre ambas ciudades, Melilla y Nador.

A partir de este momento, comenzó una emigración de judíos y amazigh rifeño -la población indígena del Rif, la zona del norte de Marruecos-a Melilla, bajo ritmo y condiciones diversas, formando dos nuevas minorías culturales-religiosas de la ciudad. Este conglomerado étnico y cultural se fundamenta en redes comunitarias de solidaridad recíproca internas en cada una de las etnias, cimentadas sobre fuertes sentimientos de identidad cultural y arraigo. Esto ha generado economías étnicas en forma de pequeñas empresas, que representan un importante capital cultural para Melilla. Este tejido empresarial está ligado fundamentalmente al comercio y tiene características peculiares.

Aunque la historia y la geografía los condenaron a vivir juntos, durante los últimos años se creó un espacio fronterizo entre dos tipos de mundos diferentes. Cada día decenas de millares de nadorenses atraviesan el punto fronterizo con el fin de transportar mercancías procedentes de ambos lados. Actualmente, la frontera que comparte Melilla y Nador cuenta con cuatro puntos de admisión, dos fronteras abiertas para peatones y vehículos: «Beni Enzar y Farkhana», la tercera sólo para peatones: «Barrio Chino», y una cuarta frontera, «Mariuari», actualmente cerrada.

Para las personas transfronterizas puede parecer evidente el afirmar que Melilla ha contribuido de una manera decisiva al desarrollo económico de los ciudadanos de la provincia de Nador, como foco de oportunidades para trabajar, estudiar y acceder a servicios sanitarios etc. En la Oficina de Extranjeros de Melilla hay un total de 2.344 trabajadores fronterizos, de los cuales más del 95% trabajan por cuenta ajena. De estos últimos, un 54% son asalariados bajo el régimen de empleados del hogar o en el comercio. En la mayoría de los casos son empleos irregulares, es decir, sin cotizar a la Seguridad Social. Estos trabajadores no tienen derecho a pernoctar en la ciudad de Melilla, lo mismo ocurre en Ceuta. Están obligados a retornar por la noche.

La influencia económica de Melilla sobre Nador resulta evidente hasta para las propias autoridades marroquíes. Las repercusiones económicas de Melilla tienen diferentes formas y efectos que se manifiestan fundamentalmente a través de flujos comerciales. Este complejo fenómeno aparece casi siempre en la frontera de dos entidades geo-económicamente distintas y, sobre todo, al tratarse de una región con unas condiciones difíciles como las de Nador (superpoblación, elevada tasa de población joven, debilidad del sistema productivo local, tasa de paro alta). La actividad comercial de Nador tiene, a su vez, una reputación que va más allá de su área de influencia regional. Este comercio, ligado a la venta de productos importados en su mayoría de forma ilícita de Melilla sustenta, directa e indirectamente, alrededor de al 25% de la población de la provincia (López, 2008). Además, un porcentaje importante de ciudadanos viven del intercambio entre ambas poblaciones. Si bien que esta actividad económica puede tener efectos positivos en el desarrollo de las regiones circundantes, a nivel nacional, la economía de Marruecos se ve muy afectada con este tipo de mercancías y alterar estas estructuras comerciales de manera brutal sería una acción muy delicada y podría tener efectos inversos.

Las estrechas relaciones entre Melilla y Nador se traducen en una presencia importante de marroquíes en los sectores comerciales de Melilla, que se pone de manifiesto a través de un flujo de mercancías, personas y servicios en los dos sentidos, y a través de la intensificación de las redes familiares que traspasan frecuentemente el espacio de frontera inmediato. A nivel personal, esta región fronteriza es un espacio de intercambio y de interacción entre las poblaciones limítrofes. Los lazos étnicos actúan en estas relaciones fronterizas, los rifeños que viven a Nador mantienen relaciones pacíficas con los españoles de la autónoma de Melilla. El mismo fenómeno ha sido observado, con la misma dimensión, entre Tetuán y Ceuta.

En dichas zonas, se constituyen verdaderas y propias redes familiares dedicadas al comercio paralelo, de modo que el espacio transfronterizo constituye un punto de partida hacia redes más amplias en este dominio. Además, la distinción a nivel de moneda euro y dirham se desaparece ante la omnipresencia de sitios de cambio monetario, formales e informales, y la autorización no formal del uso del dírham como moneda corriente al lado del euro en Melilla. Además, de los miles de particulares que a diario cruzan la frontera, existen numerosos empresarios, marroquíes y españoles, que tienen negocios a ambos lados de la frontera y, lo que es más importante, que tienen socios al otro lado de la misma.

Al nivel económico se le suma un cambio en el ámbito social por la emergencia de bodas híbridas y la comunicación mediante el español y el rifeño (y recientemente el árabe), con los euros y los dirhams, con las divergencias culturales, étnicas, etc. lo que significa aprender a circular. Dicho fenómeno ha sido también observado en los ciudadanos de Nador. Siguiendo esta misma lógica, para el estudio de las identidades fronterizas, existen diversos ámbitos en los que es posible identificar estos referentes de identidad. Por ejemplo, en la forma en que es descrita la singularidad regional por los propios habitantes fronterizos. Pero probablemente el registro más ilustrativo es el relativo a la forma de ser e interactuar dentro de este espacio singular. El comerciante Mohamed explica que,

«Las personas que viven aquí te pueden decir que aquí es otro mundo, aquí encuentras lo mejor de dos mundos (trabajo, comercio, seguridad, etc.), pero también lo peor (formación de guetos, tráfico de drogas, blanqueo de dinero, etc.). Ser fronterizo significa aprender a aprovechar los dos lados al máximo [...] los beneficios de Melilla y de Nador e intentar de alejarse de los problemas lo máximo posible [...] Para los nadorenses, Melilla está mucho más cerca que Rabat (capital del reino de Marruecos), no sólo físicamente, sino en términos de conocimiento y familiaridad de la misma forma que no está más cerca que Madrid para los habitantes de Melilla» (Entrevista, 03).

El componente social, cultural y humano viene conformado fundamentalmente por la interacción individual de los ciudadanos a ambos lados de la frontera. La utilización por parte de las mujeres melillenses o nadorenses del velo islámico no supone ningún problema en esta ciudad. Todo lo contrario, en las calles se cruzan las mujeres con y sin velo, y es una señal de la tolerancia y el respeto a la tradición de sus orígenes sin desvincularse de la cultura española en la que han crecido y con que han convivido. Además, encontramos que en la comunidad musulmana de Melilla existe una gran afinidad cultural y social con la población nadorí, existiendo muchos vínculos familiares transfronterizos.

Históricamente, hasta la década de los años ochenta y noventa, Melilla había registrado una fuerte expansión demográfica musulmana, pasando de un 9.58% de 1960 de la población total de la ciudad, a un 29.47% en 1991 y alcanzando un 39.76% en el 2005.

Cuadro 2. Composición de la población por origen étnico de Melilla en % entre 1910-2005 (Fuente: López, 2010)
AñoEuropeosMusulmanes
191099,760,24
193098,511,49
195092,277,73
196090,429,58
19818119
198665,9834,02
199165,2529,47
20015338
200552,5539,76

El incremento de la población en los últimos años -además de los melillenses nacidos en la ciudad- está fuertemente ligado a la llegada de inmigrantes, especialmente del continente africano y sobretodo de Marruecos -generalmente musulmanes-, siendo este el colectivo mayoritario de la ciudad. A ello contribuye el hecho de que la mayoría de los musulmanes busquen sus parejas del interior de Marrueco, una tendencia conocida en el entorno de las comunidades emigradas en Europa, de buscar a sus parejas en el país de origen. Dichas uniones tienen la lógica conservadora de insistir en la tradición y de no alejarse de las costumbres musulmanas o amazighí en las mujeres. Por eso, el creciente peso de la comunidad musulmana en Melilla, al margen de otras iniciativas, está facilitando un mayor conocimiento entre las distintas culturas con manifestaciones recientes como la llevada a cabo al declarar las celebraciones del Sacrificio o «Aid Adha» y «Aid Fitr» o final del Ramadán, como festivos por la Administración local de Melilla.

En lo concerniente a los aspectos educativos, Melilla dispone de un colegio, el «Hispano-Marroquí», que se rige por las normas de la administración educativa marroquí, con un funcionamiento autónomo por tanto respecto al sistema educativo español. Melilla también cuenta con una completa oferta de formación primaria, secundaria y universitaria. Muchos ciudadanos de Nador pueden optar por la obtención de un título europeo al que de otra forma no tendrían acceso. A este respecto, Melilla dispone de un campus universitario perteneciente a la Universidad de Granada y también de muchos centros de enseñanza secundaria. Desde el año 2003 funciona en Melilla la Escuela Hispano-Marroquí de Negocios que imparte distintos programas de postgrado. Del centenar largo de alumnos graduados en esta Escuela, un 60% eran marroquíes que cruzaban la frontera a diario, muchos de los cuales han realizado prácticas en empresas de Melilla como parte de estos programas académicos.

Como mencionamos en el apartado inicial de este artículo, nuestro análisis está centrado en la forma en que la movilidad condiciona la posibilidad de hacer de la frontera un recurso o una barrera. Desde nuestra perspectiva, la movilidad tiene en la frontera de Melilla-Nador unas características singulares, en tanto que se forja por los habitantes de la región como una experiencia que va más allá del acceso a la otra orilla, dando lugar a una singularidad en el modo de vida y una de identidad singular de la región. De manera que, a partir de las formas de movilidad diferenciada, se establecerán interacciones que impactarán en los procesos de construcción de identidades fronterizas, como lo afirman Wilson y Donnan (1998),

«[…] Incluso cuando las fronteras ya están establecidas y relativamente estables, las fronteras mismas, y las identidades propias que viven en ellas, pueden estar caracterizadas por la negociación y el cambio continuos, la línea fronteriza en sí puede no cambiar, pero las relaciones en ella, del mismo modo que dentro –entre la gente de la frontera y su núcleo político– pueden estar sujetas a una repetida redefinición».

Estos ejemplos de intercambios diarios forman parte de un entramado de relaciones, en su mayoría individuales, que se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo en torno a esta frontera, de forma espontánea y oficiosa al margen de las relaciones oficiales de Madrid y Rabat. Así, las relaciones de todo tipo, entre los habitantes de Melilla y los de Nador (al menos para los ciudadanos de ambos lados de la frontera) han evolucionado de forma fructífera, en la mayoría de los casos, por sentidos distintos a los oficiales. Este intercambio diario y continuo se ha ido perfeccionando y desarrollando, al margen de las tesis políticas oficiales, evolucionado por dar una paz transcultural fructífera para ambas partes (Jiménez, 2004, 2009 y 2011).

4.3. Algunos ejemplos en la gestión hispano-marroquí conjunta dentro del espacio transfronterizo

Después de los atentados terroristas del 16 de mayo de 2003 en Casablanca (Marruecos) y del 11 de marzo de 2004 en Madrid (España), se creó el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, que tiene como objetivo incrementar la eficacia contra el terrorismo nacional e internacional. Este hecho ha transformado la gestión de la región fronteriza Melilla-Nador (entre otras fronteras) en un asunto de seguridad nacional para ambos países, lo que ha impulsado una visión criminalizadora de las cruzadoras de dicha frontera. Por contra, esta cooperación o gestión conjunta de este espacio fronterizo ha permitido el arresto de muchos presuntos terroristas, traficantes de droga, etc.

En otro marco, la Unión Europea puso en marcha muchos proyectos de cooperación transfronteriza. De hecho, muchos fueron encuadrados en la Iniciativa Interreg II España-Marruecos (entre 1994-1999). Estos proyectos fomentan el desarrollo de las regiones del sur de España y del norte de Marruecos, ya que son las zonas que poseen un menor nivel de desarrollo en comparación con el resto de regiones de sus respectivos países. Dicha iniciativa (Interreg II) tenía como objetivo mejorar la cooperación transfronteriza entre ambos países, reducir las barreras transfronterizas, acelerar el ritmo de adaptación e integración de las regiones en el mercado. Una continuación lógica de Interreg II ha sido la iniciativa de cooperación transfronteriza Interreg IIIA España-Marruecos (2000-2006).

Para dicha iniciativa se destinaron 226 millones de euros para desarrollar cinco ejes de intervención: estructuración del espacio fronterizo, ordenación urbana y territorial y zonas urbanas transfronterizas, desarrollo rural transfronterizo, desarrollo socioeconómico y promoción de la empleabilidad, fomento de la cooperación e integración social e institucional y asistencia técnicas. Otro proyecto denominado Proyecto PAIDAR-Med, financiado con los Fondos MEDA, fue puesto en marcha con una inversión de 3.906 millones de euros y cuyo objetivo es favorecer el desarrollo económico y social de la Región Norte de Marruecos (Iglesias, 2010)

Recientemente, el programa operativo «Programa de Cooperación Transfronteriza España - Fronteras exteriores 2008-2013» ha sido enmarcado en el objetivo de cooperación territorial europea entre España y Marruecos. Su dotación presupuestaria asciende a 125.929 millones de euros (habiéndose realizado la última incorporación de anualidad hasta el 2013 el 18 de febrero de 2011). El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) aporta un total de 94.447 millones de euros (un 75% de cofinanciación). Este programa tiene como objetivos el impulso de iniciativas locales y regionales transfronterizas, así como el fomento del desarrollo territorial integrado en una dimensión transnacional y acorde con las prioridades comunitarias, además del apoyo del intercambio de experiencias desde una perspectiva interregional. El objetivo mayoritario del programa es potenciar el desarrollo socioeconómico y contribuir a una mayor vertebración del espacio de cooperación.

El programa de estas iniciativas y proyectos de las zonas transfronterizas España-Marruecos se concreta a través de tres capítulos: cooperación transfronteriza, cooperación transnacional y cooperación interregional y tiene como propósito básico la cooperación entre autoridades de países vecinos, pretendiendo desarrollar los centros económicos y sociales de ambos países mediante estrategias comunes para un desarrollo territorial duradero. Como señala Samir (un joven rifeño de Melilla, Entrevista 05) estos proyectos son muy interesante para el desarrollo socioeconómico de esta región fronteriza, donde los vínculos transculturales se tornan inevitables, continuos y masivos para reforzar las relaciones humanas y consolidar la identidad transfronteriza.

Algunos de los objetivos perseguidos por España y Marruecos a través de estas iniciativas son hacer frente al tráfico de drogas entre la zona productora del Rif y la Península y frenar la inmigración clandestina disminuyendo el desnivel económico entre el norte de Marruecos y el sur de España. Especialmente para Marruecos, la importancia de dichos proyectos reside en desarrollar la región norte del país considerada como una zona muy desfavorecida (por falta de recursos naturales) y lugar de concentración de candidatos para la emigración (Zurlo, 2005), dando lugar a un espacio que genera oportunidades de negocio mutuas.

5. A modo de conclusión

1. En general, podemos identificar dos tipos de relaciones entre la movilidad fronteriza y los referentes identitarios. En primer lugar estaría la identidad fronteriza sustentada en la movilidad circular a través de la frontera, que tiene su punto de partida y de regreso en la ciudad fronteriza del otro lado. En esta construcción identitaria se deben considerar el tipo de práctica de cruce y la intensidad de la misma. Para algunos la razón de cruce puede ser de carácter comercial. Para otros, la razón puede ser laboral, familiar, etc. Un segundo tipo sería la identidad construida a través del cruce de la frontera como puente u obstáculo coexistencia.

2. Es la asimetría social (económica, política y cultural) la que convierte a la frontera en un recurso y en lugar de tránsito (ser móvil) y de hibridación pues su dimensión más fecunda se revela en la confrontación y la diferencia, en el intercambio y la mezcla. Las fronteras concebidas por el Estado-nación tienden a esconder o a secundarizar está dimensión pero si abordamos la cuestión históricamente veremos claramente la frontera como un lugar de confrontación.

3. Melilla y Nador son pues dos ciudades limítrofes intensamente vinculadas por flujos diversos y expuestos de un lado a las oscilaciones de las políticas dictadas por los gobiernos centrales, y de otro lado a relaciones humanas de forma espontánea y oficiosa que se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo en torno a esta frontera de paz neutra de relaciones, flujos y conflictos (Jiménez, 2011).

4. Vivir en una zona fronteriza te acerca a nuevas perspectivas de una sociedad, el converger, compartir espacio-tiempo, idiomas y contexto histórico para conformar una cultura hibrida válida únicamente bajo su contexto. Entonces, ¿qué es lo que ocurre en la zona fronteriza Melilla-Nador? Es una frontera ejemplar para la sustitución de una frontera de agresión por una frontera de equilibrio. Como la frontera idealo la Buena frontera (Foucher, 1991), aquella que solo encontramos como idealización, debe ser natural pero discreta, abierta pero al mismo tiempo segura, un lugar que distingue y promueve el intercambio y el contacto entre ambas partes.

5. Melilla ha sido considerada como una ciudad de dialogo en el mundo cristiano-islámico. La zona fronteriza entre los ciudadanos melillenses-nadorenses es un conjunto híbrido y fructuoso a nivel de cultura, que construye y vive una paz neutra (Jiménez, 2009 y 2011), como una cultura neutral caracterizada por una actitud de comprensión y tolerancia hacia la cultura del «otro» lado, que se manifiesta en relaciones solidarias y una valoración positiva de la diferencia como elemento enriquecedor propio. Como nos señala Laila -otra informante melillense-, «Melilla, una ciudad para amarla, no solo para usarla de manera laboral por los ciudadanos del otro lado de la frontera» (Entrevista, 01).

6. Sabemos que la brecha es abismal. Melilla y Nador no comparten lenguaje, ni moneda, ni religión oficialmente. Sin embargo, la realidad es totalmente distinta, se trata de un mosaico cultural, religioso, lingüístico, etc., que se conforma en dicha zona fronteriza, promoviendo una identidad regional mixta ejemplar, nosotros decimos «neutral» de hibridación y amalgama de seres humanos que conviven de forma pacífica. Eso sí, siempre obstaculizando, sobre todo cuando la diversidad se presenta como una amenaza al ejercicio efectivo de la soberanía en dicho espacio.

7. Transformar conflictos para buscar la paz, transformar la diferencia en pluralidad y la frontera de obstáculo a puente, es un objetivo que ha sido logrado por parte de los ciudadanos transfronterizos de ambas ciudades y que está evolucionando a una paz transcultural fructífera para ambas partes. La zona fronteriza Melilla-Nador, como ejemplo de frontera interdependiente, ha mostrado que una frontera podría ser un sitio de fuerza, de creatividad para encontrar caminos para la fusión y la creación de una cultura fronteriza que debe garantizar el mantenimiento de vínculos duraderos para sus habitantes y sus relaciones de (in)dependencia con otras ciudades en estos países.

Decididamente, las sociedades hispano-marroquí y/o melillenses-nadorenses han demostrado a lo largo de su historia su buen hacer en materia de coexistencia intercultural y fueron los colonos los que intentaron minar esa cohabitación entre los propios españoles y marroquíes, como fue el caso melillense, y que hoy día, representa un ejemplo para la coexistencia, la tolerancia y la voluntad de entendimiento. En este mismo sentido, Samir (un chico rifeño de Melilla) dice que «Lo que me gusta de Melilla es nadorenses y lo que me gusta de Nador es melillenses» (Entrevista, 04).

Por último, la palabra Melilla se convierte en sinónimo de coexistencia, de encuentro de culturas, razas y religiones. Es una ciudad que recibió el premio «Cambio 16», a la mejor Comunidad Autónoma del año 2007 por ser «ejemplo vivo de la convivencia», y considerada ya, en diferentes instancias nacionales y comunitarias, como un laboratorio donde se ensayan políticas de integración multicultural y cuyos resultados son analizados minuciosamente para su posible aplicación en otros contextos fronterizos, ya que esta capacidad de circulación de personas a través de una frontera puente puede contribuir a resolver conflictos históricos de una manera pacífica y constructiva.

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(*)Agradecimientos de Ouasim Ananou

Quiero mostrar mi respeto, admiración y agradecimiento al profesor Francisco Jiménez Bautista del Instituto Universitario de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada (España), director de mi tesis doctoral y al profesor Mimoun Attaheri de la Facultad Multidisciplinaria de Nador (Marruecos), por sus respectivos aportes y ayuda en la elaboración de este artículo.
Cuadro 2. Composición de la población por origen étnico de Melilla en % entre 1910-2005 (Fuente: López, 2010)